Una estrategia simple pero respaldada por la ciencia puede ayudar a reducir los picos de glucosa tras las comidas: cambiar el orden en que se ingieren los alimentos.
Estudios clínicos, nutricionistas y universidades como UCLA y Cornell explican cómo este enfoque puede traer beneficios.
De todos modos, siempre hay que consultar con un profesional de la salud para asesorarse al respecto según cada caso.
Por qué importa el orden en que comemos

La mayoría de las recomendaciones sobre alimentación saludable se centran en qué alimentos elegir o cuántas calorías consumir. Sin embargo, un aspecto menos conocido cobra fuerza en la investigación nutricional: el orden en que se comen los alimentos.
El concepto, conocido como secuenciación de comidas, propone modificar la estructura del plato sin cambiar sus ingredientes, solo reorganizando el momento en que se consumen.
De acuerdo con expertos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), este enfoque puede influir en cómo suben los niveles de azúcar en sangre después de comer. “El orden en que se consumen los grupos de alimentos durante una comida puede afectar el grado de fluctuación del azúcar en sangre”, explicaron en un informe.
Vegetales primero

El primer paso del protocolo de secuenciación consiste en iniciar cada comida con vegetales sin almidón, como hojas verdes, brócoli, espárragos o repollo. Estos alimentos aportan fibras, lo que reduce la velocidad con la que el cuerpo absorbe el azúcar de los alimentos ingeridos después.
La bioquímica especializada en glucosa Jessie Inchauspé, autora del libro La evolución de la glucosa, sostiene que “el orden de los factores sí altera el producto”.
Según sus investigaciones y datos de la Universidad de Cornell, EEUU, este cambio puede “reducir hasta un 75% los picos de glucosa, sin necesidad de cambiar el contenido de las comidas”.
Proteínas y grasas saludables

Después de los vegetales, el paso siguiente es consumir proteínas y grasas saludables, como carne magra, huevos, pescado, tofu, nueces o aceite de oliva. Estos nutrientes no elevan bruscamente la glucosa, pero sí contribuyen a frenar su absorción y a generar una sensación de plenitud más duradera.
Según la dietista registrada Sandra Arévalo, portavoz de la Academia de Nutrición y Dietética, “cuando se comen otros alimentos primero, principalmente alimentos ricos en fibra, y luego bebes agua, la fibra de los alimentos ayuda a sentirse satisfecho, disminuyendo así el apetito”.
También señaló: “La fibra también ayuda a reducir la absorción de azúcar en la sangre, ayudando a amortiguar los niveles de azúcar”.
Desde el punto de vista hormonal, este orden favorece la secreción del péptido GLP-1, que retrasa el vaciamiento gástrico y suprime el apetito. En personas con diabetes o en tratamiento para bajar de peso, este efecto se asocia a un mejor control metabólico.
Carbohidratos al final: cómo mitigar su impacto

El tercer y último paso consiste en consumir los carbohidratos al final del plato, después de los vegetales, proteínas y grasas. Esta simple inversión del orden habitual tiene un impacto medido: ayuda a reducir los picos de glucosa posprandial, sobre todo si se trata de carbohidratos refinados como arroz blanco, pan, papas o postres con azúcar.
“Lo que causa los picos de azúcar es comer demasiados carbohidratos”, advirtió Arévalo. “Comerlos solos empeora aún más. Al consumirlos junto con proteínas y fibra, amortiguamos su efecto al ralentizar su absorción”.
En un estudio de la Universidad de Cornell dirigido por la doctora Alpana Shukla, personas con prediabetes que comieron proteínas y vegetales antes que carbohidratos lograron reducir los picos glucémicos en un 46% en comparación con quienes empezaron con pan. Otro estudio publicado en Nutrients mostró beneficios similares después de cinco años.
Lo que dicen los estudios clínicos

Ensayos controlados exploraron la hipótesis de que el orden de los alimentos modifica la respuesta glucémica. En una investigación japonesa, a los participantes se les ofreció el mismo menú durante tres días, compuesto por proteínas, verduras y arroz blanco. En cada jornada se alteró el orden de consumo de los ingredientes, con ayuno nocturno previo. Luego se midieron los niveles de glucosa e insulina durante las dos horas posteriores a cada comida.
Los resultados fueron consistentes: cuando el arroz blanco se consumió primero, los niveles de azúcar en sangre fueron más altos. En cambio, cuando los participantes comieron primero las proteínas y las verduras, y dejaron los carbohidratos simples para el final, los valores de glucosa posprandial fueron más bajos.
Los hallazgos coinciden con el modelo fisiológico que describe cómo las fibras y las grasas ralentizan la velocidad de digestión, haciendo que los carbohidratos lleguen a un entorno intestinal menos propicio para su absorción rápida.
¿A quién beneficia este enfoque?

Según la dietista Caroline Susie, portavoz de la Academia de Nutrición y Dietética, este método puede resultar útil para muchas personas, pero es particularmente beneficioso para quienes tienen resistencia a la insulina, prediabetes o diabetes tipo 2.
“Comenzar con verduras, proteínas y grasas saludables, antes de comer almidones o alimentos azucarados, puede ayudar a atenuar los picos de glucosa después de las comidas”, indicó.
Sin embargo, también advirtió que “las personas con diabetes deben recibir orientación personalizada de un experto médico”. Cada metabolismo reacciona de forma distinta a los cambios en la dieta, por lo que se recomienda el seguimiento profesional.
En personas sin diagnóstico de diabetes, la secuenciación de comidas puede ser útil para evitar los “bajones” de energía y los antojos que a menudo aparecen tras comidas ricas en azúcares. La estabilización de la glucosa también contribuye al bienestar general, al prevenir oscilaciones bruscas que afectan el estado de ánimo y la concentración.
Recomendaciones prácticas para aplicar en casa

Para quienes deseen probar este enfoque, la implementación es sencilla. Según explicó Susie:
- Comenzar la comida con vegetales sin almidón, crudos o cocidos.
- Seguir con proteínas y grasas saludables, como pollo, huevos, pescado, tofu, aceite de oliva o aguacate.
- Dejar los carbohidratos para el final, en especial si son refinados o tienen alto índice glucémico.
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