
Dormirse no es un proceso lento y progresivo, sino un cambio repentino en la actividad del cerebro, según un estudio publicado en Nature Neuroscience y difundido por New Scientist. Al analizar datos de más de mil personas, los investigadores descubrieron un “punto de no retorno” que marca el momento exacto en que el cerebro pasa bruscamente de estar despierto a dormido.
Este hallazgo desafía las ideas tradicionales sobre el sueño y podría ayudar a mejorar el tratamiento del insomnio y otros trastornos del descanso
Investigación y metodología del Imperial College London
El equipo liderado por Nir Grossman y Junheng Li, del Imperial College London, desarrolló un nuevo marco para estudiar el inicio del sueño. Utilizaron electroencefalografía (EEG) para registrar la actividad eléctrica cerebral y modelaron 47 señales de EEG en un espacio matemático abstracto donde cada punto representaba un estado cerebral particular.
Esta metodología permitió rastrear con precisión el trayecto de la actividad cerebral desde la vigilia hasta la llamada “zona de inicio del sueño”, correspondiente a la segunda etapa del sueño no REM.

Grossman detalló a New Scientist que, gracias a este abordaje, ahora es posible medir en cada segundo cuán próxima está una persona a quedarse dormida. Al aplicar el método a los datos de más de 1.000 voluntarios, el equipo observó que la distancia entre la actividad cerebral y el inicio del sueño se mantenía estable hasta aproximadamente diez minutos antes de dormir.
En ese momento, se producía una caída abrupta en los minutos previos. Según Junheng Li, el “punto de no retorno” suele situarse, en promedio, 4,5 minutos antes de quedarse dormido, señalando el instante en que el cerebro cambia radicalmente su estado.

Estos resultados confirman que la transición al sueño ocurre de modo drástico y repentino. Grossman manifestó a New Scientist que la manera habitual de describir el acto de dormir —como “caer” en el sueño— refleja fielmente el cambio neural: “Es casi una evidencia de esa sensación de caer en un estado diferente”, explicó.
Validación adicional y predicción precisa del sueño
Para validar los hallazgos, el equipo obtuvo datos de EEG de un grupo adicional de 36 personas, monitorizadas durante una semana. Tras analizar un subconjunto de esas noches, lograron predecir el momento exacto de quedarse dormidos con un margen de error de apenas un minuto frente al instante real. Este nivel de precisión representa un avance notable en la capacidad de anticipar cuándo una persona perderá la conciencia de la vigilia.

Laura Lewis, investigadora del Massachusetts Institute of Technology, explicó a New Scientist que, si bien existen diferencias entre las personas, cada una parece preservar un patrón consistente de transición al sueño noche tras noche. Sin embargo, advirtió que no está claro si ese patrón se mantendría en circunstancias distintas, como al dormir en un entorno desconocido o ante cambios ambientales.
Futuros avances y aplicaciones en el insomnio
El marco propuesto todavía no revela los mecanismos cerebrales exactos que desencadenan el paso de la vigilia al sueño, reconoció Li.
No obstante, Lewis subrayó que esta herramienta podría facilitar esa identificación: “Con el inicio del sueño, siempre ha sido muy difícil encontrar ese momento”, afirmó. “Si supiéramos cuándo ocurre, podríamos empezar a determinar qué región o circuito cerebral provoca que alguien se duerma”.

Comprender en detalle la dinámica de esta transición abre nuevas oportunidades para identificar diferencias en personas con insomnio y, en consecuencia, desarrollar tratamientos innovadores dirigidos a los mecanismos cerebrales responsables de la dificultad para iniciar el sueño.
Según New Scientist, este descubrimiento puede marcar un antes y un después en la investigación sobre los trastornos del dormir y su tratamiento clínico.
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