Cámara de Diputados (Adrián Escandar)
Cámara de Diputados (Adrián Escandar)

Después de naturales cabildeos de los legisladores del oficialismo con los de la oposición, y también con algunos gobernadores, se trató en la Cámara baja, puerta de entrada, el Presupuesto Nacional de Recursos y Gastos de la Administración Central y Organismos Descentralizados para el próximo año, que fuera presentado por el Poder Ejecutivo Nacional el primer día hábil posterior a la fecha límite del 15 de septiembre.

Y si bien desde entonces hasta el presente se registraron notables cambios en la política financiera y monetaria del Gobierno nacional y del Banco Central, que volvió a cambiar su presidente, no lo han sido tanto en los supuestos macroeconómicos, aunque ahora la combinación de objetivos de "déficit fiscal cero", como "expansión de base monetaria cero", lo torna más exigente y desafiante; independientemente de que esas restricciones se atribuyan a un requisito impuesto para poder cerrar el Acuerdo II con el FMI que se aprobaría formalmente mañana.

Históricamente se calificó al Presupuesto Nacional como la "Ley de Leyes" porque constituye la presentación pública del plan macroeconómico del Gobierno para el año entrante, y los lineamientos a los que podrán acomodar sus planes de negocios las empresas y también las familias.

Sin embargo, las repetidas crisis que afectan a la economía en su conjunto, desde hace varias décadas, y que nuevamente se ha observado entre fines de abril y de septiembre; junto con prolongados períodos de "Emergencia Económica", han desvirtuado el rol fundamental del Presupuesto, con modificaciones no sólo de sus previsiones macroeconómicas antes de ser tratado en Diputados, sino también de la partida de gastos con ampliaciones sin contar con la correspondiente contrapartida adicional de mayores recursos,  por la vía de Decisiones Administrativas firmadas por el Jefe de Gabinete de Ministros y el ministro de Hacienda.

Ahora los postulados de déficit cero y base monetaria cero abren la expectativa de que se podría estar frente a un cambio histórico sustancial, por lo inédito.

Ahora los postulados de déficit cero y base monetaria cero abren la expectativa de que se podría estar frente a un cambio histórico sustancial, por lo inédito

Sin margen para nuevos errores

Los antecedentes de los primeros 9 meses de 2018, con repetidas modificaciones de las proyecciones macroeconómicas, tanto del Gobierno como del consenso de los economistas y consultoras privadas, que han llevado a sustanciales modificaciones de las estimaciones de inflación y tipo de cambio y también de actividad, generan un manto de dudas sobre que "ahora sí se van a cumplir los supuestos".

Esas dudas llegaron a los equipos técnicos del FMI que no comparten la previsión presupuestaria de caída del PBI de sólo 0,5%, sino que ajustaron sus pronósticos a una contracción de 2,6%. Pero "en Hacienda esperan que las proyecciones del Fondo estén equivocadas". De lo contrario, cumplir con el déficit fiscal cero requerirá de un ajuste del gasto de más de $68.000 millones por cada punto de desvío negativo de la actividad. En el caso de que se cumpla la proyección del FMI se elevará a más de $136.000 millones, equivalente a 4,5% del gasto primario presupuestado en $3,72 billones.

Y ya se han apelado a los impuestos extraordinarios, como las retenciones sobre las exportaciones hasta un tope de incremento del 12% de la paridad cambiaria, y el consenso logrado, a pedido de algunos gobernadores, según dijo el ministro Dujovne, del aumento a los Bienes Personales; así como la postergación de la entrada en vigencia del Ajuste por Inflación de los balances, entre otros, que pueden llegar a agravar las estimaciones de actividad.

Un punto a favor del cumplimiento del exigente programa de Gobierno para el año próximo es que se parte de un tipo de cambio realista que, pese a las retenciones, incentiva las exportaciones y desalienta las importaciones, y que junto con la esperada recuperación de las cosechas y del stock ganadero, contribuirá a reducir notablemente las necesidades de divisas y convertirse en el pilar para frenar la recesión, y a quitar presiones alcistas sobre el tipo de cambio.

Un punto a favor del cumplimiento del exigente programa de Gobierno para el año próximo es que se parte de un tipo de cambio realista que llevó, con altísimas tasas de interés, a revertir la demanda de dólares, y también al desarme gradual de posiciones en divisas que contribuye a mover la economía real

Pero también se agrega que la política monetaria desusadamente contractiva ya ha comenzado a dar señales no sólo de la reducción al mínimo de la demanda de dólares para ahorro y gastos de turismo internacional, sino también al desarme de posiciones en divisas que contribuirá a mover una economía bimonetaria poco común en el planeta.

Cambiar el rumbo

De ahí que para evitar que el Presupuesto 2019 se transforme rápidamente en papel mojado como sus antecesores más inmediatos, será clave que el equipo económico, junto con las autoridades del Banco Central, logren recrear la confianza y puedan conducir las variables macroeconómicas al círculo virtuoso de estabilidad cambiaria, con baja de las tasas de interés y de la inflación, para que la actividad vuelva a crecer apoyada tanto en el comercio exterior, como en la inversión y el consumo privado.

El primer mes del nuevo esquema alimenta esas expectativas, pero es muy poco tiempo, sobre todo frente a las resistencia de la política a restringir el gasto público improductivo, para poder avanzar hacia la reducción de la presión fiscal, no sólo a nivel nacional, sino también provincial y municipal, y de ese modo liberar recursos para las empresas y las familias para poder volver a crecer.

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