
En una edición reciente de The Dr. Hyman Show, dos referentes de la medicina integrativa pusieron el foco en un tema clave: cómo la alimentación impacta directamente en la mente y el cuerpo. El médico e investigador William Li, presidente de la Angiogenesis Foundation, y el especialista Mark Hyman analizaron el vínculo entre dieta, microbioma intestinal e inflamación, revelando cómo estos factores están profundamente conectados con la salud mental.
Ambos especialistas sostuvieron que la dieta repercute no solo sobre el estado físico, sino también en las emociones, el comportamiento y la prevención de enfermedades neurológicas, al incidir directamente sobre el microbioma intestinal y la comunicación intestino-cerebro a través del nervio vago.
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Según los expertos, la alimentación puede influir de forma decisiva en la salud mental, ya que los nutrientes y compuestos bioactivos presentes en los alimentos modifican el microbioma intestinal, cuyo intercambio con el cerebro regula la cognición y el riesgo de trastornos emocionales, en función de la dieta y la presencia de alimentos ultraprocesados y azúcares.

Durante la entrevista, Li planteó que “nuestro software no falla, pero sí tenemos instalado un sistema operativo equivocado”, en relación a cómo las pautas alimentarias occidentales pueden afectar el equilibrio cerebral y metabólico. A su vez, Hyman remarcó que los trastornos mentales actuales no se deben a defectos humanos, sino a cambios en el entorno y, principalmente, los hábitos alimentarios.
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El rol del microbioma intestinal y su comunicación con el cerebro
En el pódcast, Li detalló que el microbioma intestinal consta, según estimaciones científicas recientes, de aproximadamente 3,9 × 10¹³ (39 billones en sistema anglosajón; 39 millones de millones en español) de bacterias. Este vasto ecosistema simbiótico, análogo en complejidad a un arrecife de coral y asentado sobre todo en el ciego del intestino grueso, puede enviar señales al cerebro vía nervio vago.
Según William Li, la comunicación entre intestino y cerebro es más directa de lo que parece: “las bacterias beneficiosas o nocivas pueden enviar mensajes tipo texto a tu cerebro por el nervio vago”. Este eje intestino-cerebro explica cómo la flora intestinal puede influir en el estado de ánimo y en la conducta.
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En la misma línea, Mark Hyman aportó evidencia clínica al relatar casos en los que tratar la disbiosis intestinal derivó en mejoras en la salud mental, reforzando la importancia de este vínculo como un factor médico clave.

Li advirtió que durante décadas la medicina tradicional subestimó el papel del intestino en la salud mental. Hoy, disciplinas como la psiquiatría metabólica y nutricional están cambiando ese paradigma al reconocer la existencia de un “segundo cerebro” en el sistema digestivo.
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Además, el especialista destacó un dato clave: no solo las bacterias vivas tienen impacto, sino también las inactivas, ya que sus moléculas señalizadoras pueden influir directamente en el cerebro, ampliando el alcance de esta conexión biológica.
Al citar estudios recientes, mencionó a Lactobacillus reuteri y Bifidobacterium longum 1714 como especies bacterianas con evidencia de modular la oxitocina y mejorar la calidad del sueño respectivamente. “Para tener buena salud mental y cerebral necesitas un microbioma intestinal sano, y eso lo logras desde tu dieta”, afirmó.
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Polifenoles, fitonutrientes y su influencia sobre la mente
La conversación abordó los polifenoles y otros fitonutrientes presentes en frutas, verduras y alimentos integrales. Li explicó que, además de proteger a las plantas, estas moléculas cumplen funciones antiinflamatorias y neuroprotectoras en seres humanos.
“Los polifenoles son la farmacia de la naturaleza: dan color a los alimentos, pueden reducir la inflamación, mejorar el metabolismo y alimentar el microbioma intestinal como prebióticos”, expuso.
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En ese sentido, puso como ejemplo el ácido elágico (abundante en frutillas, sobre todo orgánicas), que combina efecto antiinflamatorio directo con la acción de bacterias intestinales benéficas encargadas de su metabolización.

El especialista se refirió también a compuestos específicos como la anandamida, presente en el cacao (chocolate negro) y trufas. La anandamida actúa como un neurotransmisor endocannabinoide asociado a la regulación del ánimo y la relajación.
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Estudios experimentales han descrito su influencia positiva en la sensación de placer y reducción de la ansiedad, aunque la ciencia continúa evaluando su impacto clínico real. Según ilustró Li en el pódcast: “El chocolate negro, gracias a su contenido de anandamida, puede generar esa sensación de felicidad y bienestar”.
Entre los compuestos más recientes que capta la atención de la ciencia, William Li destacó la mentoflavona, presente en el melón cantalupo. Según explicó, este flavonoide ha sido asociado en estudios preclínicos con la reducción de la ansiedad, al actuar sobre receptores neuronales, aunque aclaró que su efecto en humanos aún necesita mayor validación.
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En esa línea, Mark Hyman resumió su potencial con una frase llamativa: “El cantalupo es como un Valium natural”, poniendo en evidencia el interés creciente por el impacto de los alimentos en la salud mental.
Li enfatizó la preferencia por alimentos orgánicos y variados, pues los vegetales expuestos a condiciones más naturales desarrollan concentraciones superiores de polifenoles y fortalecen sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.

Alimentos ultraprocesados y el “reset alimentario”: impacto clínico y cifras
El diálogo profundizó en los riesgos de consumir alimentos ultraprocesados, azúcares y aditivos. “La inflamación es uno de los principales factores detrás de las enfermedades mentales modernas”, advirtió Hyman.
“Si puedes eliminar los alimentos inflamatorios y aumentar la ingesta de polifenoles y compuestos beneficiosos, puedes dar un gran paso para cuidar tu salud mental”, añadió Li.
Ambos expertos coincidieron en la eficacia del reset alimentario: periodos cortos de exclusión total de alimentos procesados, azúcares, harinas refinadas y aditivos, con el fin de restablecer la sensibilidad cerebral y las preferencias alimentarias.
En palabras de Hyman, “miles de personas notaron una disminución significativa de síntomas y una mejoría del estado emocional tras aplicar estos cambios básicos”, sumando así evidencia de su impacto clínico.
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