
La frecuencia de consultas en sexología realizadas por personas mayores de 60 años muestra un crecimiento sostenido en el Hospital de Clínicas José de San Martín, según exponen la doctora Silvina Valente y la licenciada Viviana Wapñarsky. Este aumento, impulsado tanto por el incremento de la expectativa de vida como por una mayor legitimación social de la sexualidad en la adultez mayor, transformó la perspectiva médica y social sobre el bienestar en la vejez.
El equipo del Hospital de Clínicas constata que una proporción significativa de las consultas en sexología proviene de este grupo etario, una tendencia que se ha intensificado en los últimos años.
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Valente (MN 87798), médica coordinadora del programa institucional de sexología de la institución atribuye este cambio a una transformación cultural profunda: “La sexualidad está presente en esta etapa de la vida y hoy muchas personas se sienten habilitadas a vivirla de manera más plena”.
El papel de los medios de comunicación y la integración de preguntas sobre salud sexual en diversas especialidades médicas han favorecido la detección de dificultades y estimulado la búsqueda de soluciones.
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Disfunciones prevalentes y demandas específicas en adultos mayores
Las razones principales por las que hombres y mujeres mayores de 60 años consultan a sexología mantienen similitudes con las de personas jóvenes, pero presentan particularidades.
Según Wapñarsky (MN 24433), licenciada en Psicología y miembro del programa institucional, en varones prevalece la disfunción eréctil y la eyaculación retardada. Esta última, menos habitual en otras etapas, puede deberse a alteraciones vasculares, efectos de fármacos o cambios hormonales que ralentizan la respuesta sexual en la edad avanzada. En las mujeres, se observa con mayor frecuencia dolor en las relaciones sexuales y disminución del deseo, vinculados tanto al climaterio y la menopausia como a factores emocionales y vinculares.
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Dentro de este grupo etario, un motivo de consulta en aumento corresponde a la necesidad de apoyo tras intervenciones oncológicas: cada vez más pacientes buscan acompañamiento para reconstruir su vida sexual luego de tratamientos como cirugía, quimioterapia u hormonoterapia, comprendiendo la sexualidad como parte de su calidad de vida, puntualizó Wapñarsky.
Además, se identifica una demanda creciente de educación sexual orientada a comprender los propios cuerpos y sostener vidas sexuales satisfactorias durante la vejez.
El peso de los mitos y el “viejismo” sobre la sexualidad
Valente señaló que persisten ideas preconcebidas que afectan negativamente la vivencia de la sexualidad en la adultez mayor. Entre los mitos más arraigados figura la suposición de que las personas mayores carecen de deseo o derecho a la intimidad, una percepción que puede internalizarse incluso en hijos y familiares cercanos: “Muchas veces las propias personas mayores internalizan estas creencias y dejan de habilitarse el deseo”, advierte la especialista en ginecología. Esta estigmatización genera vergüenza y silencio, por lo que disminuye la probabilidad de que las personas busquen ayuda profesional.
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Condiciones físicas, enfermedades crónicas y su impacto en el bienestar sexual
Diversos factores biológicos atraviesan la sexualidad después de los 60 años. En las mujeres, el climaterio y la menopausia generan una reducción de estrógenos que conlleva sequedad vaginal, menor elasticidad y dolor en las relaciones.
Cambios neuroendocrinos pueden modificar tanto el deseo sexual como la respuesta orgásmica. Además, enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y afecciones cardiovasculares, así como algunos medicamentos, tienen incidencia directa sobre la lubricación, la energía y la sensibilidad.
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En hombres, la andropausia —caracterizada por la disminución progresiva de testosterona— se asocia a menor deseo sexual y alteraciones en el estado de ánimo. La salud cardiovascular y metabólica impacta principalmente en la función eréctil. Tratamientos farmacológicos para enfermedades crónicas pueden además interferir en la respuesta sexual global, incrementando la prevalencia de disfunción eréctil y eyaculación retardada.
Variables sociales, jubilación y reorganización de la vida afectiva
Wapñarsky destaca que aspectos como la jubilación, la soledad y los cambios en la dinámica familiar atraviesan de manera directa la vida sexual en la adultez. El cese de la actividad laboral exige una reorganización de la identidad, las rutinas y los tiempos de pareja —con efectos tanto positivos como desafiantes—.
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La soledad, ya sea por viudez o ausencia de vínculos, puede reducir las oportunidades de intimidad, aunque también abre espacio para nuevas relaciones y experiencias. Las variaciones en la convivencia familiar, por otra parte, pueden condicionar la privacidad necesaria para la vida sexual.
Ventajas comprobadas de una sexualidad activa en la vejez
El equipo del Hospital de Clínicas observó que mantener una vida sexual activa aporta beneficios concretos al bienestar emocional y físico en personas mayores. Valente describe mejoras en la autoestima, reducción del estrés y la ansiedad, junto con una mayor calidad del sueño.
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Según los datos del equipo, la práctica sexual regular puede generar beneficios concretos al bienestar emocional y físico, tales como mejoría de la función vascular, movilidad, respuesta hormonal y fortalecimiento del sistema inmunológico. Los especialistas subrayan que estos efectos positivos se extienden a la calidad del vínculo en la pareja y a la comunicación.
—Distintos estudios sugieren que una vida sexual activa puede tener efectos positivos en la salud. ¿Qué evidencia observa en la práctica médica y qué beneficios concretos destacaría?
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—En la práctica clínica observamos que una vida sexual activa se asocia a un mejor bienestar emocional, con reducción del estrés, la ansiedad y el ánimo depresivo, además de favorecer el sueño y la autoestima. También puede tener beneficios físicos, como el mantenimiento de la función vascular, inmunológica, la movilidad y la respuesta hormonal. A nivel vincular, fortalece la intimidad y la comunicación en la pareja. En conjunto, contribuye a una mejor calidad de vida y a un envejecimiento más saludable.
Educación sexual, adaptación institucional y agenda sanitaria
Wapñarsky, en su análisis, subraya la necesidad de que el diseño de políticas públicas y estrategias educativas adaptadas a la vejez.
—¿Qué estrategias de educación sexual considera necesarias para integrar la sexualidad en la vejez dentro de la agenda sanitaria y social?
—Es clave fortalecer estrategias de comunicación desde los medios que visibilicen la sexualidad en la vejez sin estigmas, así como promover espacios de recreación y socialización que habiliten el encuentro y el deseo. También es fundamental adaptar residencias geriátricas para respetar la intimidad y el vínculo de las parejas, y capacitar al personal sanitario para abordar la sexualidad como parte de la salud integral. Entender la sexualidad más allá de la fertilidad, como una dimensión de placer y bienestar, no solo mejora la calidad de vida, sino que también puede impactar positivamente en la salud pública y en la reducción de costos sanitarios.
Valente coincide en que comprender la sexualidad más allá del objetivo reproductivo y como componente de bienestar y placer conlleva efectos positivos cuantificables tanto para la salud pública como para la eficacia del sistema sanitario.
Silvina Valente es presidenta de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, sociedad científica, y dirige el programa institucional de sexología del Hospital de Clínicas José de San Martín, mientras que Viviana Wapñarsky integra la Comisión Directiva de la misma sociedad científica y desarrolla actividades de formación y acompañamiento de personas mayores en salud sexual.
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