
Un equipo de University College London descubrió que algunas personas pueden identificar los sonidos de su propio estómago con mayor precisión que otras, y que esa capacidad cambia según el estado fisiológico del individuo, un hallazgo con implicancias en la regulación emocional y la salud mental, informó el portal científico Science Alert.
Los resultados mostraron que, en términos generales, los participantes identificaron una grabación en vivo de su abdomen con una precisión de entre 56% y 60%, apenas por encima del 50% esperable por azar. Aun así, cerca del 20% rindió significativamente mejor cuando estaba en ayunas, y la proporción subió a alrededor del 25% después de beber agua con gas o de tomar un batido alimenticio alto en proteínas.
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Esta prueba, publicada en Scientific Reports, fue diseñada para medir la interocepción gastrointestinal: la capacidad de detectar e interpretar señales que provienen del aparato digestivo. Ese proceso forma parte de un campo que en neurociencia se estudia por su relación con sensaciones físicas como el hambre, la sed o la vejiga llena, y también con los estados emocionales.
Los autores del estudio explicaron: “Las sensaciones gastrointestinales contribuyen a lo que coloquialmente se denomina ‘corazonadas’ y son un aspecto de los sentimientos emocionales del que suele informarse”. Esa percepción interna, añadieron, es una vía central para evaluar si una persona se siente con energía, hambrienta, estresada, enferma, asustada o relajada.
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Estetoscopio digital y tres estados digestivos
El trabajo recurrió a un método mucho menos invasivo que otros usados hasta ahora para estudiar cómo se perciben las señales del estómago y los intestinos. Varios procedimientos previos incluían inflar globos dentro del estómago o del recto para medir sensibilidad, mientras que enfoques más recientes exigían tragar cápsulas electrónicas, detalló el portal.
En este caso, participaron 45 adultos sanos, de los cuales dos tercios eran mujeres. Todos llegaron al laboratorio después de ayunar durante tres horas, y los investigadores colocaron un estetoscopio digital sobre el abdomen para registrar los borborigmos, el término científico para los sonidos intestinales.
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Cada participante escuchó luego dos audios de 15 segundos. Uno transmitía en directo los sonidos de su estómago en ese momento y el otro había sido grabado unos minutos antes, por lo que debían decidir cuál correspondía al tiempo real y calificar cuánta confianza tenían en su respuesta.
La tarea se repitió en tres condiciones fisiológicas distintas: durante el ayuno, después de beber agua con gas y nuevamente tras consumir un batido sustitutivo de comida rico en proteínas. Para los investigadores, el punto no era demostrar que la mayoría puede reconocer la “voz” de su estómago, sino detectar diferencias relevantes entre individuos.
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Eso fue lo que encontraron. Algunas personas no solo acertaron por encima del azar, sino que además mostraron una buena correspondencia entre su nivel de confianza y su rendimiento real, lo que sugiere que podían percibir cuándo probablemente estaban en lo correcto.

Conciencia intestinal ayudaría a estudiar trastornos y ansiedad
El estudio plantea que la conciencia de las señales digestivas cambia según el estado fisiológico y que existen diferencias reales entre personas en su sintonía con esos estímulos internos. Esa variación podría ser útil para investigar cuadros en los que la percepción del intestino parece alterada, entre ellos los trastornos de la conducta alimentaria, el síndrome de intestino irritable, la ansiedad y la depresión.
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Esta línea de trabajo también puede ayudar a entender por qué los síntomas digestivos y las emociones suelen aparecer juntos, señaló el portal. La interocepción es considerada importante porque un exceso de atención a las señales corporales puede asociarse con ataques de pánico y distracción, mientras que una sensibilidad baja puede favorecer la sobrealimentación o la alimentación insuficiente, la deshidratación y la desatención del dolor.
El trabajo también aborda una idea psicológica: la interpretación de los sonidos del estómago se aprende, al menos en parte. Los niños asocian con frecuencia un abdomen que gruñe con el hambre porque los adultos se lo señalan, y así construyen relaciones duraderas entre sensaciones corporales y significados.
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Según los autores, “los estados gastrointestinales que contribuyen a estados físicos y emocionales diferenciados suelen ser idiosincrásicos y, en parte, construidos socialmente”. Añadieron que no todos los padres enseñan a sus hijos los matices de las funciones corporales, y que algunos tampoco tienen habilidades fuertes en ese terreno para transmitirlas.
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