
“El mantenimiento del esquema de bandas conlleva el fuerte riesgo de una suba del tipo de cambio de 25% sin que el BCRA pueda, a priori, intervenir para frenar la corrida”, advirtió Lorena Giorgio, economista jefe y miembro fundadora de Equilibra, Centro de Análisis Económico que encabezan los economistas Martín Rapetti, Diego Bossio y Lorenzo Sigaut Gravina.
La advertencia llega en un momento de fragilidad para la actividad económica argentina. El PBI se contrajo 0,6% en el segundo trimestre y las expectativas de mercado estimaron una caída de 1% en el tercero, fuertemente determinada por el retroceso de 2,9% que registró el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del Indec.
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Pese a ese panorama, los analistas esperan una modesta reactivación en los meses siguientes, con un cierre de año de entre 1,5% y 2,5% de crecimiento y arrastre expansivo hacia el año electoral 2027, aunque con marcada heterogeneidad sectorial.
El contexto internacional tampoco ayuda. La prolongación de la crisis en el estrecho de Ormuz, por el conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel con Irán, retrajo el ritmo de crecimiento global por el efecto alcista sobre los precios de las materias primas y la reacción defensiva de los bancos centrales, que subieron las tasas de interés a niveles no vistos desde fines de los años noventa.
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En ese escenario, Infobae entrevistó a Lorena Giorgio para analizar la coyuntura económica argentina y sus expectativas de corto y mediano plazo.
— El tercer trimestre comenzó con la inercia contractiva de la actividad económica del segundo y luego se movió con altibajos. ¿Es un fenómeno transitorio o permanente?
— El escenario más probable sigue siendo el de una economía con altibajos, impulsada por unos pocos sectores como la minería, la energía y la agroindustria, pero con el resto de las actividades deprimidas. Esta dinámica también se refleja en el empleo y en el poder de compra de los ingresos.
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“Algunos indicadores anticipados dan cuenta de que habrían empezado a recuperar algo de lo perdido en agosto”
Abril, mayo, junio y julio fueron meses muy malos para la industria, la construcción y el comercio interno, con caídas mensuales en torno a 1,5% en promedio, aunque algunos indicadores anticipados dan cuenta de que habrían empezado a recuperar algo de lo perdido en agosto.
También prevemos una mínima recuperación de los ingresos reales y del crédito, que también ayudarían a mostrar números positivos, pero lejos de ser un cambio de tendencia.

En concreto, según nuestro Anticipo de Actividad Económica, los datos de agosto que se publican el 21 de octubre mostrarían algo de crecimiento, en torno al 1,5% mensual, que probablemente se repetiría en septiembre, pero el cuarto trimestre sería de estancamiento y la economía crecería menos de 1,5% en todo el año, muy por debajo del 3,2% que esperaba el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) en enero.
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En tanto el empleo y los ingresos no peguen la vuelta definitivamente, es difícil pensar en un rebote generalizado de la economía.
— ¿Cuánto de ese movimiento se explica por la ausencia de políticas activas del Gobierno y cuánto por la incertidumbre que genera la extensión del conflicto bélico en Medio Oriente y la suba de tasas de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos?
— Es una combinación de factores locales y externos. Si bien la suba de tasas de interés y la mayor aversión al riesgo internacional generaron dudas en el frente financiero, estas dudas se exacerbaron por la caída de la confianza en el Gobierno y la incertidumbre acerca de la reelección del oficialismo.
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“Al Gobierno se le cerró el acceso al mercado en moneda extranjera y le resultará difícil emitir los USD 5.000 millones que proyectaba conseguir del mercado local”
El Gobierno optó por no salir a emitir deuda en los mercados internacionales cuando el índice de riesgo país estaba en 450 puntos básicos, con la aspiración de obtener una tasa por debajo del 9% anual, y esos fondos extra podrían haber servido para disipar dudas sobre el programa financiero 2027, empezar a despejar el horizonte financiero 2028 y amortiguar la caída en los precios de los activos del último mes y medio.
Al Gobierno se le cerró el acceso al mercado en moneda extranjera y le resultará difícil emitir los USD 5.000 millones que proyectaba conseguir del mercado local sin un shock de confianza acerca del rumbo que tomará la economía post octubre 2027.
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— El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, dijo que, de ser necesario, volvería a apoyar financieramente a la Argentina. ¿Es solo una señal de respaldo al Gobierno o también refleja debilidad en las finanzas del país?
— Las dos cosas. El año pasado, cuando estimábamos cuántos dólares necesitaría la economía en 2026 para cumplir con sus compromisos en moneda extranjera y además crecer, las cuentas no nos cerraban.
Efectivamente, los dólares que nos faltaban en nuestras cuentas se generaron en buena medida por una economía que no creció 3,2% como esperaba el mercado, sino que va a crecer por debajo del 2% y, por ende, demandó menos divisas para importaciones.
