
La hora elegida para realizar ejercicio puede incidir considerablemente en la salud, de acuerdo con investigaciones recientes como la de la Universidad de Florida. Más allá de la intensidad o del tipo de actividad, la constancia y el momento del día en que se practica ejercicio determinan su impacto en la salud cardiovascular y respiratoria, así como en la eficiencia al caminar.
Así lo destaca GQ, resaltando que planificar una rutina de actividad física implica considerar no solo el tipo y la intensidad, sino también el horario.
Qué revelan los estudios sobre la mejor hora para entrenar
El estudio de la Universidad de Florida —consultado por GQ— señala que las personas que sostienen rutinas constantes de entrenamiento y realizan ejercicio por la mañana desarrollan una mejor condición cardiorrespiratoria. Esta mejora se traduce en una mayor eficiencia al caminar y en una salud más robusta a largo plazo, asociada con un envejecimiento saludable.

Según los investigadores, quienes concentran su pico de actividad física en las primeras horas del día alcanzan mejoras notables en su estado físico frente a aquellos que improvisan sus horarios o entrenan posteriormente.
Este fenómeno se atribuye, en parte, a los ritmos circadianos: el sistema interno que regula funciones esenciales como la liberación de hormonas, la presión arterial, la temperatura corporal y los ciclos de sueño y vigilia.
GQ detalla que cualquier alteración sostenida en estos ritmos puede repercutir negativamente en la salud. No solo determinan cuándo sentimos sueño o energía, también condicionan la respuesta del cuerpo al ejercicio y su capacidad de recuperación.

La investigación de la Universidad de Florida remarca que la constancia, especialmente en horarios regulares, potencia los beneficios de la actividad física. Quienes entrenan cada día a la misma hora presentan mejores indicadores cardiovasculares y respiratorios. Incluso, actividades sencillas como incorporar una caminata matutina contribuyen de manera positiva al bienestar general, siempre que se mantengan como parte de una rutina.
Identificar el momento de mayor energía diaria y mantener la actividad física en ese intervalo puede facilitar la adherencia y maximizar los beneficios. La clave radica en encontrar equilibrio entre preferencias personales y regularidad, en lugar de seguir una regla universal sobre la mejor hora para ejercitarse.
Un enfoque respaldado por Harvard
Esta perspectiva cuenta con el respaldo de la Harvard Medical School, que reconoce la importancia de adaptar la rutina de ejercicio a los horarios y las necesidades particulares de cada persona, siempre procurando que la actividad física se mantenga como un hábito constante y satisfactorio.

Sin embargo, Harvard subraya que, para la población general y según la mayor parte de la evidencia disponible, entrenar a primera hora de la mañana se asocia a beneficios superiores en la salud cardiovascular, respiratoria y metabólica, favoreciendo también una mayor adherencia a largo plazo.
Un estudio reciente publicado en la revista Diabetes Care por investigadores de Harvard analizó a personas con prediabetes y sobrepeso y determinó que quienes se ejercitaban durante la tarde (entre las 12:00 y las 18:00) también experimentaban mejoras metabólicas relevantes, en particular una mejor regulación de la glucosa y una mayor sensibilidad a la insulina, asociadas a la influencia de los ritmos circadianos.
Esta evidencia representa una recomendación válida para quienes, por sus obligaciones o preferencias, no logran entrenar en la mañana, demostrando que la actividad física en otros horarios puede generar beneficios concretos, especialmente en situaciones específicas como el control metabólico.

Los especialistas de Harvard Medical School coinciden en que la constancia, el disfrute y la integración del ejercicio en la rutina diaria son esenciales, pero resaltan que los estudios señalan a la mañana como el intervalo óptimo para la actividad física, ya que es cuando el organismo puede aprovechar mejor el pico natural de energía y la influencia positiva de los ritmos biológicos.
En conclusión, el consenso científico indica que, si bien la personalización y el respeto por las circunstancias de cada persona son relevantes, realizar ejercicio en la mañana se afianza como la estrategia más recomendada para maximizar los beneficios del entrenamiento y contribuir a una vida más saludable y activa.
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