
Más de la mitad de la dieta promedio en Estados Unidos y Reino Unido se compone de alimentos ultraprocesados (AUP). Gaseosas, galletitas, cereales de desayuno, pan industrial, comidas preparadas, yogures con sabor y carnes curadas son ejemplos de productos habituales.
Todos comparten el uso de ingredientes que, cuando se consumen de forma recurrente y en grandes cantidades, fueron asociados por especialistas en nutrición y salud pública a potenciales riesgos para la salud.
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La mayor revisión mundial sobre el tema demostró que los AUP están relacionados con daños en todos los principales sistemas del cuerpo, un hallazgo que activó alertas en gobiernos y organismos de salud.
El problema no reside únicamente en el bajo valor nutricional de estos productos, altos en calorías, pobres en proteínas, fibra y micronutrientes, sino también en la acumulación de aditivos.
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La Dra. Mathilde Touvier, investigadora principal del estudio NutriNet-Santé del Instituto Nacional Francés de Salud e Investigación Médica (Inserm), advirtió a Science Focus que muchos alimentos de apariencia saludable, como panes multicereales o yogures bajos en grasa, incorporan combinaciones de sustancias cuyo impacto conjunto aún no se comprende en profundidad.
1) Colorantes artificiales: el riesgo en dulces y cereales
Los colorantes artificiales son tintes de síntesis química agregados para sustituir el color perdido en el procesamiento industrial de los alimentos. Los 3 que generan mayor debate científico son la tartrazina (E102), el amarillo ocaso (E110) y el rojo allura (E129). Estos colorantes aparecen en dulces, gaseosas, cereales y alternativas veganas a la carne.
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Investigaciones publicadas en The Lancet y la revista científica Food and Chemical Toxicology, los vincularon a hiperactividad, dificultad de concentración y cambios de humor en niños, además de empeorar los síntomas del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

En la Unión Europea y Reino Unido, los productos que contienen estos colorantes deben incluir una advertencia específica. En Estados Unidos, su uso es extendido y no requiere aviso al consumidor.
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2) Nitratos y nitritos: conservantes en carnes procesadas vinculados al cáncer
Los nitratos y nitritos como el nitrito de sodio (E250) y el nitrato de potasio (E252), presentes en panceta, salchichas, jamón y embutidos, cumplen funciones de conservación y dan color rosado a la carne procesada.
En el ambiente ácido del estómago, estos compuestos pueden transformarse en nitrosaminas, sustancias asociadas con un mayor riesgo de cáncer de intestino, próstata y mama.
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En 2015, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó la carne procesada como cancerígena.
En enero de 2026, dos grandes estudios de la cohorte NutriNet-Santé reforzaron esa evidencia: quienes consumían más nitritos registraron un 47% más de riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 frente a quienes los ingerían con menor frecuencia.
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3) Emulsionantes: aditivos y alteraciones en el intestino
La carboximetilcelulosa y el polisorbato-80 destacan entre los emulsionantes más usados en panes industriales, pizzas congeladas, hamburguesas, nuggets y salsas. Actúan al mezclar ingredientes como aceite y agua, pero su efecto sobre el microbioma intestinal es motivo de seguimiento en la comunidad científica.
Estudios demostraron que estos compuestos modifican de manera duradera los microbios del sistema digestivo y favorecen la inflamación intestinal. Además, se asociaron con un mayor riesgo de enfermedad inflamatoria intestinal (EII), síndrome metabólico y obesidad.
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La Dra. Touvier precisa que productos con imagen saludable, como yogures bajos en grasa, suelen emplearlos para reemplazar la textura que aporta la grasa natural.
4) Aceite de palma modificado y salud cardiovascular
El aceite de palma interesterificado se utiliza como sustituto de las grasas trans en margarinas, cremas para untar, galletitas y productos de panadería industrial.
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Aunque los expertos lo consideran más seguro que las grasas trans, diversos estudios con mezclas comerciales de aceite de palma evidenciaron que puede causar picos elevados de lípidos en sangre tras las comidas, lo que representa una carga para el sistema cardiovascular.

“Lo más seguro es limitar la frecuencia con la que se consumen alimentos altamente procesados que dependen en gran medida de estas grasas de palma modificadas”, recomendó la Dra. Touvier en diálogo con Science Focus. El ingrediente puede resultar difícil de identificar, ya que en el etiquetado aparece a menudo como “aceite de palma”.
5) Jarabe de maíz y sobrecarga hepática
El jarabe de maíz con alto contenido de fructosa (JMAF) endulza gaseosas, cereales, yogures, dulces e incluso alimentos salados como pan o kétchup. A diferencia de la glucosa, la fructosa necesita ser procesada en el hígado, donde, si se consume en exceso, se convierte en grasa.
Investigaciones internacionales vincularon el consumo habitual de JMAF a enfermedad del hígado graso, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2 y obesidad, además de alterar la microbiota intestinal y debilitar la mucosa digestiva.

El efecto cóctel: combinación simultánea de aditivos
Un aspecto aún no evaluado sistemáticamente por organismos reguladores como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) es el impacto derivado del consumo simultáneo de varios aditivos.
En 2025, el equipo de la Dra. Touvier publicó un estudio que identificó las principales mezclas de aditivos presentes en dietas reales. Dos de esas combinaciones, una dominada por emulsionantes y otra por aditivos de bebidas azucaradas, se vincularon a un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, incluso al controlar factores de estilo de vida y calidad de dieta.
Experimentos en células humanas intestinales, hepáticas y cerebrales detectaron efectos de dichas combinaciones que no pueden atribuirse a los aditivos individuales, reforzando la hipótesis de un “efecto cóctel” con consecuencias aún por determinar.
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