Las recomendaciones de los expertos son claras: ejercitarse con regularidad es esencial para la salud del
corazón, la longevidad y la prevención de enfermedades.
Sin embargo, para muchas personas, el ejercicio es una carga más que un placer.
La clave para mantener una rutina activa no está solo en la disciplina, sino en encontrar formas de hacer ejercicio que sean realmente disfrutables. Además, la ciencia investigó cuál es el mejor momento del día para entrenar y cómo influye en los resultados.
¿Por qué el ejercicio hace bien a la salud?

Los beneficios del ejercicio van mucho más allá de la estética. De acuerdo con la Asociación Americana del Corazón, una actividad física regular reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, disminuye la presión arterial y ayuda a prevenir la diabetes tipo 2.
La médica cardióloga de Los Ángeles Danielle Belardo añadió que el ejercicio también tiene un impacto positivo en la prevención del cáncer y la demencia.
No se trata solo de cardio: el entrenamiento de resistencia es fundamental para mantener la masa muscular y fortalecer los huesos. “El entrenamiento de fuerza puede reducir el riesgo de osteoporosis y caídas a medida que envejecemos”, explicó Belardo.
A medida que las personas pierden masa ósea con la edad, la actividad física se convierte en un factor clave para preservar la movilidad y la independencia.

Según los expertos, la combinación ideal incluye ejercicios aeróbicos y de resistencia. La recomendación general es de 150 minutos de actividad moderada o 75 minutos de ejercicio vigoroso por semana.
Pero más allá de los números, Belardo enfatizó que cualquier actividad es mejor que ninguna: “Tener una rutina estructurada es fenomenal, pero si convertimos esa rutina en un obstáculo, terminamos sin hacer ejercicio en absoluto”.
¿Por qué evitamos el ejercicio? La ciencia detrás de la pereza

Si hacer ejercicio es tan beneficioso, ¿por qué tantas personas lo evitan? La respuesta está en nuestra biología. Según la psicóloga deportiva Keri Johns, la evolución moldeó los cuerpos para conservar energía. “Nuestro cerebro prioriza el ahorro de energía para situaciones críticas, como escapar de un depredador, no para correr en una cinta sin una meta clara”, explicó a la revista estadounidense Well+good.
Además, el ejercicio no siempre ofrece una recompensa inmediata. Mientras que algunas personas experimentan una euforia post-entrenamiento, para muchas otras el esfuerzo solo se traduce en cansancio y agujetas. La satisfacción de hacer ejercicio se vuelve evidente con el tiempo, pero la tentación de quedarse en el sofá es instantánea. “Es más fácil decir: ‘Empiezo mañana’”, agregó Johns.
En ese sentido, la entrenadora personal Nancy Chen sugirió que la clave está en encontrar actividades que sean divertidas. “Si el ejercicio se siente como una obligación, es más difícil mantenerlo en el tiempo. Incorporar elementos de disfrute hace que sea sostenible”, afirmó.
Siete formas de hacer ejercicio sin aburrirse

Para quienes odian las rutinas tradicionales, existen muchas alternativas que combinan movimiento con entretenimiento. Aquí algunas opciones recomendadas por expertos:
- Natación: ideal para quienes buscan un ejercicio de bajo impacto. Fortalece todo el cuerpo y es especialmente recomendable para personas con problemas articulares o movilidad reducida. Moverse en el agua puede ser divertido y salir de lo convencional.
- Patinaje sobre hielo o con ruedas: trabaja las piernas y el torso mientras se mejora el equilibrio. Además, aprender una nueva habilidad hace que el ejercicio pase a segundo plano.
- Escalada en roca: un entrenamiento completo que desarrolla la fuerza en brazos, espalda, torso y piernas. Además, mantiene el ritmo cardíaco elevado, combinando fuerza y cardio.
- Práctica de deportes en grupo: jugar fútbol, básquet, handball o vóley no solo es una forma efectiva de ejercicio, sino que el componente social ayuda a la adherencia.
- Clases de danza para adultos: mejoran la coordinación, la flexibilidad y la fuerza del torso. Además, es una actividad de bajo impacto con múltiples beneficios para la postura y el equilibrio.
- Esquí o snowboard: deportes de invierno que combinan cardio y entrenamiento de fuerza. Además, al practicarse en entornos naturales, la experiencia se vuelve más estimulante.
- Entrenamientos variados: mantener la variedad es clave para evitar el aburrimiento. Alternar entre distintas actividades ayuda a mantener la motivación y trabajar diferentes músculos.
¿Mañana o tarde? La ciencia responde cuál es el mejor horario

El horario en el que se realiza el ejercicio puede influir en los resultados. Un estudio del Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada, España. analizó los efectos de entrenar en la mañana o por la tarde en la salud cardiovascular. La investigación concluyó que la hora del día no tiene un impacto significativo en la reducción de la presión arterial o la glucosa en sangre, aunque algunas variaciones se observaron en personas con diabetes mellitus.
Por otro lado, un estudio publicado en Frontiers in Physiology examinó cómo el horario influye en los resultados según el género. Durante 12 semanas, 47 participantes fueron sometidos a un programa de entrenamiento con dietas controladas.
Las mujeres que entrenaron por la mañana quemaron un 7% más de grasa abdominal y redujeron su presión arterial en la misma proporción. También ganaron más fuerza en las piernas.
Mientras que aquellas que entrenaron por la tarde lograron mayores mejoras en la fuerza de la parte superior del cuerpo, el estado de ánimo y la reducción de antojos de comida.

En tanto en los hombres los resultados fueron menos sensibles al horario, aunque el entrenamiento nocturno tuvo un leve impacto positivo en la oxidación de grasas y la reducción de la fatiga.
También se observó que el entrenamiento en la noche ayudó a mejorar la salud cardíaca y metabólica.
El fisiólogo Paul Arciero, coautor del estudio, concluyó: “Las mujeres que quieren perder grasa abdominal y mejorar su presión arterial deberían entrenar por la mañana, mientras que quienes buscan aumentar su fuerza en la parte superior del cuerpo y mejorar su estado de ánimo pueden beneficiarse del ejercicio nocturno”.

Más allá del horario y la actividad elegida, la constancia es el factor más importante. Belardo insistió en que cualquier cantidad de ejercicio es mejor que la inactividad. A lo que Chen sumó la importancia de cambiar la percepción del ejercicio: “Romper el molde de lo que creemos que es el ejercicio ayuda a mantenernos en movimiento”.
El mensaje final es claro: el mejor ejercicio es aquel que se disfruta y se puede mantener en el tiempo. No importa si se trata de nadar, escalar o patinar, lo esencial es moverse. Encontrar una actividad que nos motive y nos divierta es la clave para convertir el ejercicio en un hábito duradero y beneficioso para la salud.
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