
Mientras los mercados internacionales elevan sus exigencias en sostenibilidad, trazabilidad y control de la deforestación, América Latina se posiciona como una región con potencial para liderar la producción sostenible de aceite de palma.
Así lo aseguró Joseph D’Cruz, director ejecutivo de la Mesa Redonda sobre Aceite de Palma Sostenible (RSPO), en entrevista con Infobae realizada en el marco del III Congreso Palmero Mexicano, organizado por la Federación Mexicana de Palma de Aceite (Femexpalma).
El directivo destacó que la región combina altos niveles de eficiencia productiva con una oportunidad única de expansión sin deforestación. “En términos de calidad y eficiencia, la región ya muestra un desempeño muy alto. Y en términos de escala y volumen de producción, América Latina es una de las pocas regiones con el potencial de expandir la producción sin tener que deforestar”, afirmó.

Una ventaja clave: crecer sin deforestar
En países como Colombia, el 99% de las plantaciones de palma de aceite se estableció sin deforestación. En Guatemala, más del 99,3% de las plantaciones se desarrolló sin relación con deforestación, según el monitoreo satelital del gremio de palmicultores de Guatemala (GREPALMA). En México, existen 14 millones de hectáreas con potencial para nuevos cultivos sin afectar bosques.
“Es una enorme oportunidad de mercado, porque no se espera que la producción mundial aumente de forma drástica, mientras la demanda de palma sostenible crece con fuerza”, explicó D’Cruz.
Sin embargo, advirtió que el reto no es solo producir de forma sostenible, sino capturar ese valor en el mercado. “Los productores deben poder acceder a precios premium y mercados que reconozcan esa sostenibilidad”, señaló.

Regulación más exigente
El principal desafío del sector no está en la producción, sino en hacer viables los estándares de sostenibilidad, especialmente para pequeños productores.
“¿Cómo logramos que los estándares funcionen para productores que se sienten sobrerregulados y poco respaldados?”, planteó D’Cruz.
Según explicó, las exigencias regulatorias y del mercado aumentaron más rápido que los mecanismos de financiamiento que deberían acompañarlas. “Las expectativas del mercado y de los reguladores aumentan año con año, y los sistemas que se han implementado para cumplirlas son cada vez más complejos. Al mismo tiempo, no se ha revisado el modelo financiero de fondo que sustenta cómo se financian las prácticas sostenibles”, señaló.

En este contexto, la RSPO busca reducir la carga de cumplimiento y fortalecer el valor de la sostenibilidad en el mercado.
Reglas del comercio global y presión sobre la certificación
El avance de regulaciones como el Reglamento de la Unión Europea sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR) está cambiando el acceso a mercados internacionales.
Para D’Cruz, el impacto depende del nivel de preparación de cada productor. “Para quienes ya han invertido en certificación, trazabilidad y sistemas de documentación, estas nuevas reglas pueden convertirse en una ventaja competitiva. Para quienes no han hecho esa inversión o para los pequeños productores que no están en condiciones de hacerla, esas mismas regulaciones se convierten en una barrera”, advirtió.

Actualmente, más de 175.000 pequeños productores están certificados bajo estándares RSPO, lo que les permite acceder a mejores ingresos, asistencia técnica y oportunidades comerciales. Sin embargo, el acceso a financiamiento y la demanda limitada de productos certificados siguen siendo obstáculos para ampliar el modelo.
Tecnología: el nuevo estándar del sector
La industria avanza hacia un modelo donde la sostenibilidad debe poder demostrarse con datos verificables.
El uso de inteligencia artificial, monitoreo satelital y plataformas digitales de trazabilidad está transformando la medición del impacto ambiental y social.

En ese contexto, la RSPO impulsa prisma , su plataforma digital de certificación y trazabilidad, diseñada para fortalecer la verificación del cumplimiento en la cadena de suministro. “Nuestra plataforma da a los miembros la infraestructura práctica para demostrar cumplimiento ante regulaciones como el EUDR. La certificación no es fácil de obtener. Eso es parte del punto. La certificación RSPO demuestra que los productores están cumpliendo con los estándares más robustos disponibles en cualquier parte del sector global de aceites vegetales”, señaló el directivo.
D’Cruz añadió que el objetivo va más allá del cumplimiento formal. “La certificación es la base; el impacto real, medible y verificado, es la meta final”.
El reto hacia 2030 y el rol de los espacios sectoriales
De cara a 2030, el principal desafío para América Latina será convertir su desempeño en sostenibilidad en evidencia verificable y reconocida por los mercados internacionales.

Para D’Cruz, la región reúne una combinación única de producción certificada, liderazgo de productores y capacidad tecnológica que podría consolidarla como referente global en sostenibilidad agrícola.
Finalmente, destacó la importancia de encuentros como el III Congreso Palmero Mexicano, organizado por Femexpalma, como espacios clave para el sector. “Foros como este importan porque esa conversación no puede darse a través de resoluciones o documentos de postura: requiere que productores, compradores, organismos de estándares y expertos estén en la misma sala, comparando experiencias reales”, concluyó.
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