Despertarse sudando en medio de la noche puede parecer, a simple vista, un episodio aislado. Sin embargo, cuando se repite con frecuencia y no hay una explicación evidente —ni fiebre, ni menopausia, ni pesadillas—, conviene mirar hacia la mesa del comedor.
Así lo advierte en diálogo con Women´s Health la nutricionista clínica María Fernanda Contramaestre, graduada en Nutrición y Dietética por la Universidad Central de Venezuela, quien apunta a la alimentación nocturna como una de las causas subestimadas de la sudoración nocturna.
El cuerpo también “trabaja” mientras duerme
“La mayoría de las personas cree que al dormir el cuerpo entra en reposo completo, pero esto no es del todo cierto”, explica Contramaestre en la nota publicada por Lauren Izquierdo. Durante el sueño, el organismo continúa realizando funciones metabólicas esenciales, incluida la digestión.
Y es allí donde entra en juego la termogénesis inducida por la dieta, un proceso mediante el cual la digestión de ciertos alimentos eleva la temperatura corporal.

Este aumento de temperatura, si se produce en exceso, puede manifestarse como una sudoración nocturna que interrumpe el descanso. En personas con desequilibrios fisiológicos previos —como desórdenes hormonales, digestivos o incluso estrés acumulado—, este efecto puede intensificarse.
Cuatro grupos de alimentos que alteran el sueño
A pesar de que no existe un único alimento culpable, sí hay grupos alimentarios cuya digestión o metabolización desencadena efectos térmicos notorios. Contramaestre detalla cuáles son los más problemáticos a la hora de la cena:
1. Proteínas en exceso
Un filete a la plancha acompañado de huevos y frutos secos puede parecer una comida saludable. No obstante, este tipo de combinaciones ricas en proteínas exigen un alto esfuerzo digestivo al organismo. “La proteína, especialmente en cantidades elevadas por la noche, suele elevar la temperatura corporal”, afirma Contramaestre.

La recomendación no es eliminarlas por completo, sino moderar la porción y adelantar el horario de la cena, idealmente antes de las 20:00 horas.
2. Platos picantes o muy especiados
Ingredientes como la cayena, el chile o el curry contienen capsaicina, una sustancia activa que estimula los receptores de calor del cuerpo. El resultado no es solo una sensación de calor, sino una activación del sistema simpático que puede generar taquicardia y sudoración durante el sueño. Contramaestre aconseja evitar estos platos en la noche, incluso si se toleran bien durante el día.
3. Cafeína y estimulantes
El café, el té negro y el chocolate negro —especialmente si se consumen en las últimas horas del día— tienen la capacidad de mantener activo al sistema nervioso. “Incluso si no se consumen justo antes de dormir, su efecto estimulante puede perdurar y alterar la temperatura corporal”, advierte la experta. Estos alimentos, además, interfieren en las fases más profundas del sueño, lo que puede derivar en microdespertares o sudores inexplicables.

4. Bebidas alcohólicas
Contrario a lo que se cree, el alcohol no ayuda a dormir mejor. Aunque su efecto sedante inicial puede inducir el sueño, este es engañoso. “El alcohol interfiere en la arquitectura del sueño y puede provocar sudoraciones nocturnas por vasodilatación”, explica Contramaestre. Es decir, ensancha los vasos sanguíneos, generando una sensación térmica que el cuerpo regula con sudor.
¿Qué cenar para evitar el sobrecalentamiento corporal?
La clave está en cenas más ligeras, pensadas para facilitar una digestión eficiente y un descenso natural de la temperatura corporal antes de dormir. Contramaestre sugiere componer el plato con:
- Vegetales cocinados, que son más digestivos que los crudos y aportan fibra sin sobrecargar el sistema digestivo.
- Grasas saludables, como las del aguacate o el aceite de oliva virgen extra (AOVE), que estabilizan el metabolismo sin generar picos térmicos.
- Carbohidratos complejos en cantidades moderadas, como quinoa, arroz integral o batata, que ayudan a segregar serotonina, la hormona precursora de la melatonina (inductora del sueño).
Además, se recomienda evitar cenas abundantes justo antes de acostarse. Una buena práctica es cenar al menos dos horas antes de dormir, para dar tiempo al cuerpo de iniciar el proceso digestivo sin interrumpir el inicio del descanso.
Escuchar al cuerpo: la herramienta más poderosa
“Si notas que siempre que cenas ciertos alimentos sudas más, ahí tienes la pista”, insiste Contramaestre. La autoobservación puede ser una de las herramientas más eficaces para identificar patrones que afectan el sueño. Llevar un diario de alimentos y síntomas puede ayudar a establecer correlaciones entre lo que se ingiere y cómo se duerme.

Dormir bien es uno de los pilares fundamentales de la salud, tanto física como emocional. Y, como subraya la especialista, ese bienestar no comienza cuando uno se mete en la cama, sino al momento de elegir qué cenar. A veces, el problema no está en las sábanas ni en el termostato, sino en el plato.
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