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“Los dólares que nos faltaban en nuestras cuentas se generaron en buena medida por una economía que no creció 3,2% como esperaba el mercado, sino que va a crecer por debajo del 2 por ciento”
También ayudaron la suba de los precios de las exportaciones y la buena cosecha, lo que le permitió al BCRA comprar reservas en el mercado sin presionar el tipo de cambio. Pero de cara a 2027 la realidad es diferente. Muy difícilmente la cosecha pueda ser mejor a la de este año, y no podemos descontar un shock externo positivo.
Y, principalmente, tampoco podemos suponer a priori una economía deprimida, porque no es una economía que ayude a ganar las elecciones. Por eso, es sumamente importante la señal de Bessent para dar seguridad al mercado de que los dólares van a estar, sin generar un desplome de las reservas brutas.
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— El presidente Javier Milei y el ministro de Economía destacaron en foros locales e internacionales que cuentan con una masa potencial de recursos por USD 70.000 millones para enfrentar eventuales turbulencias en 2027, como las que ocurrieron en la previa de las elecciones de 2025. ¿Qué piensa de ese “poder de fuego”?
— Claramente, es importante contar con ese poder de fuego para enfrentar potenciales turbulencias cambiarias y financieras. Pero es aún más importante no tener que usarlo porque, a medida que empieza a usarse, no solo pierde magnitud sino potencia.
El poder de fuego de USD 70.000 millones incluye no solo las reservas líquidas, sino también los swaps con China y Estados Unidos y la capacidad de intervenir en el mercado de futuros de dólar.

En este punto surgen tres cuestiones:
- Qué tan eficaz sería la intervención en futuros de dólar en un eventual contexto de crisis cambiaria;
- Cómo reaccionaría el mercado ante una seguidilla de caídas en el stock de reservas del BCRA por ventas constantes de dólares del Tesoro; y,
- Cómo evolucionaría la tasa de interés y, en consecuencia, la actividad, el empleo, los ingresos y la opinión pública, durante el trayecto de suba del 25% del tipo de cambio hasta el techo de la banda, que es el punto en el cual el Central podría intervenir libremente según el esquema de bandas que se autoimpuso.
Toda intervención del Central a un tipo de cambio por debajo de ese techo estará asociada a una “situación crítica” y sin dudas no sería bien vista por el mercado.
— El sector externo muestra mes a mes superávit comercial y de cuenta corriente de la balanza de pagos. Sin embargo, muchos economistas alertan porque observan un atraso del tipo de cambio como ancla de la inflación y no como reflejo de la mejora de las finanzas públicas. ¿Qué piensa?
— Como dije antes, buena parte del superávit comercial de este año se alcanzó por mejores precios internacionales, una muy buena cosecha y menores importaciones por menor crecimiento, y no por una mayor competitividad cambiaria. Un tipo de cambio que se sostiene con una batería de restricciones no puede ser un tipo de cambio de equilibrio.
“Un tipo de cambio que se sostiene con una batería de restricciones no puede ser un tipo de cambio de equilibrio”
No sé cuál hubiera sido la magnitud del superávit sin la ayuda del contexto externo y con una economía pujante, creciendo al 3,2% como se preveía a principios de año. Es indispensable que se mantenga el superávit comercial y de cuenta corriente porque de ahí saldrán los dólares que el Tesoro le comprará al Central el año que viene para cubrir buena parte de sus obligaciones en moneda dura.
— El resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil provocó una fuerte apreciación del real. ¿Cree que, de consolidarse ese movimiento, contribuirá a descomprimir las presiones sobre el mercado cambiario argentino?
— Siempre es positivo que mejore el tipo de cambio real bilateral con uno de nuestros principales socios comerciales. Pero creo que las presiones cambiarias vienen más desde el frente local, con mayor incertidumbre acerca de la reelección del oficialismo y la continuidad del modelo económico mileísta, junto con un tipo de cambio que es percibido como “barato” por el mercado.
— ¿Qué opina de la continuidad de las bandas cambiarias que fija diariamente el Banco Central, con una brecha negativa entre el valor de mercado comercial y el extremo superior, y un piso que baja a niveles testimoniales?
— El mantenimiento del esquema de bandas conlleva el fuerte riesgo de una suba del tipo de cambio de 25% sin que el BCRA pueda, a priori, intervenir para frenar la corrida. Y frente a ese potencial recorrido, no hay tasa en pesos que alcance para incentivar el carry trade si no es acompañada de algún tipo de cobertura cambiaria.

Para una empresa que no accede al dólar oficial y solo puede atesorar dólar MEP, no es suficiente con tener cobertura cambiaria si no puede, además, asegurar una brecha cambiaria que no se dispare. Pero, por otro lado, creo que salir del esquema en este momento sería contraproducente para las expectativas.
— ¿El orden macroeconómico es suficiente para ordenar la micro, donde se observan sectores que crecen y ganan protagonismo en actividad, exportaciones y atracción de inversiones, y otros que se contraen porque no pueden competir con el resto del mundo?
