
Un análisis internacional publicado en 2025 en la revista científica Oxford University Press, a partir de datos del ensayo clínico IGNITE, encontró que sumar apenas unos minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa se asocia con un mejor rendimiento cognitivo en adultos mayores. El trabajo, liderado por la neurocientífica Audrey M. Collins y con participación del AdventHealth Research Institute, analizó a 648 personas de entre 65 y 80 años, monitoreadas con acelerómetros durante siete días consecutivos.
Los investigadores evaluaron cómo se distribuye el tiempo diario entre sueño, conducta sedentaria, actividad física ligera y actividad moderada o vigorosa, y observaron asociaciones significativas entre mayores niveles de movimiento intenso y mejor desempeño en función ejecutiva, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento. No se registraron asociaciones relevantes en memoria episódica ni en función visuoespacial.
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El estudio muestra que sustituir pequeñas porciones del tiempo sedentario o de actividad ligera por actividad física moderada o vigorosa se vincula con mejoras cognitivas medibles, incluso tras ajustar variables como edad, sexo, índice de masa corporal y portación del gen APOE4, asociado a mayor riesgo de enfermedad de Alzheimer.
El estudio evaluó la cognición de los adultos mayores mediante una batería integral de pruebas. El equipo de Collins explica y sintetiza los hallazgos en la revista científica Age and Ageing: “El aumento o disminución del tiempo en actividad física moderada o vigorosa se relacionó con diferencias en la función ejecutiva, la memoria de trabajo y la velocidad de procesamiento, pero no en la memoria episódica ni en la espacial”. Estas diferencias se mantuvieron aun tras ajustar por edad, sexo, índice de masa corporal y el estatus del gen APOE4, relacionado con el riesgo de Alzheimer.
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Mejoras cognitivas asociadas a mínimos incrementos de actividad
La intervención más simple y accesible analizada consistió en caminar más rápido. De acuerdo a una publicación paralela del diario estadounidense The Washington Post, bastó un aumento de 14 pasos por minuto en personas de edad promedio de 79 años para lograr una mejora física mensurable, sin necesidad de ejercicios de alto impacto o carrera.
Los autores sostienen que pequeñas variaciones en la rutina, como caminar con mayor vigor o sumar breves periodos de movimiento intenso, generan beneficios neurológicos medibles. “Moverse hacia más minutos de actividad moderada o vigorosa, incluso tomando tiempo de otras conductas —sueño, comportamiento sedentario o actividad leve—, mostró impacto positivo principalmente en tres áreas: función ejecutiva, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento”, señala el artículo original.
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En el estudio, los participantes promediaron 21 minutos diarios de MVPA, a pesar de que muchos se autodefinieron como inactivos. Este dato resalta la diferencia entre la percepción subjetiva y la medición objetiva mediante dispositivos.
El informe precisa que la distribución temporal del movimiento sobre la salud cerebral se vincula con cerebros biológicamente más jóvenes en quienes sostienen rutinas aeróbicas, mecanismo corroborado por registros obtenidos a través de resonancia magnética, que evidencian mayor preservación estructural y funcional.
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Una intervención sencilla y universal: caminar más rápido
El conjunto de hallazgos indica que no es necesario realizar sesiones de ejercicio estructuradas y extensas para obtener efectos positivos. Aumentar la rapidez al caminar o sumar episodios breves de movimiento dinámico puede traducirse en una reducción comprobable del riesgo de deterioro cognitivo asociado a la edad.
El equipo investigador destaca: “Los mayores beneficios cognitivos se alcanzaron incrementando minutos de MVPA, sin que el cambio proviniera de ninguna conducta en particular —sueño, reposo o actividad suave— en detrimento de otra”. No se reflejaron diferencias en el impacto por sexo, edad, nivel educativo ni por estatus del gen APOE4.
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Así, las recomendaciones del trabajo IGNITE y la evidencia publicada por el diario estadounidense The Washington Post respaldan una orientación tangible: caminar más rápido y aprovechar incluso breves intervalos de movimiento permite conservar la función ejecutiva, la memoria de trabajo y la velocidad de procesamiento en adultos mayores, independientemente de la predisposición genética y los antecedentes personales.
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