
Tras el cierre de las celebraciones de fin de año, la denominada crisis de enero afecta el ánimo y la energía de millones de personas. Especialistas consultados por Real Simple señalan que experimentar fatiga, desmotivación y cierto malestar emocional tras las fiestas constituye una reacción esperada.
Frente a la presión por iniciar el año con alto rendimiento, los expertos sugieren priorizar el bienestar mental y ajustar el ritmo a las necesidades reales de cada persona.
Manifestaciones y causas del bajón de enero
Según explicó a Real Simple la terapeuta matrimonial y familiar Arielle Pinkston, este periodo suele caracterizarse por una reducción notable de la motivación, sensación de pesadez física y mental, irritabilidad e incluso confusión.
El abrupto cambio posterior a la temporada navideña provoca una disminución tanto de la energía social como de la estructura diaria y prepara el terreno para el conocido bajón de enero.
Pinkston señala que esta crisis surge de la combinación entre el agotamiento tras las vacaciones, los condicionantes biológicos del invierno y la presión por establecer nuevos propósitos. En ocasiones, el bajón coincide con trastornos como el Trastorno Afectivo Estacional, aunque en la mayoría de los casos responde a un ciclo anual previsible.

El psicoterapeuta Daryl Appleton, también consultado por Real Simple, enfatiza que el cuerpo no es ajeno a este fenómeno. Tras atravesar noviembre y diciembre bajo estados de alta estimulación provocados por el consumo de azúcar, alcohol, actividades sociales y un ritmo acelerado, el organismo entra en un periodo de retirada fisiológica al comenzar enero.
Appleton advierte que el sistema nervioso enfrenta dificultades para restablecer el equilibrio, lo que se traduce en fatiga y falta de ánimo.
La vuelta a las rutinas, señalada por la ausencia de eventos y la reducción de estímulos —especialmente la luz—, disminuye los niveles de dopamina y vuelve más compleja la experiencia de disfrute en actividades habituales.
Factores sociales y psicológicos
Las causas de la crisis no se restringen a lo biológico o lo externo. Pinkston menciona la presión social de “ser una mejor versión de uno mismo” y la costumbre de fijar propósitos de Año Nuevo como factores de riesgo recurrentes. Imponerse metas excesivas o experimentar tropiezos iniciales —como no lograr levantarse temprano— puede activar respuestas de estrés e insatisfacción.
Appleton explica que, tras los primeros fracasos, la mente interpreta esos tropiezos como amenazas a la propia capacidad y amplifica el malestar. Además, la reducción de horas de luz natural altera los ritmos circadianos y disminuye los niveles de serotonina y melatonina, lo que repercute en el estado de ánimo, la energía y la calidad del sueño, según Pinkston.

Buscar contrarrestar una respuesta corporal normal a base de exigencia puede profundizar el cansancio y la desmotivación antes de que el año avance, advierte Appleton en Real Simple. Por el contrario, los expertos aconsejan afrontar este periodo con autocompasión y realismo.
Estrategias para afrontar el bajón de enero
Como primera medida para enfrentar el bajón de enero, Arielle Pinkston aconseja reconocer abiertamente el estado emocional y tratarse con amabilidad, lo que facilita el autocuidado y la validación del malestar. Acciones como extender plazos, aceptar días menos productivos o mostrarse paciente ayudan a aliviar la presión.
Otra recomendación es exponerse brevemente a la luz solar durante la mañana, ya que contribuye a normalizar los ritmos biológicos y mejorar el ánimo, según Pinkston. En casos más marcados, la fototerapia puede ser útil. Daryl Appleton agrega que la luz matutina activa el cortisol, esencial para el enfoque y el sueño, y sugiere mantener horarios regulares y reducir los estímulos nocturnos.

Los especialistas, además, destacan la importancia de rutinas simples y sostenibles, como caminar distancias cortas, elegir alimentos nutritivos o enfocarse en una única prioridad diaria. Adoptar un ritmo pausado y respetar los propios límites previene el agotamiento.
Por último, la conexión social resulta valiosa para superar el malestar. Pinkston recomienda optar por interacciones de baja exigencia: encuentros breves, paseos o mensajes de voz son suficientes para mantener la cercanía sin generar cansancio.
El valor del descanso y la autocompasión
En última instancia, los especialistas consultados coinciden —según Real Simple— en la importancia de evitar expectativas desproporcionadas y valorar el tiempo de descanso que representa enero.
Adoptar una actitud compasiva y avanzar mediante pequeños pasos resulta más efectivo que buscar cambios radicales. Tratarse con amabilidad constituye así el cimiento más sólido para recuperar la resiliencia emocional y el equilibrio mental al iniciar el año.
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