
La regularidad intestinal continúa siendo un tema poco explorado a nivel social, a pesar de su importancia en la salud. El estreñimiento es una afección caracterizada por heces duras y secas, deposiciones menos frecuentes de lo habitual y afecta entre el 40% y el 60% de los adultos mayores.
Esta condición puede alterar significativamente la calidad de vida, generando molestias físicas, malestar y preocupación constante, e incluso incidir en la energía, el estado de ánimo y la esfera social.
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Aunque el envejecimiento no es la causa directa, factores como la menor actividad física, el uso de ciertos medicamentos, una dieta baja en fibra, la deshidratación y el estrés incrementan el riesgo de padecerlo con el paso del tiempo.
¿Por qué es tan común el estreñimiento?
La prevalencia de este problema genera una variedad de testimonios y enfoques. Eli Brecher, especialista en nutrición y salud intestinal, afirmó a The Times: “El estreñimiento es, por mucho, la queja más común entre mis pacientes, sobre todo entre mujeres”.
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Brecher explicó que esta condición puede incidir en la energía, el estado de ánimo, la complexión y la sensación de hinchazón. El caso de Holly Brooke, quien soportó durante años estreñimiento crónico y llegó a estar hasta dos semanas sin evacuar, muestra el fuerte impacto en la vida diaria.

Brooke recurrió en ocasiones a laxantes después de probar sin éxito numerosos tratamientos y suplementos, pero comentó que “la mayoría de los médicos de cabecera me han dicho claramente que no deberíamos tomarlos a largo plazo, ya que existe riesgo de dependencia intestinal”.
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Las causas del estreñimiento incluyen factores biológicos y hábitos cotidianos. La edad y el género influyen, al igual que el sedentarismo, la dieta baja en fibra, la deshidratación y el estrés.
Julie Thompson, nutricionista y gerente de información de la organización benéfica Guts UK, señaló que muchas mujeres atraviesan ritmos intestinales más lentos en ciertos momentos del ciclo menstrual y remarcó la conexión entre el estado de ánimo, y la función intestinal.
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Algunos medicamentos, como los analgésicos opioides y los basados en antagonistas del GLP-1 para la pérdida de peso, pueden ralentizar la digestión. El Dr. Duane Mellor, explicó a The Times que “estos medicamentos hacen que las deposiciones sean más lentas y las heces más duras, especialmente si hay deshidratación”.
Consecuencias físicas y emocionales
El estreñimiento, más allá de las molestias, puede derivar en consecuencias físicas y mentales. Estudios recientes, como el publicado en 2025 por la Universidad de Adelaida en la revista Forensic Medicine and Pathology, asocian el estreñimiento crónico a mayor riesgo de hipertensión, diabetes tipo 2 y enfermedades cardíacas.
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En ocasiones poco habituales, surgen complicaciones graves como perforación intestinal, sepsis o daño a órganos. Además, la preocupación por la regularidad puede incidir en el bienestar emocional y social.

Los especialistas consultados por The Times coincidieron en que la mayoría de los casos se resuelve con cambios sencillos de hábitos.
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Recomendaciones para mejorar la regularidad intestinal
La alimentación es un elemento fundamental. El NHS recomienda consumir al menos 30 gramos de fibra al día, cifra que la mayoría de personas no alcanza. Incluyendo cereales integrales, frutas, verduras, frutos secos, semillas y legumbres se favorece la salud intestinal.
Brecher destacó: “Los alimentos como la avena, las semillas de chía, las semillas de lino, las lentejas, las legumbres, las frutas, las verduras y los cereales integrales aportan no solo fibra, sino también vitaminas, minerales y antioxidantes”.
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Opciones naturales como los dátiles y los kiwis pueden favorecer la regularidad sin los efectos adversos de los laxantes. Asimismo, el consumo de ciruelas y café puede influir positivamente en la función intestinal.
Diversos estudios, como el realizado por el King’s College London y publicado en BMJ Gut, demostraron que una ingesta diaria de alrededor de 8 a 10 ciruelas o una mezcla de frutas secas aumenta el volumen y peso de las heces, así como la frecuencia de las deposiciones, gracias a su contenido de fibra y sorbitol.
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Por otro lado, una taza de café negro, sobre todo por la mañana, puede estimular el colon en algunas personas debido a la cafeína, aunque no se recomienda depender exclusivamente de esta bebida para combatir el estreñimiento. Ambos hábitos deben acompañarse de una adecuada hidratación.
Sin embargo, Thompson aclaró que un aumento brusco de fibra, sin hidratación suficiente, puede generar hinchazón, recomendando incrementos graduales y consulta médica si los síntomas persisten.

El ejercicio regular es otro pilar. El NHS aconseja al menos 150 minutos semanales de actividad física para reducir el riesgo de estreñimiento, ya que el movimiento ayuda a la contracción abdominal y al tránsito intestinal.
Mantener una hidratación adecuada resulta igual de importante, ya que “las heces están compuestas por aproximadamente un 75% de agua. Cuando una persona está deshidratada, el cuerpo reabsorbe agua del tracto gastrointestinal, lo que puede provocar heces más duras y secas”, explicó Brecher. Se recomienda beber entre 1,5 y 2 litros diarios.
Entre los suplementos, la cáscara de psyllium está respaldada por la evidencia para quienes no logran cubrir la fibra diaria solo con la dieta. Otros suplementos, como el citrato de magnesio, pueden ser útiles en ocasiones, pero solo bajo supervisión profesional.

Los probióticos también muestran potencial: una revisión en la revista Nature y estudios del King’s College London indicaron que cepas como Bifidobacterium lactis pueden aumentar la frecuencia de las deposiciones. Elegir el producto adecuado es clave, ya que no todos los probióticos presentan el mismo efecto.
Señales de alarma
Saber cuándo buscar atención médica es imprescindible. Thompson recomendó acudir al médico si los cambios de estilo de vida no alivian los síntomas o si surgen señales como sangre en las heces, dolor rectal, bultos abdominales, pérdida de peso o fatiga inexplicable.
También pidió atención ante una disminución súbita en la frecuencia de las deposiciones, especialmente en personas mayores de 40 años. Cambios o suspensión de medicamentos solo deben hacerse bajo supervisión médica.
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