Preparación física antes de una operación: el entrenamiento que reduce las complicaciones

Una revisión de 23 ensayos clínicos asoció las rutinas supervisadas y los cambios nutricionales previos con internaciones más breves y una recuperación más favorable

Un hombre de espaldas pedalea en una bicicleta fija mientras una profesional médica con mascarilla y tableta lo observa en un gimnasio.
La revisión de 23 ensayos controlados y más de 2.100 pacientes evaluó programas de preparación física antes de intervenciones (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Realizar ejercicio en las semanas previas a una cirugía reduce más de la mitad el riesgo de sufrir problemas después de la intervención. Esa es la conclusión central de una revisión científica publicada en 2026 en el Journal of the American College of Surgeons, liderada por investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). El trabajo analizó 23 ensayos clínicos controlados con más de 2.100 pacientes y constituye la revisión más completa realizada hasta la fecha sobre el efecto del acondicionamiento físico previo a distintos tipos de operaciones.

Al cierre de cada ensayo, los investigadores midieron tres variables: la cantidad de complicaciones en las primeras 12 semanas tras la operación, los días de hospitalización y la calidad de vida posterior.

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Un cuerpo en mejor estado tolera con mayor eficacia el esfuerzo que implica cualquier intervención quirúrgica, se repone más rápido y acorta su estadía en el hospital. A este proceso de preparación se lo conoce como prehabilitación, e integra rutinas de actividad física, ajustes en la alimentación y, en algunos casos, contención psicológica. Cuanto mejor es la condición del paciente al momento de entrar al quirófano, menor es el impacto que la operación genera en su organismo.

El entrenamiento supervisado reduce a más de la mitad el riesgo posoperatorio

Una infografía con el dibujo de un hombre en una bicicleta estática junto a dos médicos, acompañada por seis cuadros con íconos explicativos.
Una investigación de la Universidad de California en Los Ángeles concluye que la preparación física previa a una cirugía disminuye los problemas posoperatorios y mejora la recuperación (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las rutinas de acondicionamiento previo a la operación disminuyeron las chances de sufrir inconvenientes posoperatorios en un 55% frente a los pacientes que siguieron la atención médica habitual sin ninguna preparación adicional. Las actividades analizadas incluían trabajo de fuerza, entrenamiento por intervalos de alta intensidad o combinaciones de ambas modalidades, con duraciones que iban desde dos semanas hasta seis meses.

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El tipo de seguimiento también incide en los resultados. Las rutinas realizadas bajo supervisión directa de profesionales de salud —en hospitales o centros especializados— se asociaron con una baja de alrededor del 40% en los índices de problemas posquirúrgicos. Cuando esas instancias incluían alta intensidad, la cifra ascendió a cerca del 50%. En cambio, las actividades realizadas en casa y sin acompañamiento profesional mostraron mejoras más discretas, sin diferencias claras frente a no hacer ninguna preparación.

Los investigadores señalan que alcanzar niveles de esfuerzo elevados de forma segura y sostenida es difícil sin la guía de un especialista, lo que explicaría por qué la supervisión genera resultados tan distintos.

Sumar una mejor dieta antes de la cirugía acorta el tiempo de hospitalización

Un hombre de espaldas realiza un salto lateral sobre un circuito trazado en el suelo de un gimnasio con paredes de concreto.
El análisis comparó a personas que realizaron fuerza, intervalos intensos o ambas modalidades durante dos semanas a seis meses con quienes recibieron cuidados médicos sin preparación adicional antes del procedimiento quirúrgico (Imagen Ilustrativa Infobae)

El trabajo también examinó qué ocurre cuando la actividad física se combina con una mejora nutricional antes de la fecha de la operación. Las iniciativas que integraron ambas estrategias redujeron el tiempo de hospitalización en un 11% respecto al grupo sin ningún tipo de preparación. Los planes orientados exclusivamente a la alimentación mostraron, por su parte, una baja del 14% en la duración de la estadía.

Al combinar movimiento, dieta y apoyo psicosocial, el riesgo de inconvenientes posoperatorios cayó un 36% y los días de internación se redujeron en más de dos, según los datos relevados. Catherine Cascavita, primera autora de la investigación, sostuvo que cada modalidad aporta beneficios distintos y que la suma de las tres produce los mejores resultados clínicos globales.

Las instancias de entrenamiento también evidenciaron mejoras en la calidad de vida y en el funcionamiento cotidiano tras la intervención, aunque sin un impacto claro en la reducción del dolor o en el estado emocional posoperatorio.

Los planes de al menos cuatro semanas generan adaptaciones físicas más duraderas

Un cirujano con vestimenta verde se ajusta un guante blanco en sus manos frente a un paciente recostado en un quirófano
La combinación de movimiento, alimentación y apoyo psicosocial disminuye 36% los inconvenientes posteriores a la cirugía

La duración del proceso previo también condiciona los resultados. La revisión indica que las iniciativas de al menos cuatro semanas son las que producen cambios físicos más sólidos: mayor capacidad cardiovascular, más fuerza muscular y mejor función respiratoria. Esas mejoras son las que luego se traducen en una recuperación más ágil después de la operación.

Los pacientes con menor condición física de base —los más frágiles o con menor masa muscular al inicio del proceso— fueron quienes más se beneficiaron. Para ese grupo, la preparación previa marca una diferencia especialmente relevante, dado que afrontan la cirugía desde una condición de mayor vulnerabilidad ante el estrés quirúrgico.

A pesar de los resultados, los autores señalaron que persisten limitaciones. La mayoría de los ensayos analizados se realizaron en hospitales individuales, lo que genera interrogantes sobre si estos beneficios se replican en otros contextos o fuera de entornos muy controlados. El equipo de la UCLA insistió en la necesidad de ampliar la evidencia con estudios multicéntricos que pongan a prueba estas iniciativas en condiciones más cercanas a las de la práctica médica cotidiana.

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