
Cada semana, en una sala del Hogar Carlos Steeb de Colón, Buenos Aires, el silencio habitual se interrumpe de otra manera. No es el llamado del personal ni el murmullo de la televisión de fondo: es una voz que se aclara la garganta, un recuerdo que pide salir, una risa que contagia a los demás. Frente al micrófono, los residentes dejan de ser oyentes pasivos para convertirse en protagonistas.
Así nació Las Voces de los Residentes, un taller de radio comunitaria que, sin proponérselo como objetivo explícito, comenzó a transformar la vida cotidiana del hogar y a cuestionar los estereotipos que aún pesan sobre la vejez.
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En ese espacio semanal, el taller fue tomando forma a partir de una demanda concreta: decir. La palabra y la escucha comenzaron a organizar el encuentro y a construir un territorio compartido donde aparecieron el cuidado, la identidad y la participación. “Lo primero que me llamó la atención fue la necesidad de ser escuchados”, explicó Mauricio Demarco, coordinador del taller.

“Antes que aprender técnicas de radio, apareció el deseo de contar, de opinar, de recordar y también de reírse. La radio funcionó desde el primer día como una excusa para habilitar la palabra, y eso fue mucho más potente que cualquier formato o consigna”.
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La experiencia se desarrolla en Colón, una ciudad ubicada en el extremo norte de la provincia de Buenos Aires, a unos 280 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Situada sobre la Ruta Nacional 8 y cercana al límite con Santa Fe, Colón es una localidad de escala intermedia cuya vida cotidiana combina el ritmo urbano con una fuerte identidad comunitaria, un rasgo que atraviesa también al Hogar Carlos Steeb y al proyecto radial que allí se sostiene.
“El programa rompe con la idea de la vejez asociada al silencio, la pasividad o la nostalgia permanente. Acá hay opinión, humor, memoria crítica y actualidad. Los residentes no hablan sobre la vejez: hablan desde su experiencia, con identidad y con voz propia. Eso tensiona los estereotipos porque muestra a personas mayores activas, lúcidas, sensibles y profundamente conectadas con lo que pasa a su alrededor”, agregó el coordinador.
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El micrófono, lejos de ser solo un dispositivo técnico, se convierte en un símbolo y presencia: “El micrófono es clave, pero no como objeto técnico sino como símbolo de legitimación. Saber que alguien va a escuchar lo que dicen cambia la disposición corporal, la atención y el compromiso”, sostuvo Demarco. Además, destacó la importancia de la música, los recuerdos sonoros y la preparación previa del programa, elementos que “ordenan el tiempo y generan expectativa”.
Con el correr de las semanas, el espacio fue alterando la trama cotidiana del hogar. El encuentro radial instaló una rutina con sentido, capaz de generar nuevas formas de vínculo entre residentes, trabajadores y familias.
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“El taller atraviesa al hogar”, señaló Demarco. “Los residentes empiezan a reconocerse desde otros lugares, el personal los escucha de un modo distinto y los familiares descubren voces que no siempre aparecen en lo diario. Se arma un punto de encuentro que habilita conversaciones, incluso fuera del estudio”.
En quienes participan, los cambios se expresan en gestos concretos. La confianza se afirma, la memoria se activa sin imposiciones y aparece una renovada sensación de pertenencia. “Se sienten capaces, necesarios y valorados”, explicó Demarco.
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Ser protagonistas
“Los recuerdos surgen a partir del intercambio, no de la exigencia. Y, quizás lo más importante, recuperan la certeza de seguir formando parte de una comunidad, con algo propio para decir y compartir”, agregó.
Esa dimensión de cuidado se consolida cuando la experiencia cuenta con respaldo institucional y un enfoque de derechos.

Para Demarco, la continuidad y el reconocimiento son claves: “No se trata de entretener, sino de habilitar vínculos, participación y lazo social. Cuando hay acompañamiento del Estado, con tiempo, recursos y profesionales comprometidos, el taller deja de ser una actividad aislada y se convierte en un dispositivo de salud mental comunitaria”.
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La activación que produce el espacio se vincula de manera directa con el derecho a la comunicación y una idea de envejecimiento con sentido. “Volver a sentirse protagonistas es central”, sostuvo Demarco. “El envejecimiento activo no pasa por hacer más cosas, sino por hacerlas con significado. La radio devuelve el derecho a opinar y a ser escuchados, y eso reactiva el deseo desde el disfrute, no desde la obligación”.

El fin de semana, el ciclo radial 2025 tuvo su cierre con una celebración y una transmisión especial. Lejos de un acto formal, fue la confirmación de un recorrido compartido: voces que se animaron a decir, a escucharse y a ocupar un lugar público desde el deseo y el sentido. El micrófono volvió a encenderse como al inicio, no para marcar un final, sino para dejar constancia de que la palabra, cuando circula, sigue abierta.
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El documental que se viene
A partir de esta experiencia sostenida en el tiempo, el proyecto da un nuevo paso con la realización de un documental que permita registrar y compartir lo que sucede en torno al taller de radio. No se plantea como un cierre ni como una síntesis, sino como una extensión del propio proceso, orientada a ampliar la escucha y poner en circulación una práctica que se construye en la intimidad del hogar. El desafío será trasladar al lenguaje audiovisual la lógica del taller, respetando sus ritmos, su clima cotidiano y la densidad de los vínculos que allí se producen.

La realización buscará acompañar los tiempos del Hogar Carlos Steeb, registrar los silencios, los ensayos y las conversaciones previas, y no limitarse al producto final.
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Mostrar el detrás de escena, las dudas y las risas forma parte de una decisión narrativa que entiende que la complejidad del taller reside en lo pequeño y en lo cotidiano, en voces que no buscan espectáculo sino presencia y verdad.
Según Demarco, estudios previos señalan que la radio continúa siendo un medio relevante para las personas mayores, en tanto favorece la compañía, la identidad y la memoria colectiva, y que la participación en experiencias creativas contribuye al bienestar emocional, la conexión social y la estimulación cognitiva en entornos institucionales.
Sin embargo, en Argentina y América Latina persiste un vacío en la documentación detallada del impacto de estas prácticas en hogares de ancianos, lo que refuerza el valor del registro propuesto.
El soporte audiovisual tendrá una duración estimada de entre 15 y 25 minutos e incluirá testimonios de residentes, profesionales, talleristas, familiares y personal del hogar. La proyección pública en el Cine Teatro de Colón está pensada como una instancia de devolución comunitaria, que permita compartir la experiencia, abrir el diálogo y devolver esas voces al territorio del que surgieron.
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