Mantener el equilibrio fiscal, pero recuperar la meta de crecimiento

Entender hacia dónde va el mundo es la diferencia entre el éxito y el fracaso. Expertos como Gita Gopinath advierten sobre una dinámica que erosiona la competitividad y pone en duda el discurso oficial sobre la mejora de la productividad local

El plan de ajuste de 1967 de Adalbert Krieger Vasena fue importante, al que el actual se parece mucho, porque combinó ordenar y estabilizar la economía con un plan y política bien diseñados de crecimiento e inversión (Foto: Reuters)
El plan de ajuste de 1967 de Adalbert Krieger Vasena fue importante, al que el actual se parece mucho, porque combinó ordenar y estabilizar la economía con un plan y política bien diseñados de crecimiento e inversión (Foto: Reuters)
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Cuando ocurrió la primera Revolución Industrial, el mundo necesitaba alimentos; la generación del 80 lo entendió, la Argentina creció, exportó alimentos y en pocos años se convirtió en uno de los países más prósperos y ricos del mundo. Respetó las reglas de juego, y mantuvo la institucionalidad.

Pero con la crisis de 1930 los conservadores no entendieron lo que pasaba, bajaron la Argentina de la rueda del progreso, y empezó la decadencia; pues empezamos a generar menos riqueza, a vivir por encima de nuestras posibilidades y a vulnerar las instituciones.

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Gastar más en forma creciente, sin respeto por la ley, el equilibrio fiscal, la economía, productividad, austeridad y conducta proba de los gobernantes nos llevó a endeudarnos en forma creciente, con fuertes restricciones en el sector externo.

El primer antecedente serio de política de estabilización fue el Plan de Emergencia Económica de 1952, que entendió que el problema argentino no era solo fiscal y monetario, como se cree ahora, sino también productivo y del sector externo. Y sin éxito duradero se planteó bajar la inflación, reducir el consumo —que se había desequilibrado con la capacidad de producción—, detener la caída de las exportaciones y aumentar el ahorro.

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El primer antecedente serio de política de estabilización fue el Plan de Emergencia Económica de 1952

Problemas que el presidente Arturo Frondizi tampoco pudo resolver, porque se planteó desarrollar la capacidad productiva primero, y estabilizar la economía después; etapa a la que nunca llegó. Pero que tiene el mérito conceptual de establecer que “el ajuste no es el objetivo final, sino la condición previa para el crecimiento”; que es nuestra tesis central.

Pues el costo social y los conflictos políticos del ajuste son insostenibles sin crecimiento y desarrollo, como lo demostró ya varias veces la realidad en nuestra historia: desde Álvaro Alsogaray hasta la Convertibilidad de Domingo Cavallo.

El costo social y los conflictos políticos del ajuste son insostenibles sin crecimiento y desarrollo (Foto: Reuters)
El costo social y los conflictos políticos del ajuste son insostenibles sin crecimiento y desarrollo (Foto: Reuters)

El plan de ajuste de 1967 de Adalbert Krieger Vasena fue importante, al que el actual se parece mucho, porque combinó ordenar y estabilizar la economía con un plan y política bien diseñados de crecimiento e inversión, que consistió no solo en achicar el Estado, y fue exitoso durante varios años.

Pero no contaba con la ventaja de exportaciones crecientes aseguradas por Vaca Muerta y el RIGI, como ahora; y no pudo resolver en consecuencia el fuerte problema estructural de la restricción externa. Y el crecimiento terminó chocando recurrentemente con la falta de dólares, y no pudo seguir funcionando; perdió fuerza y fracasó como los siguientes. Porque a diferencia del actual, carecía de un plan de exportaciones crecientes que los resolviera.

En otra demostración de que cuando la economía no produce los dólares que necesita y no puede resolver el problema de restricción externa, el objeto de un plan de ajuste es establecer una base sólida para un plan de desarrollo que los haga. Lo que nos permite asegurar que desde 1880, esta es la primera vez que se cumple esa condición, y el mundo nos ofrece otra oportunidad.

El objeto de un plan de ajuste es establecer una base sólida para un plan de desarrollo que los haga

Contexto que cambia todo, y nos vuelve a dar la oportunidad que tuvo la generación del 80, y hace diferente lo que pasa ahora, de todo lo que sucedió desde 1930. Por lo que es un error extrapolar y proyectar variables y conductas futuras utilizando el pasado como referencia, porque el país ahora tiene un plan de inversión y desarrollo en plena ejecución en Vaca Muerta, con inversiones de USD 300.000 millones en curso.

