La mayor oferta de leches en supermercados reaviva el debate sobre cuál conviene elegir

Estudios recientes revisan el papel de la grasa láctea y comparan el perfil nutricional de las bebidas de origen animal y vegetal para orientar una decisión informada

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Cartón de leche de vaca, botella de leche descremada, tetrapak de leche de soja, botella de leche de almendra, envase de leche de avena, vaso de leche de arroz. Coco, soja, almendras, avena, café con leche, arroz.
La oferta de leche de vaca y alternativas vegetales en los supermercados creció con los cambios en las recomendaciones nutricionales y las preferencias de los consumidores (Imagen Ilustrativa Infobae)

La creciente oferta de leches en los supermercados refleja cambios en las recomendaciones nutricionales y la popularidad de alternativas vegetales. Millones de consumidores buscan información confiable para elegir entre leche de vaca tradicional y opciones de avena, coco, frutos secos, semillas o arroz.

National Geographic cita estudios recientes que cuestionan la antigua idea de que la grasa saturada de los lácteos es dañina, lo que abre el debate sobre cuál es la mejor elección. La decisión actual implica considerar no solo el contenido graso, sino también el perfil nutricional, el impacto ambiental y las preferencias individuales.

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Diferencias entre las leches de vaca

La leche entera, la reducida en grasa (2 %), la baja en grasa (1 %) y la descremada se distinguen principalmente por su aporte calórico y graso. Los demás nutrientes —proteína, calcio, vitaminas D y B12, potasio, fósforo y magnesio— permanecen estables entre las distintas versiones.

Un refrigerador de supermercado con puertas de cristal y múltiples estantes llenos de cartones y botellas de leche de vaca y bebidas vegetales de almendra, soja y avena.
La comparación entre leche entera, leche 2%, leche 1% y leche descremada se centra en las calorías y la grasa, porque mantienen aportes similares de proteína, calcio y vitaminas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una taza de leche entera aporta 150 calorías, 8 gramos de grasa total y 5 gramos de grasa saturada. La reducida en grasa (2 %) contiene 122 calorías, 4 gramos de grasa total y 3 gramos de grasa saturada. La baja en grasa (1 %) ofrece 106 calorías, 2 gramos de grasa total y 1 gramo de grasa saturada, mientras que la descremada suma 84 calorías y no contiene grasa total ni saturada. Estas diferencias permiten adaptar la elección según los objetivos nutricionales o las recomendaciones médicas de cada persona.

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Qué dicen los estudios sobre la grasa láctea

Un estudio publicado en diciembre de 2025 en el Journal of Nutrition siguió durante 25 años el consumo de lácteos de adultos jóvenes. Los participantes que consumían más productos lácteos enteros presentaron un 24% menos de riesgo de calcificación de las arterias coronarias. Ethan Cannon, coautor del estudio e investigador de enfermedades cardiovasculares en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Minnesota, señala que este efecto podría deberse a nutrientes como el calcio, el potasio y la vitamina D, o a que estos alimentos reemplazaban otras opciones menos saludables.

Un vaso y cinco envases transparentes con seis tipos de leche distintos, acompañados de seis azulejos cuadrados sobre una superficie clara.
Un estudio asoció el consumo de lácteos enteros durante 25 años con un 24% menos riesgo de calcificación arterial coronaria (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un trabajo de 2022 en American Journal of Clinical Nutrition sugiere que las grasas saturadas de distintos alimentos tienen efectos dispares. La matriz alimentaria-proteica de la leche influye en su impacto, según el dietista-nutricionista Keith Ayoob. La grasa láctea se comporta de manera diferente a la grasa de la carne roja o aceites tropicales.

Cómo elegir según calorías y nutrientes

No solo el contenido de grasa saturada debe considerarse al elegir leche. American Heart Association recomienda limitar la ingesta de grasas saturadas a menos del 6% de las calorías diarias, es decir, un máximo de 120 calorías (13 gramos) en una dieta de 2.000 calorías.

