
El incendio de Los Gallardos (Almería), declarado en la tarde del jueves en el paraje de Almocáizar, es ya el más mortífero de la historia de Andalucía. El número de víctimas mortales es de al menos 12 personas, aunque 23 se encuentran en paradero desconocido y desde la Junta de Andalucía no descartan que la cifra pueda aumentar.
Catalogado como “una tragedia sin precedentes”, el fuego en Almería también ha provocado múltiples heridos, algunos de los cuales han sufrido graves quemaduras. Las labores de extinción continúan en la zona.
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Lamentablemente, el de Los Gallardos ha pasado a formar parte de la lista de los peores incendios forestales de la comunidad autónoma, que está conformada por precedentes como el del Parque Natural de Grazalema (Cádiz), en 1992, y el de Minas de Río Tinto (Huelva), en 2004.
Parque Natural de Grazalema, 1992: cinco víctimas mortales
Antes del de Los Gallardos, el trágico título de incendio forestal más mortífero de Andalucía lo tenía el de Monte Prieto, en el Parque Natural de Grazalema, en la provincia de Cádiz. El fuego se originó el 6 de septiembre de 1992 en una zona de relieve muy abrupto entre Grazalema y Zahara de la Sierra.
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Durante las labores de extinción, cinco integrantes de un retén del Plan de Emergencias por Incendios Forestales (Infoca) quedaron rodeados por las llamas en un paraje de muy difícil acceso, por lo que perdieron la vida. Uno de sus compañeros resultó gravemente herido. Posteriormente, la Junta de Andalucía confirmó su origen provocado, puesto que se produjo en varios focos distintos.

Alájar, 1999: cuatro víctimas mortales
El incendio de Alájar (Huelva) es el ejemplo de que no es necesario que un fuego se convierta en un gran incendio forestal (superior a 500 hectáreas) para conformar una absoluta tragedia. Alrededor de 300 hectáreas fueron afectadas por las llamas, que comenzaron el 30 de junio de 1999 en el paraje de El Madroño, en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche.
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Este incendio se cobró la vida de cuatro miembros de un retén del Plan Infoca. Los brigadistas quedaron rodeados por las llamas y, tras perder el contacto por radio con sus compañeros, intentaron refugiarse en una caseta rural, donde fueron encontrados sin vida horas después.
La investigación determinó posteriormente que el fuego se originó por una negligencia, después de que un pastor reconociera haber arrojado una colilla encendida mientras buscaba una de sus cabras. Un informe técnico de la Junta concluyó que la muerte de los cuatro brigadistas fue consecuencia de un fenómeno extremo conocido como “explosión de fuego” (blow-up), provocado por un cambio repentino en las condiciones del incendio que hizo confluir dos frentes y elevó la temperatura hasta niveles letales.
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Minas de Río Tinto, 2004: dos víctimas mortales
Iniciado en Minas de Riotinto el 27 de julio de 2004, el incendio de la provincia de Huelva dejó más de 27.800 hectáreas quemadas y dos fallecidos: un matrimonio sevillano murió carbonizado al quedar atrapado en su vehículo cuando intentaba huir del incendio. Los municipios del Berrocal (Huelva) y de El Madroño (Sevilla), considerados como “la zona cero”, perdieron un 80% y un 70% de su superficie forestal. Esto perjudicó seriamente a sus principales modos de vida: el corcho y la ganadería.
Pese a que durante años el incendio tuvo un acusado, la Audiencia Provincial de Huelva, en 2010, lo absolvió por falta de pruebas. Tras 22 años desde el siniestro, todavía no se conocen las causas de un fuego que afectó profundamente a la región.
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Los incendios más mortíferos de España
Fuera de Andalucía, el incendio de La Gomera (Canarias), ocurrido en septiembre de 1984, fue en el que se produjo el mayor número de víctimas mortales: 20 personas, la mayoría de las cuales viajaban en un convoy de vehículos que quedó atrapado por el rápido avance de las llamas en una carretera.
Junto a este, el de Riba de Saelices (Guadalajara), en 2005, supuso un antes y un después en la historia de los incendios forestales en España: durante aquel sábado 16 de julio, un grupo de excursionistas encendió una barbacoa en un área recreativa de La Riba de Saelices, en el Parque Natural del Alto Tajo, y una chispa prendió un rastrojo que había alrededor. El viento y la sequedad del entorno provocaron que rápidamente se extendiese un fuego que tuvo serias consecuencias humanas y ecológicas.
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13.000 hectáreas quedaron arrasadas y 11 miembros del retén de Cogolludo (uno de ellos era un bombero voluntario de Soria) perdieron la vida al día siguiente, el domingo 17 de julio, al quedar atrapados entre dos frentes de fuego.
Aquel incendio, que fue controlado cinco días después y obligó a la evacuación de pueblos como Mazarete o Anquela, provocó un cambio en la conciencia social sobre el peligro de estos siniestros. Ese mismo año, en octubre, se creó la Unidad Militar de Emergencias (UME) y, además, se sucedieron dimisiones y ceses en Castilla-La Mancha. La Audiencia Provincial de Guadalajara condenó al excursionista que encendió la barbacoa a dos años de prisión por imprudencia grave, una multa y más de 10 millones de euros en indemnizaciones.
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