Todavía no ha sonado la primera nota. El silencio es un punto de quietud, una tensión que busca forma. Sobre el escenario, la Orquesta Filarmónica de Mendoza ya está dispuesta y, entre sus filas, un elemento altera la escena clásica: una hilera de guitarras no ocupa el frente ni reclama protagonismo. Integradas como una sección más, las cuerdas de acero esperan.
Esta fusión, que representa un punto de encuentro único, es el preludio de lo que vendrá: el cruce volverá a tomar forma en una nueva serie de presentaciones de The League of Crafty Guitarists, que interpretará música de Robert Fripp, Guitar Craft y King Crimson en formato sinfónico.
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Lo que ocurre allí es la prolongación de una idea que comenzó a tomar forma hace más de medio siglo, cuando el guitarrista británico Robert Fripp —fundador de King Crimson— decidió correr a la guitarra del centro de la escena para convertirla en otra cosa: una pieza dentro de un sistema.

En ese desplazamiento, que reemplazó el solo por la textura y la exhibición por la precisión, Fripp no solo redefinió el lenguaje del rock. También dejó una marca concreta, persistente y poco frecuente fuera de Europa o Estados Unidos: una comunidad activa de músicos en Argentina que, desde los años 90, sostiene y expande esa forma de entender la música.
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Hoy, ese legado deja de ser una influencia abstracta para volverse visible en escena. Guitarristas formados en esa tradición, entre ellos Luciano Pietrafesa y Fernando Kabusacki, integran un dispositivo donde la lógica del rock inteligente, la disciplina de Guitar Craft y la potencia de una orquesta sinfónica confluyen en una misma pregunta: qué lugar puede ocupar la guitarra en la música contemporánea cuando deja de ser un instrumento individual y pasa a funcionar como arquitectura colectiva.