La grasa saturada de los lácteos no actúa igual que otras grasas saturadas, ya que la matriz de la leche puede influir en su impacto sobre la salud cardiovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)
La grasa saturada de los lácteos no actúa igual que otras grasas saturadas, ya que la matriz de la leche puede influir en su impacto sobre la salud cardiovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)

La profesora Joan Salge Blake advierte que, si se elige leche entera, conviene reducir otros alimentos ricos en grasas saturadas como carnes rojas o frituras. Keith Ayoob aclara que la mayoría de las personas no necesita las calorías adicionales de la leche entera.

Ambos resaltan la importancia de asegurar la ingesta de calcio y vitamina D, adaptando la elección del tipo de leche al estilo de vida y las necesidades personales.

Qué aportan las leches vegetales

El auge de las alternativas vegetales responde a motivos de salud, sostenibilidad y bienestar animal. Estas bebidas varían mucho en composición y suelen requerir fortificación con calcio y vitamina D. El contenido de azúcares añadidos y aceites también puede diferir entre marcas.

  • Leche de soja: una taza sin azúcar contiene 70 calorías, 3,5 gramos de grasa total, 0 gramos de grasa saturada y 7 gramos de proteína. Aporta calcio, potasio, fósforo y magnesio. Diversos estudios la asocian a menor presión arterial, colesterol LDL y marcadores de inflamación.
La leche de soja aporta 7 gramos de proteína por taza y estudios la vinculan con menor presión arterial, colesterol LDL e inflamación
La leche de soja aporta 7 gramos de proteína por taza y estudios la vinculan con menor presión arterial, colesterol LDL e inflamación
  • Leche de avena: una taza sin azúcar suma unas 120 calorías, 5 gramos de grasa total, sin grasa saturada y menos proteína que la leche de vaca. Es fuente de beta-glucanos, fibra soluble beneficiosa para la salud cardiovascular. Un estudio de 2026 indica que reemplazar leche de vaca por avena cuatro semanas reduce el colesterol total y LDL.
(Imagen Ilustrativa Infobae)
La leche de avena contiene beta-glucanos y un estudio de 2026 asocia su consumo con una reducción del colesterol total y LDL (Imagen Ilustrativa Infobae)
  • Leche de almendra: sin azúcar, una taza aporta 40 calorías y 2,5 gramos de grasas insaturadas. Es fuente de calcio, potasio, vitamina E, niacina y B2, aunque tiene poca proteína.
Vaso de leche blanca junto a un bowl blanco lleno de almendras crudas sobre una mesa clara.
La leche de almendra aporta vitamina E y calcio, pero tiene un alto consumo de agua en la producción de almendras (Imagen Ilustrativa Infobae)
  • Leche de coco: se distingue entre la versión enlatada para cocinar y la leche para beber, que suele estar fortificada. Una taza sin azúcar suma 45 calorías, baja proteína y mayor proporción de grasas saturadas que otras alternativas.
Una mesa de madera con una jarra de leche, un coco entero, un trozo de coco, un cuenco de madera vacío y un paño de lino. Hay una ventana abierta con cortinas y un jardín.
La leche de coco para beber suele estar fortificada y presenta más grasas saturadas que otras alternativas vegetales (Imagen Ilustrativa Infobae)
  • Leche de arroz: una taza sin azúcar contiene 113 calorías, 2 gramos de grasa y baja proteína y fibra. Es apta para alérgicos a la soja, frutos secos o intolerantes a la lactosa. Muchas marcas la fortifican con vitaminas A, B12, D y calcio.
Leche vegetal
La leche de arroz es una opción para alérgicos a la soja y frutos secos o intolerantes a la lactosa, y muchas marcas la fortifican con vitaminas y calcio (Freepik)

Qué revisar antes de comprarlas

No todas las leches vegetales del mismo tipo tienen igual composición, pues los aceites añadidos pueden modificar textura y aporte graso. Muchos productos deben agitarse antes de consumir para evitar que los nutrientes se depositen en el fondo, lo que afectaría la cantidad real de vitaminas y minerales ingeridas.

El precio de las leches vegetales suele ser mayor al de la leche de vaca, por lo que resulta relevante revisar el etiquetado para verificar que estén fortificadas adecuadamente y no contengan azúcares añadidos.

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