Antes de decirle algo, le quiero aclarar que esta es una nota dividida en dos partes. La primera se relaciona con un artículo que apareció en Infobae, el cual estaba referido a cómo se puede hacer para vivir 100 años.
Luego de esa publicación, siguió una catarata de respuestas en Instagram: “¿Para qué vivir 100 años?”, decían algunos. Además, muchas personas decían, “yo con 80, firmo”. Bueno, pongámosle que está bien, pero otras hablaban de 70, 60, 50 o 40… Y hasta una persona dijo: “Yo tengo 37 años y ya estoy podrida”.
Bueno, más allá de que puede haber casos de depresión, me llamó la atención la gran cantidad de personas que tenían así como una visión muy pesimista con respecto a cuántos años hay que vivir.

Resulta que cuántos años tengo de expectativa de vida, va a influir decisivamente en cómo me voy a cuidar, o no. Si yo creo que me queda un mes de vida, para qué me voy a cuidar. Si yo creo que me quedan muchos años de vida, para qué me voy a cuidar. Es otro para qué.
Usted puede decir bueno, hay muchas cosas que uno puede hacer pero cuestan plata, es cierto. Pero hay que recordar que no siempre se pueden mejorar las cosas, pero siempre se las puede empeorar.
Un repaso por el artículo que nos convoca hoy
Lo cierto es que, según esa publicación de Infobae, hay 593.000 centenarios en todo el mundo; mientras que las Naciones Unidas prevé que en 2050 serán 3,7 millones. Este grupo de personas son aquellas que viven al menos 100 años. Y, para la ciencia, la genética desempeña un papel importante en el envejecimiento saludable, además de la actividad física, el apoyo social y el lugar de residencia.

En ese sentido, la nota resaltó que “la razón por la que alguien puede vivir más de 100 años empieza por su ADN, es decir, los genes que ha heredado de sus padres”. “No se puede llegar tan lejos sin haber ganado la lotería genética al nacer”, afirma S. Jay Olshansky, profesor de salud pública de la Universidad de Illinois en Chicago. “Así que la regla número uno va a ser la genética”, explicó.
Incluso, destacó que “cuanto más vivan tus padres, más probabilidades tendrás de vivir una vida más sana y larga”. “Probablemente no se trate de un único gen, sino de un perfil, una combinación de genes”, aseguró Ferrucci.
Al tiempo que Nir Barzilai, director del Instituto de Investigación sobre el Envejecimiento de la Facultad de Medicina Albert Einstein del Bronx, quien estudió la vida de cientos de centenarios y sus familias, señaló que los hijos de los centenarios son “unos 10 años más sanos” que sus contemporáneos y esto podría estar relacionado con distintos genes que contribuyen a una larga vida.

Por ejemplo, según indicó, aquellos con una determinada mutación en la hormona del crecimiento “tienen muchas probabilidades de vivir más” porque sus células gastan más energía en mantener las células existentes, no en hacer crecer otras nuevas. Es por eso que advirtió: “Queremos encontrar todos los genes de la longevidad”, mientras que Olshansky confesó: “Soy portador, por ejemplo, de dos conjuntos de genes asociados a la longevidad”.
Más allá de esta situación, los expertos advierten que los buenos genes sólo sirven hasta cierto punto, ya que algunas investigaciones sugieren que la genética representa alrededor del 25% de la longevidad. El otro 75% se vincula con el entorno: dónde se vive, qué se come, con qué frecuencia se hace ejercicio y el sistema de apoyo que se tiene a través de amigos o familiares.
Es más, recientes investigaciones indican que “el estrés de la vida afecta directamente a algunos de los mecanismos biológicos del envejecimiento”, además de otros factores, como son los distintos tipos de contaminación. “Estamos descubriendo que el secreto de la buena salud no está sólo en nuestro comportamiento, sino también en lo que hace nuestra sociedad para mejorar la salud de nuestra población”, afirmó Ferrucci.
*El doctor Alberto Cormillot (MN 24.518) es un reconocido médico argentino especialista en obesidad, educador para la salud, escritor y conferencista. Fundó y dirige la Clínica de Nutrición y Salud que lleva su nombre, Dieta Club, la Fundación ALCO (Anónimos Luchadores Contra la Obesidad) y el Instituto Argentino de Nutrición, desde donde asesora a industrias para la elaboración de productos dietéticos y saludables.
* Realización: Gastón Taylor / Edición: Rosario Benitez Chiarelli / Producción: Dolores Ferrer Novotný
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