“Mi vida es acá. A mí me gusta vivir en Argentina y lo estoy haciendo hace catorce años”, cuenta a Teleshow la artista Josefina Scaglione, quien recorrió en los escenarios del mundo con su voz. La frase de Scaglione no necesita contexto para recortar un límite. Entregada a la escena local tras más de una década en el país, la actriz y cantante reafirma una elección sin retorno forzado.
Volvió a Nueva York el año pasado para estrenar El beso de la mujer araña. La nostalgia del viaje no desafía la certeza: “Yo elegí volver a mi país, con muchísima convicción de haberlo hecho, y eso no significa que se me cierran las puertas al exterior”. El regreso no clausura proyectos fuera de la frontera. En paralelo, la continuidad del escenario argentino se sostiene: este año, Scaglione extiende las últimas funciones de No me quieras tanto y prepara su ingreso a Sabías que el mar tiene corazón en el Teatro Colón, junto al Instituto Superior de Arte.
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La apuesta escénica de No me quieras tanto, bajo la creación de Betty Gambartes y Diego Vila, se juega en un espacio donde la música y la palabra no prometen permanencia. Scaglione la protagoniza junto a Santiago Otero Ramos, acompañados por un trío de músicos en vivo.
El espectáculo interroga el “amor líquido”. El compromiso cede ante el deseo de libertad y la urgencia de experiencias. El relato musical disuelve el “para siempre” y exhibe la fragilidad de los vínculos actuales. Las funciones se presentan en el Teatro Picadero.
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—¿Cómo fue recibir la propuesta para este espectáculo?
—Hay ciertas propuestas que ya cuando vienen con un equipo creativo tan inspirador y lindo, y de gente que ha trabajado haciendo su camino y forjando una identidad, para mí siempre eso es un plus. Y es algo que me interesa transitar como artista.
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—¿Qué diferencia a tu personaje de otros femeninos en musicales de a dos?
—Mi personaje es la que plantea las dudas. Carolina y Guillermo son pareja, pero Carolina es la que fundamentalmente pone sobre la mesa el cuestionamiento en la realción que mantienen. Y elo plantea, por qué tiene que ser de tal o cual forma. Por qué no podemos encontrar una forma propia, de pareja, de amor.
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—¿Cómo abordás la relación amorosa en la obra?
—En eso mismo, a partir de las neurosis. Uno va y viene, ella misma, se dice, se desdice. Creo que en ese sentido el público se identifica mucho con esa problemática, porque es algo que nos toca bastante de cerca hoy. Esa idea de comprometerse, no comprometerse, qué es lo que uno pierde. Se plantea mucho, sin decirlo expresamente...ese miedo de perderse algo mejor, de estarse quedando afuera de algo. Esa cosa que está muy alimentada por como estamos viviendo hoy, en definitiva es un poco coyuntural.
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—¿Sentís que el amor se plantea como algo en movimiento?
—Exacto, como la vida misma, como poder integrar ese movimiento y esas fluctuaciones al amor y que no sea algo que se cristalice, sino que pueda fluir.
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—¿Por qué decidiste volver a tu país después de trabajar en el exterior?
—Yo elegí volver a mi país, con muchísima convicción de haberlo hecho, y eso no significa que se me cierran las puertas al exterior. De hecho, volví el año pasado a Nueva York a estrenar El beso de la mujer araña con Jenifer López. O sea que el mundo de lo que es el exterior, entre comillas, y los escenarios internacionales están ahí, latentes, presentes. Pero mi vida es acá. A mí me gusta vivir en Argentina y lo estoy haciendo hace catorce años.
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—Volviste y tuviste un regreso fructífero...
—Pasé por el Teatro San Martín, por teatro independiente, trabajé con Alfredo Arias, protagonicé musicales. El desafío, hago mis canciones. Mi recorrido es muy ecléctico y entiendo que tal vez de afuera siempre se ve una fracción. Pero uno tampoco puede estar explicando el propio camino. Es decir, uno lo hace con la convicción y cada uno hace su propia vida. Pero sí, el exterior está, y está buenísimo, y también en Nueva York a las cuatro de la tarde hace un frío de locos y la nieve te llega a las rodillas, no creo que sea donde quieras vivir vos tampoco (se ríe). Ya está. Justamente estuve en Broadway a los veintiún años. Después de eso puedo hacer un poco lo que quiera.
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—¿Cómo llegaste a participar en El beso de la mujer araña?
—Llego porque mi manager de Estados Unidos me manda la audición. Me pidieron una audición, mandé un face y esa misma noche me enteré que quedaba, así que tuve que viajar. Filmé esas escenas en Uruguay porque se filmó una parte en Uruguay y otra parte en New Jersey, en Nueva York.
—¿Cómo es la experiencia de filmar en diferentes países?
—El beso de la mujer araña necesita familiarizar, pero es una novela de la puesta de la cárcel. Por un lado, todo el mundo más fantástico y mítico que es donde aparece la mujer araña, y mucho de eso se filmó en Uruguay porque necesitaban un lugar que fuera parecido a la Argentina de ese momento, como está escrito en la novela. Como estábamos en un cambio de gobierno acá parece que a la producción le pasaban un presupuesto distinto de una semana a la otra y dijeron: “Bueno, vamos a Uruguay, que es parecido”.

—¿Qué proyectos tenés actualmente?
—Estoy trabajando en una obra propia, trabajando en material personal y también a mitad de año en el teatro Colón vamos a hacer una obra que se llama Sabías que el mar tiene corazón, de Sebastián Irigo. Es parte de la programación del ISA, del Instituto Superior de Arte del Colón. Yo estoy ahí como parte del elenco principal. El Instituto Superior de Arte del Colón, que produce estos espectáculos en temporada de invierno, junto con lo que es el ballet a la noche. A la tarde se hace un espectáculo de otras características, y vamos a estar como noventa personas en escena. Eso va a estar lindo, va a ser una semana intensa de funciones ahí a mitad de año. Seguiremos con funciones de No me quieras tanto. Terminamos esta primera temporada, pero vamos a continuar.
—¿Te sentís más actriz que cantante?
—La verdad es que no me siento una cosa o la otra. Me siento artista. Siempre me cuesta responder eso, porque no es algo que yo pueda separar internamente. Sin embargo, por supuesto que si estoy haciendo una película y voy apelando a mi recurso oral, nunca queda afuera todo lo demás. Es decir, es un todo. Soy actriz, soy cantante, soy música. Esto convive en mí y desde ahí interpreto. No sé si me puedo fragmentar.
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