El músico que convirtió la guitarra en sistema
Desde finales de los años 60, Robert Fripp impulsó una transformación silenciosa pero decisiva en el lenguaje del rock. Al frente de King Crimson, desplazó a la guitarra del lugar expresivo heredado del blues para integrarla en estructuras donde prima la precisión, la repetición y el trabajo colectivo. Su técnica —basada entre otras cosas en una técnica de púa específica y efectiva — y desarrollos como la Nueva Afinación Estándar o los sistemas de looping junto a Brian Eno ampliaron el campo sonoro del instrumento.
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En paralelo, su trabajo como músico de estudio lo llevó a colaborar con David Bowie en discos como Heroes y Scary Monsters (and Super Creeps), además de participar en proyectos clave de la música contemporánea e incluso en desarrollos sonoros para el sistema operativo Windows Vista.
Con una discografía que supera los setecientos lanzamientos y reconocido por Rolling Stone como uno de los 100 guitarristas más importantes de todos los tiempos, Fripp es hoy una figura central del rock de vanguardia: más que un intérprete, un músico que redefinió el instrumento desde la técnica, la composición y la escucha.
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Una escuela que echó raíces en Argentina
A diferencia de otros referentes del rock, Robert Fripp no dejó en el país solo conciertos sino un trabajo sostenido que, desde los años 90, derivó en la formación de una comunidad activa de guitarristas.
—¿Cuál fue la razón que lo llevó a establecer el trabajo de Guitar Craft en Argentina?
—Porque encontré en Argentina una necesidad de realidad mucho mayor que en otros países de Occidente.
A través de seminarios, giras y proyectos vinculados a Guitar Craft, su enfoque técnico y filosófico se instaló como una práctica compartida que todavía hoy se expande. De ese entramado forman parte músicos como Pietrafesa y Kabusacki, quienes no se definen como herederos sino como continuadores de una tradición que busca sostener viva una forma de conexión con la música y que entiende a la guitarra no como un instrumento individual, sino como una unidad colectiva dentro de un sistema mayor.
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La música como traducción y práctica colectiva
Para Luciano Pietrafesa, músico rosarino radicado en Mendoza, el pasaje de los paisajes sonoros de Robert Fripp y Guitar Craft al formato sinfónico no implica un traslado, sino una continuidad en otro lenguaje. “Me animo a decir que no son una adaptación”, explica, sino música que podría haber sido concebida desde el inicio para una orquesta.
A partir de esa idea, el ensamble reconstruyó la dinámica de las giras que compartieron con Fripp entre 2006 y 2009 y sumó arreglos orquestales sobre piezas de King Crimson y del universo de Guitar Craft que La Liga ya venía trabajando.
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En ese proceso, la idea de traducción se vuelve central, aunque no en términos de fidelidad estricta. Pietrafesa plantea que la música “se manifiesta en distintos dialectos” y que el trabajo con la orquesta abre un campo tímbrico y dinámico más amplio. Allí, The League of Crafty Guitarists deja de ser un grupo solista para integrarse como una sección más: “la orquesta y la liga deben tener la fuerza y musicalidad de una banda”, resume.
Esa lógica también redefine el rol de la dirección. Más que una conducción tradicional, lo que ordena la ejecución es la atención compartida entre músicos y público, en lo que describe como un “evento social” donde la música ocurre como resultado de esa escucha colectiva.
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Mientras los guitarristas debieron incorporar códigos de dirección externos, poco habituales en su práctica, los músicos sinfónicos se adaptaron a la amplificación y a una dinámica diferente. Sin embargo, la estructura de trabajo —basada en voces individuales que se ensamblan— facilitó el cruce. El resultado, sostiene, no solo amplía el universo del repertorio interpretado por The League of Crafty Guitarists, sino que también desplaza las fronteras entre lo académico y lo popular, habilitando nuevos públicos, nuevos desafíos y nuevas preguntas que, más que resolverse, se despliegan en el propio proceso.
Escuchar como práctica
Para Fernando Kabusacki, el vínculo con la obra de Robert Fripp no se define por la herencia sino por la práctica sostenida en el tiempo. Desde fines de los años 80, su trabajo dentro del universo de Guitar Craft parte de una premisa: la música no se conserva, se mantiene viva. Incluso cuando se interpretan piezas con décadas de recorrido, explica, la repetición es imposible; cada ejecución implica una renovación constante.
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En ese proceso, el foco se desplaza hacia la escucha. Kabusacki señala que el silencio y la resonancia no son elementos secundarios sino parte central de la experiencia musical, tanto para quien toca como para quien oye. Esa relación requiere atención y, sobre todo, tiempo: una disposición a sostener la escucha sin urgencia.
Desde ahí también entiende el alcance del proyecto actual como un espacio donde distintas formas de hacer música conviven y se transforman en contacto. El resultado, dice, no es la suma de partes sino una unidad en movimiento, donde cada intervención modifica el conjunto.
Kabusacki, rosarino residente en Buenos Aires, es uno de los principales exponentes de la nueva música instrumental argentina; compone para dibujos animados, cine y teatro. Es uno de los fundadores de Los Gauchos Alemanes y La National Film Chamber Orchestra. Grabó y tocó con Charly García, María Gabriela Epumer, entre otros.
La herencia argentina
A sus 79 años, Robert Fripp mantiene una influencia activa en la forma en que se piensa y se practica la música contemporánea. En Argentina, ese impacto adquirió una dimensión singular: décadas de trabajo sostenido derivaron en una comunidad con identidad propia, extendida en el país y en distintos puntos de Sudamérica.

Esa herencia se expresa en una práctica concreta. Desde los seminarios de Guitar Craft hasta los ensambles actuales, el eje está puesto en la relación con el instrumento, con el cuerpo y con la escucha. “Guitar Craft es una forma de desarrollar una relación con la guitarra, con la música y con nosotros mismos”, escribió Fripp al sintetizar un enfoque que articula técnica, disciplina y conciencia.
En ese mismo texto, dejó planteada una idea central: “donde hay música, hay esperanza”. También afirmó que “escuchar es tan necesario como tocar”.
En esa definición, la música aparece como un espacio compartido donde intérpretes y oyentes participan de un mismo proceso, sostenido por la atención y la presencia.

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