
Caminar a paso rápido en la vejez se asocia con menores probabilidades de deterioro cognitivo, demencia y enfermedad de Alzheimer, según un estudio publicado en Neurology y recogido por Womens Health Magazine.
Varios estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) respaldan la relación positiva entre la actividad física regular y la reducción del riesgo de deterioro cognitivo en adultos mayores.
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Según sus directrices, las personas mayores que mantienen una rutina de ejercicio moderado o vigoroso presentan menores tasas de enfermedades neurodegenerativas, aunque se reconoce que no existe hasta ahora una velocidad específica de caminata recomendada para la prevención del Alzheimer.
Según la revista citada, los adultos de 80 años o más con un paso más veloz de lo esperado para su edad y sexo presentaron menos deterioro cognitivo y menos diagnósticos de demencia o Alzheimer.
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Los investigadores definieron a ese grupo como personas con una velocidad de marcha 1,5 o más desviaciones estándar por encima de la esperada para su edad y sexo. Sin embargo, no identificaron un valor único que marcara ese umbral.

Joe Verghese, codirector del estudio y profesor distinguido de SUNY y director de Neurología en la Renaissance School of Medicine de Stony Brook University, dijo que la velocidad al caminar es “un marcador simple pero poderoso de la salud del cerebro y del cuerpo”.
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Qué halló el estudio en las tres cohortes
El análisis reunió datos de tres grupos: The Health and Retirement Study network, con casi 4.000 adultos; The LonGenity Study, con 197 adultos mayores; y The Rush Memory and Aging Project, con 692 adultos mayores.

En The Health and Retirement Study network, los participantes fueron seguidos durante hasta 5,4 años. Allí, las personas con paso más rápido tuvieron cerca de la mitad del riesgo de deterioro cognitivo frente a quienes caminaban más lento y además recibieron menos diagnósticos de Alzheimer o demencia con el tiempo.
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En The LonGenity Study, ese grupo mostró mejor rendimiento en pruebas de memoria y pensamiento. También presentó un deterioro más lento en áreas cognitivas como la velocidad de procesamiento y la función ejecutiva.
En The Rush Memory and Aging Project, los participantes vivieron más en promedio y llegaron a su última consulta médica con mejor desempeño cognitivo que sus pares de marcha más lenta. También registraron una menor tasa de demencia, según detalló Womens Health Magazine.
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La posible resiliencia cerebral detrás del hallazgo
El dato más llamativo apareció en el análisis posterior a la muerte dentro del Rush Memory and Aging Project. Al estudiar sus cerebros, los investigadores vieron que las personas con paso más rápido no necesariamente tenían menos marcadores de Alzheimer que las que caminaban más despacio.
Ese resultado sugiere que algunas personas logran conservar su funcionamiento cerebral habitual pese a cambios patológicos vinculados con la demencia. “Esto sugiere que pueden tener mecanismos de resiliencia que ayudan a preservar la función cerebral pese a la patología relacionada con la demencia”, dijo Verghese.
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El especialista añadió que comprender esos factores de resiliencia podría orientar nuevas estrategias para promover un envejecimiento cerebral saludable.
Qué dicen los expertos y qué precauciones tomar
El estudio no demostró que caminar más rápido reduzca el riesgo de deterioro cognitivo. Lo que mostró fue una asociación entre una marcha más veloz y una menor probabilidad de diagnóstico.
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Randy D’Amico, neurocirujano del Lenox Hill Hospital, explicó al medio que la velocidad al caminar no mide solo la fuerza de las piernas. “Es un marcador del rendimiento de todo el cerebro y de todo el cuerpo”, afirmó.
D’Amico sostuvo que, para caminar rápido y con seguridad a los 80 años, el cerebro debe integrar planificación motora, equilibrio, atención, retroalimentación sensorial, reserva cardiovascular y función muscular. Añadió que quienes logran moverse a ese ritmo podrían tener sistemas nervioso y vascular que envejecen con más resiliencia.
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Nikhil Satchidanand, profesor adjunto de fisiología del ejercicio en la University at Buffalo, Jacobs School of Medicine and Biomedical Sciences, señaló que el ejercicio aeróbico regular puede mejorar la salud cardiovascular y la función cerebrovascular. También puede reducir factores de riesgo vascular y ayudar a regular la inflamación en el cuerpo.

Satchidanand añadió que ese tipo de actividad podría influir en la inflamación cerebral, aumentar factores de crecimiento que vuelven al cerebro más adaptable y mejorar la salud metabólica.
La Clínica Mayo enfatiza que la actividad física constante, incluida la caminata rápida, contribuye a la salud cerebral al promover la neurogénesis y reducir procesos inflamatorios que pueden dañar las células nerviosas.
Además, investigaciones publicadas en The Lancet Neurology subrayan que el ejercicio regular ayuda a mantener la conectividad cerebral y puede retrasar la aparición de síntomas clínicos de demencia en personas predispuestas.

Clifford Segil, neurólogo del Providence Saint John’s Health Center de Santa Mónica, planteó otra posible explicación. Dijo que moverse a mayor velocidad podría aumentar el flujo sanguíneo cerebral o exponer a la persona a más información visual que estimule el cerebro durante más tiempo.
Verghese indicó que los resultados refuerzan la utilidad del movimiento constante para el cerebro. También señaló que, si es seguro, aumentar de forma gradual el ritmo de la caminata puede aportar beneficios adicionales.
El estudio no fija una velocidad concreta como meta. La prioridad es mantenerse físicamente activo y conservar la movilidad, con una actividad segura, agradable y que pueda practicarse de forma regular. Si la caminata no es una opción, ejercicios aeróbicos como nadar o montar en bicicleta también pueden favorecer la salud cerebral.
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