El pescado que ayuda a fortalecer las defensas después de los 50 años y cuántas veces por semana conviene comerlo

Especialistas destacan el aporte de omega-3, vitamina D, B12, selenio y proteínas de ciertas especies grasas, dentro de una alimentación equilibrada acompañada por ejercicio y buen descanso

Una mujer con cabello canoso come un plato de salmón con ensalada frente a un vaso de agua y medio limón sobre una mesa de madera.
Comer salmón, sardinas y otros pescados grasos con regularidad ayuda a frenar la inmunosenescencia en adultos mayores de 50 años (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Una porción de pescado graso a la semana puede ser más eficaz que cualquier suplemento para reconstruir las defensas del organismo después de los 50 años, según advierten especialistas en inmunología citados por la revista Parade. La razón detrás de esta recomendación es la inmunosenescencia, el proceso biológico por el cual el sistema inmune pierde gradualmente eficiencia con el paso del tiempo.

El declive no siempre es evidente al principio. Un resfriado que tarda semanas en resolverse, una herida que cicatriza más despacio de lo esperado o una mayor sensación de fatiga durante el invierno son señales habituales de que el organismo ya no responde con la misma velocidad que décadas atrás. Para los mayores de 50, esta vulnerabilidad incrementada frente a las enfermedades virales y la inflamación crónica no es menor: puede condicionar la calidad de vida de manera significativa.

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Sin embargo, los expertos coinciden en que no hace falta recurrir a rutinas complejas ni a costosos regímenes de suplementos para hacerle frente. La respuesta, señalan, está en el plato.

Una mujer de cabello rizado cubierta con una manta de lana se sostiene un pañuelo de papel sobre la nariz
La inmunosenescencia reduce la eficacia del sistema inmune con la edad y aumenta la vulnerabilidad a enfermedades virales e inflamación crónica (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pescado graso: nutrientes que el cuerpo no produce

Cuando los inmunólogos hablan de proteínas para el envejecimiento, el salmón salvaje, las sardinas, la caballa y la trucha ocupan un lugar destacado. No se trata de una preferencia arbitraria: este grupo de alimentos combina proteínas de alto valor biológico con micronutrientes que actúan directamente sobre los mecanismos del envejecimiento celular.

La Dra. Amanda Salih, alergóloga-inmunóloga del Rush University Medical Center, explicó que estas especies son fuentes naturales de vitamina D, B12 y selenio, además de otros micronutrientes esenciales para el funcionamiento defensivo del organismo.

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A eso se suma otro beneficio, según la especialista: “Los ácidos grasos omega-3, DHA y EPA, presentes en el pescado graso, tienen múltiples propiedades antiinflamatorias descritas”.

Ese componente antiinflamatorio resulta clave frente a la inflamación crónica de bajo grado, uno de los factores que acelera el deterioro celular en la adultez. A su vez, la proteína que aporta el pescado provee los bloques de construcción necesarios para sostener la actividad inmune.

“Necesitamos proteína para generar células inmunes, producir anticuerpos y atenuar la inflamación, para recuperarnos de las infecciones y mantener un funcionamiento inmune saludable”, subrayó la doctora.

Dos o tres veces por semana

La eficacia de esta estrategia no depende de grandes cantidades. La Dra. Amiirah Aujnarain, alergóloga-inmunóloga pediátrica, indicó que una porción de entre 85 y 115 gramos (3 a 4 onzas) de pescado graso, consumida dos o tres veces por semana, es suficiente para obtener niveles óptimos de omega-3, zinc y vitamina D, sin superar los límites seguros de mercurio.

Esta pauta se conoce informalmente como la “regla de las 3 onzas” y su fortaleza reside en la constancia, no en el volumen. Los profesionales de la salud advierten que la preparación también incide en los beneficios: la fritura a altas temperaturas degrada las grasas saludables y puede generar compuestos proinflamatorios.

Las alternativas recomendadas incluyen el horneado, el pochado, la plancha y la preparación en freidora de aire, preferentemente con aceite de oliva, limón y hierbas frescas.

Filete de salmón, pescados enteros, rodajas de limón, ramas de eneldo y sal gruesa sobre hielo en una tabla oscura
El salmón salvaje, las sardinas, la caballa y la trucha aportan proteínas, vitamina D, vitamina B12 y selenio, nutrientes clave para el sistema inmune (Imagen Ilustrativa Infobae)

Alimentación, ejercicio y sueño: el esquema completo

Incorporar pescado graso a la dieta semanal genera mejores resultados cuando se combina con otros hábitos. El Dr. James Moy, alergólogo-inmunólogo certificado del Rush University System for Health, destacó que una actividad tan accesible como caminar 30 minutos cinco días a la semana contribuye a que el sistema inmune combata infecciones con mayor eficacia. “El ejercicio moderado regular reduce la inflamación y ayuda a que las células inmunes se regeneren”, señaló.

La alimentación complementaria también suma. Alimentos fermentados como el chucrut y el kimchi, junto con verduras de hoja verde oscura ricas en vitaminas C y E, refuerzan la red de defensa que el pescado graso contribuye a sostener.

Además, el sueño de calidad, aunque con frecuencia subestimado, opera como un tercer pilar en este esquema de cuidado inmunológico a largo plazo.

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