YPF, ENI y XRG están a punto de tomar la decisión final de inversión del proyecto Argentina LNG con inversiones de USD 31.000 millones hasta 2031, y USD 50.000 millones en su vida útil. Que se suman a las inversiones en infraestructura para duplicar la producción de petróleo y gas para exportarlos ya en curso, que la evacuará por oleoductos, gasoductos y poliductos, Plantas de Separación y Tratamiento, 4 barcos factoría de producción y almacenamiento de LNG, puertos y boyas de carga.

Las inversiones en infraestructura en gas y petróleo garantizan un superávit de la balanza comercial creciente, a partir de USD 25.000 millones de este año (Foto: Reuters)
Las inversiones en infraestructura en gas y petróleo garantizan un superávit de la balanza comercial creciente, a partir de USD 25.000 millones de este año (Foto: Reuters)

Garantizan un superávit de la balanza comercial creciente, a partir de USD 25.000 millones de este año, que se incrementó por los mayores precios de la energía y la mayor producción agropecuaria. Y garantizan en los años siguientes un superávit creciente de dólares, que empiezan por USD 28.000 millones en 2027 y entre USD 32.000 y USD 34.000 millones en 2028, cuando empiecen a exportar 4 millones de toneladas por año (4 MTPA) los 2 primeros barcos de LNG de Southern Energy; equivalentes a 20 millones de m3/día.

Y se elevarán a 43.000/45.000 millones de dólares a partir de 2031/2032, cuando YPF-ENI y XRG de Emiratos pongan en operación 2 barcos de 6 MTPA cada uno; equivalentes a 60 millones de m3/día de gas; ampliables.

Un programa de ingreso de divisas prácticamente irreversible, que da certeza que el país contará con los dólares suficientes para evitar cualquier crisis externa; aún si los argentinos siguen dolarizándose y comprando USD 40.000 millones por año de resguardo, que advierte Ricardo Arriazu como el mayor riesgo. En los últimos meses bajaron a ritmo anual de USD 33.000 millones, y permite anticipar que 2027 será el último año que podrá introducir la “incertidumbre” electoral, por el posible cambio de gobierno, porque a partir de 2028, el sector externo será lo suficientemente solvente para terminar con ese problema; como ocurrió en España después de que explotaron sus exportaciones. Y seguramente a partir de entonces, cambiarán los desafíos.

A partir de 2028, el sector externo será lo suficientemente solvente para terminar con ese problema; como ocurrió en España después de que explotaron sus exportaciones

La motosierra fue necesaria para la poda gruesa del gasto

Llegamos a 2023 después de casi 100 años de gasto descontrolado, políticas cambiantes e indisciplina fiscal, sin rumbo claro, con corrupción y populismo crecientes, riesgo país superior a 1.500 puntos, inflación de 3 dígitos, cepos cambiarios —porque los dólares no alcanzaban—, y fuera del mercado internacional. Tras un largo período de corrupción en la obra pública, las importaciones y prácticamente todas las actividades del Estado; cuyos juicios se sustancian por estos días.

Y hacen muy meritorios los logros y avances del gobierno en el control del gasto y la inflación, y el haber ordenado y afianzado el equilibrio fiscal, con la convicción de estabilidad, y restablecer el valor de la moneda. Y si bien no eliminó de cuajo la corrupción, la redujo considerablemente.

Lo que hace necesario que explique por qué después de 3 años de equilibrio fiscal financiero y baja del índice de riesgo país, el Presidente no cumplió con que cayera también la tasa de interés doméstica. Que según él y los encumbrados economistas que citó en su artículo, desde Adam Smith, Robert Lucas Jr., Harrod, Domar, Solow, Swan, Uzawa, Hahn, Phelps, Cass y Koopmans, hasta Mankiw, D. Romer y Weil, coincidían con él en que debían estimular nuevas inversiones. Porque “el stock de capital per cápita aumenta, la productividad del trabajo sube, hay mayores salarios, y cae la pobreza y la indigencia”.