— Durante los últimos meses quedó a la vista que no alcanza solo con el orden macroeconómico para ordenar la micro, sino que se requiere de políticas económicas específicas que contribuyan a mejorar la productividad de los sectores que más empleo generan, como la industria y el comercio. Una buena reforma tributaria, por ejemplo, o más inversión en infraestructura que reduzca los costos de logística.
— ¿La pérdida de ritmo en la desaceleración del aumento de precios se explica por efectos de la coyuntura internacional, o también observa factores domésticos?
— Mucho tuvo que ver el contexto externo en el menor ritmo de desaceleración de la inflación. El impacto se vio principalmente en naftas y alimentos.
Nuestros relevamientos de septiembre arrojaron una inflación por encima de 2%, que podría bajar hasta 1,8% en el cuarto trimestre, principalmente por factores estacionales. No creemos que pueda perforar ese piso porque, si el precio del petróleo se mantiene en sus niveles actuales, deberían subir más las naftas, además de la suba de tarifas que prevemos.
“El precio de los alimentos podría amortiguar las presiones, dado que los precios internacionales bajaron levemente en las últimas semanas”
El precio de los alimentos podría amortiguar las presiones, dado que los precios internacionales bajaron levemente en las últimas semanas, pero dependerá de la evolución del tipo de cambio.
— ¿Qué le parecieron los supuestos macroeconómicos del Presupuesto nacional para 2027, tanto en lo que respecta al cierre de 2026 como a los factores inerciales para el año próximo?
— La principal discrepancia entre nuestros números y los del Proyecto de Presupuesto 2027 para el cierre de este año es el supuesto de crecimiento del PBI. El Presupuesto supone 3%, lo que implicaría que la economía crezca 5% entre agosto y diciembre respecto a igual período del año pasado. En Equilibra, por el contrario, prevemos un crecimiento de 1% en lo que resta del año y una economía creciendo al 1,3% en todo el año.
Respecto a los supuestos del Proyecto de Presupuesto 2027, que incluyen un superávit fiscal primario de 1,3% del PBI sobre supuestos de crecimiento del 4,0%, inflación del 18% y un dólar oficial que subiría 15,5%, creemos que son más realistas que los del Presupuesto 2026, que incluían crecimiento de 5% del PBI e inflación del 10%, y no se alejan tanto de las previsiones del mercado.
Sin embargo, lucen optimistas y notamos una sobreestimación del crecimiento. y una subestimación. de la suba de las variables nominales —inflación y dólar—. En Equilibra proyectamos un crecimiento que no superaría el 2% y una inflación del 23 por ciento.
Por el menor crecimiento, la nula creación de empleo formal y la pérdida de ingresos fiscales, anticipamos una leve caída de los ingresos totales en 2027 que obligará a seguir conteniendo el gasto, tomar deuda flotante o apelar a artilugios contables.
— ¿El crecimiento de largo plazo de la Argentina está condicionado a la reelección de Javier Milei?
— No creo que esté condicionado a la reelección de Milei, sino a un gobierno que sea pro-mercado, pero que no pierda de vista a la economía real. Si la estabilidad macro no tiene un derrame sobre la micro —que implicaría una mejora sobre el empleo y los ingresos reales—, no podemos pensar en un sendero de crecimiento de largo plazo a pesar de un programa de estabilización exitoso en cuanto a la baja de la inflación.

— En su diagnóstico, ¿Argentina está más cerca de consolidar la estabilidad o de repetir el ciclo de arranque y colapso?
— A riesgo de sonar repetitiva, creo que dependerá de las elecciones del año próximo y del rumbo que siga el programa económico a partir de octubre 2027. Si el próximo presidente es bien visto por el mercado, se desplomaría inmediatamente el riesgo país, y el gobierno podría volver rápidamente a los mercados internacionales de crédito y calmar las presiones cambiarias y financieras.
Argentina se enfrentaría a una gran oportunidad de ingresar en un ciclo de virtuosismo extendido, lo cual dependerá en gran medida de las reformas estructurales que se lleven adelante para asegurar mejoras de productividad hacia adentro de todos los sectores económicos y conservar competitividad.
— ¿Hay algún indicador que hoy la preocupe más que al resto de sus colegas?
— No sé si me preocupa más que al resto de mis colegas, pero sigo con mucho detenimiento los números de mora de las familias. No solo por su magnitud, sino porque la mayor parte del endeudamiento se destinó a pagar gasto corriente, como alimentos o servicios, o para saldar deudas previas.
El grueso no es endeudamiento que se haya usado como apalancamiento para emprendedores, para financiar proyectos, comprar bienes de uso o realizar reformas en el hogar. No es deuda que vaya a tener un derrame sobre el sistema productivo, sino un mecanismo para compensar la pérdida de ingresos.
Fotos: Adrián Escandar
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