
Alberto Núñez Feijóo salió malparado de la polvareda sobre la ley de nietos y el supuesto fraude electoral y esta semana se ha propuesto poner otro asunto sobre la mesa que parece llevar el mismo camino. Sus compañeros de filas han salido en tromba a tratar de echar una mano. Dijo: “Debemos, con o sin acuerdos, sentar a patronal y sindicatos y tomar una decisión con el absentismo, (...) un cáncer que no podemos pagar, porque cuesta más de 30.000 millones de euros”. El presidente del PP abogó por que “una persona que no va a trabajar” no cobre lo mismo que “cuando va” y presumió de haberlo solucionado al frente del Insalud, donde “es muy difícil que un médico no le dé la baja a un colega”, y en Correos.
El PP ya ha desmentido tajantemente que vaya a tocar las nóminas a los empleados que causen baja si llega al poder y subraya que su presidente se refirió a las ausencias “sin justificar”. De ser así, el partido se ha opuesto frontalmente en el Congreso a una de las medidas que más ayudaría a las empresas con empleados que faltan de forma recurrente y sin aportar una razón, principalmente de la forma más expeditiva imaginable, como lo es el despido disciplinario.
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El Gobierno sigue sin lograr que se haga efectivo el fichaje digital obligatorio en las empresas. La patronal se opone frontalmente y el PP, como se ha mencionado, ha puesto todos los obstáculos legislativos a su alcance. El proyecto que contemplaba este registro fue tumbado en septiembre de 2025 por este partido junto a Vox, Junts y UPN. El Ministerio de Trabajo trató entonces de aprobarlo por real decreto, es decir sin necesidad de mayoría en las Cortes, pero se encontró con un dictamen desfavorable del Consejo de Estado, que argumentó que debe tramitarse como ley, que no se adapta a sectores como la hostelería o la agricultura y que supone una carga económica inasumible para muchas pymes.
El despido disciplinario por absentismo
El Tribunal Supremo actualizó recientemente los requisitos para el despido disciplinario. El fichaje digital cambiaría de forma sustancial la capacidad de los empleadores para acreditar esas ausencias ante un juez. La ley permite despedir a un trabajador sin pagarle indemnización cuando falta al trabajo de forma repetida y sin justificación. No existe un número concreto de ausencias, es el convenio colectivo de cada sector el que fija cuántas y en qué plazo bastan. Como referencia general, los tribunales han considerado que tres ausencias injustificadas en un mes pueden amparar esa decisión, aunque comúnmente se tienen en consideración las circunstancias concretas.
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Aunque Feijóo mezcló en su exposición inicial absentismo y bajas, la diferencia es notable. Antes que él, aunque de forma vinculante, lo hizo Mariano Rajoy, cuando en 2012 recortó el salario de los funcionarios durante permisos de incapacidad temporal. Una baja médica acreditada por el médico, un permiso por fallecimiento de un familiar o una huelga legal son ausencias justificadas y no pueden usarse como argumento para el despido. Solo cuentan las faltas sin ningún amparo legal ni convencional, o aquellas que el trabajador no ha comunicado ni explicado. Si hay un litigio, es el propio trabajador quien debe demostrar que su ausencia tenía justificación; la empresa solo tiene que probar que la falta se produjo.
El Supremo cambió una regla que hasta entonces beneficiaba al trabajador. Antes, en muchos convenios, las ausencias se contaban dentro de cada mes del calendario: si alguien faltaba los últimos días de enero y los primeros de febrero, esas faltas no sumaban al mismo periodo y era más difícil alcanzar el umbral del despido. El Supremo ha establecido que el plazo se cuenta desde el día de la primera ausencia, sin importar si ese intervalo cruza el cambio de mes. El efecto práctico es que faltas antes dispersas pueden ahora acumularse en el mismo cómputo y facilitar el despido.
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Hay además un requisito formal que la empresa no puede saltarse: antes de entregar la carta de despido, debe dar al trabajador la oportunidad de explicarse en una audiencia previa. Si no lo hace, el despido puede ser declarado improcedente por un juez aunque las ausencias fueran reales, lo que obliga a pagar una indemnización. El trabajador tiene 20 días hábiles para recurrir el despido ante los tribunales.

Aumentan las bajas, también los motivos
Aquí es donde entra el fichaje digital. Para que un despido por ausencias sea sólido ante un juez, la empresa necesita probar con documentación fiable que las faltas se produjeron. Con un registro en papel o en una hoja de Excel, el trabajador puede cuestionar que los datos fueron manipulados, y los tribunales han dado la razón en algunos casos a esa alegación. Un sistema digital con registros inalterables elimina ese problema: cada fichaje queda sellado con fecha y hora exactas, y cualquier modificación posterior deja rastro automático de quién la hizo y cuándo. Esa trazabilidad convierte el historial de asistencia en una prueba difícilmente rebatible ante un juez.
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El mismo principio vale para los retrasos o las salidas anticipadas. El Tribunal Supremo ha aclarado que la impuntualidad no es solo llegar tarde, sino también marcharse antes de hora o ausentarse del puesto durante la jornada sin justificación. Un sistema digital registra todos esos supuestos con precisión; un papel, en la práctica, rara vez lo hace.
La calle se ha pasado la semana debatiendo el asunto, lo que ha servido para aportar luz sobre una realidad que objetivamente crece. El informe más reciente sobre absentismo en España, de este mismo jueves, concluye que, en efecto, España registra más bajas, pero también que no todas son fraude ni se solucionan bajando sueldos. Detrás del aumento, concluye el estudio, confluyen factores como el envejecimiento de la población trabajadora -las reformas de las pensiones empujan a trabajar más tiempo, pero una plantilla de más edad tiene mayor riesgo de bajas frecuentes y prolongadas- y señala la salud mental, los dolores de espalda o el propio desgaste laboral como las patologías que más despuntan.
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El portavoz del PP, Borja Sémper, quien acaba de superar un cáncer, ha pedido en una entrevista en RAC1 “cautela” a quien use esa palabra para referirse a las bajas laborales, algo que “no es un capricho”.
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