El Presidente no reconoce, no explica ni corrige. Y cuando ensayó explicaciones con su ministro en Nueva York, durante su último viaje a la Asamblea de la ONU, el mercado lo recibió diciendo “Pintó un escenario falso y eso cayó mal; no fue intelectualmente honesto. No convenció” (Foto: Reuters)
El Presidente no reconoce, no explica ni corrige. Y cuando ensayó explicaciones con su ministro en Nueva York, durante su último viaje a la Asamblea de la ONU, el mercado lo recibió diciendo “Pintó un escenario falso y eso cayó mal; no fue intelectualmente honesto. No convenció” (Foto: Reuters)

Cosas que no sucedieron, sino lo inverso; pero el Presidente no reconoce, no explica ni corrige. Y cuando ensayó explicaciones con su ministro en Nueva York, durante su último viaje a la Asamblea de la ONU, el mercado lo recibió diciendo “Pintó un escenario falso y eso cayó mal; no fue intelectualmente honesto. No convenció”.”.

Y sorprende que no tenga en cuenta que el superávit fiscal es la diferencia entre 2 variables igualmente importantes: los ingresos fiscales, que no deben subvaluarse y dependen de la actividad económica; y los gastos. Que tampoco deben sobrevalorarse, no son los únicos integrantes ni la única ecuación.

Ciencia social y opinable

Y hace oportuno recordar la naturaleza de la economía como ciencia. La economía no es una ciencia exacta sino social, y opinable

La economía no es una ciencia exacta de validez universal como la ley de la gravedad, la mecánica cuántica o la teoría de la relatividad de Einstein, que se cumplen inexorablemente, con independencia de lo que uno piense, y si está de acuerdo o no. Y tampoco es un dogma, o verdad que se acepte sin demostración, sino que es una ciencia social, opinable y de aproximación.

El paso que ahora el Gobierno debe dar es ajustar el rumbo, y hacer que las cosas que prometió el Presidente y faltan, se cumplan

Como tal, se fija metas, como ordenar la macro, controlar el déficit fiscal y la inflación, como prerrequisito para ir en busca del objetivo de crecer, desarrollarse y mejorar la calidad de vida de la población, y va adecuando sus herramientas de política económica y ajustando el rumbo hasta alcanzar el objetivo, en función de los resultados que va obteniendo.

El paso que ahora el Gobierno debe dar es ajustar el rumbo, y hacer que las cosas que prometió el Presidente y faltan, se cumplan. Que son las necesidades que la sociedad reclama de acuerdo a los resultados que le prometieron, a cambio del esfuerzo realizado. Por lo que ignorar sus resultados y la realidad, es fatal.

Lo que falta es que la economía crezca, y mejore la calidad de vida de la gente; es decir, que el Gobierno mantenga los fundamentos y el rumbo firmes, pero adecúe las herramientas para lograr el objetivo.

Imagen dividida: izquierda, mercado vibrante con compradores; derecha, centro comercial con tiendas vacías y poca gente. Ambos lados muestran analistas de datos frente a pantallas.
Lo que falta es que la economía crezca, y mejore la calidad de vida de la gente (Imagen Ilustrativa Infobae)

En su informe sobre el estado de nuestra economía, Citibank coincide con la visión de Ricardo Arriazu, el economista que mejor entiende el rol central de Vaca Muerta para resolver el problema del sector externo —central de la economía y causa de 7 de las últimas 9 crisis en 75 años—, y dice que es poco probable que la política del equilibrio fiscal cambie si cambia el gobierno, porque ya generó consenso que debe mantenerse, en la sociedad y la oposición.

La base del programa económico es el equilibrio fiscal, el control de la inflación, la desregulación de la economía y achicar el Estado, al que le asigna el rol de árbitro: fija las reglas, controla su funcionamiento, garantiza el orden, el valor de la moneda, controla la corrupción, y el sano funcionamiento de las reglas de mercado, cuando hay múltiples oferentes y demandantes.

Y en mercados monopólicos como el gas, la electricidad y el agua; o fuertemente oligopólicos como los combustibles y la medicina prepaga, debe establecer regulaciones que protejan a los consumidores; roles que en esta etapa, ha cumplido.

Para crecer y desarrollarnos

Y por tanto, es tiempo de pasar a la siguiente etapa de crecer y desarrollarse; lo que requiere flexibilizar algunas variables, y cambiar otras; pero siempre manteniendo el objetivo, y “con las botas puestas”.

Todo gobierno debe esforzarse por satisfacer las necesidades de la gente. Según las encuestas, el 55% no quiere volver al pasado, pero tampoco mantener las condiciones presentes, porque percibe que el gobierno niega la realidad, pese a que hay signos claros del último año de que el dinero no alcanza, las ventas siguen cayendo, la obra pública está paralizada y la pobreza aumentó; y más allá de lo que diga el gobierno, percibe que perdió calidad de vida, que el empleo se destruye, la actividad económica se redujo y el gobierno no siempre cumple con la ley.

Según las encuestas, el 55% no quiere volver al pasado, pero tampoco mantener las condiciones presentes

Percepción muy importante porque el psicólogo cultural irlandés Séamus Power, también doctor en Desarrollo Humano Comparado de la Universidad de Chicago, profesor de la Universidad de Copenhague e investigador en la London School of Economics, dice que “la realidad, es que vivimos en mundos psicológicos, no en mundos económicos”. Y plantea que la desigualdad no se explica con cifras, sino “por cómo se la percibe”; y propone medir la economía por lo que las personas pueden ser y hacer, y no por lo que producen. Desde una visión muy diferente.

Por tanto, si el gobierno aspira a sucederse a sí mismo, debe adecuar su política económica para crecer y mejorar la calidad de vida, manteniendo el equilibrio fiscal y el superávit primario y financiero. Y lo mismo ocurre con la inflación, su consecuencia; porque el gran paso para corregirla ya fue dado.

Manos de dos personas contando billetes de dólares y pesos argentinos sobre un escritorio con calculadora y planillas de papel.
Debe adecuar la política cambiaria, ya que si bien se comparte que no es necesario devaluar, sí es necesario acompañar el tipo de cambio al ritmo de la inflación; pero no por debajo (Imagen Ilustrativa Infobae)

También debe adecuar la política cambiaria, ya que, si bien se comparte que no es necesario devaluar, sí es necesario acompañar el tipo de cambio al ritmo de la inflación; pero no por debajo. Como está haciendo, porque es el propio gobierno el que sube “el costo argentino en dólares”; mientras reclama a los actores económicos que mejoren la competitividad; lo que es incoherente.

El último año, entre julio de 2025 y´26, la inflación anual fue del 33,8% y el aumento de precios mayoristas del 31,1%; y el tipo de cambio solo se ajustó 10,1%. Lo que aumentó el costo argentino en dólares el 21,5%; lo que carece de lógica y sentido; como también destaca Gita Gopinath, ex No 2 del FMI, que conoce Argentina en profundidad

Si el Gobierno impulsa la caída del tipo de cambio real resta competitividad a la economía, desalienta exportaciones e impulsa importaciones, y va en dirección contraria al objetivo.

Si el Gobierno impulsa la caída del tipo de cambio real resta competitividad a la economía, desalienta exportaciones e impulsa importaciones

Y lo mismo ocurre con la política monetaria, que al revés de lo que escribió el presidente, el Gobierno impulsa el alza de la tasa de interés y la desaparición del crédito necesario para impulsar la inversión y el consumo, porque por temor a que los pesos se vayan al dólar, absorbe toda la liquidez, seca la plaza y deja sin fondos al sector privado, que tanto dice defender.

Mientras el Gobierno dice “no hay plata” para lo que no le interesa; como cumplir con la Ley de discapacidad y educación; atender la salud, los jubilados, etc., y pone topes a las paritarias para mantener la política salarial deprimida, fija topes a la negociación salarial, que tampoco es libre y también es “administrada”, con la “ilusión de orientar las expectativas inflacionarias a la baja”, que no ha funcionado y la realidad no valida.

Y con la Obra pública pasa otro tanto, pese a que dispone de un Fondo Fiduciario específico, más los impuestos que provienen de los combustibles; que podría usar con inteligencia mientras cumple con la Ley, para solucionar temporalmente el problema de desempleo del conurbano, como sugiere Arriazu.

La prosperidad parece estar al alcance de la mano, y estamos a punto de que la Argentina vuelva a ser una fiesta, y volver a realizarnos. Pues las creencias e ideas de la sociedad van cambiando, y parece que ya entendimos que limpiar nuestro prontuario demanda esfuerzo, pero valdrá la pena hacer ajustes en la política económica para recuperar la senda del crecimiento.

El autor es director del Comité del Comité de Asuntos Energéticos del CARI