Entender cómo funcionan las hormonas es fundamental para manejar el estrés y regular el apetito. Así lo señala Gary Brecka, biohacker y biólogo humano, en el podcast Ultimate Human, donde analiza cómo el cortisol, la leptina y la grelina afectan el peso, la salud mental y la energía diaria.
“Vivimos rodeados de estímulos constantes, desde notificaciones en el teléfono hasta alimentos ultraprocesados, que dificultan percibir lo que el cuerpo realmente intenta comunicar”, advierte Brecka en el Ultimate Human Podcast with Gary Brecka. Para él, estas tres hormonas “pueden trabajar para ti o en tu contra”, y resultan clave para comprender la verdadera naturaleza de nuestro apetito y reacción al estrés.
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El especialista resalta la importancia de escuchar las señales hormonales: “Nos dicen todo el tiempo que escuchemos a nuestro cuerpo, pero ¿qué significa realmente eso? Estas tres hormonas nos indican cuándo tenemos hambre y cuándo estamos estresados. Si no sabes cómo funcionan estos sistemas, podrías estar luchando cuesta arriba contra tu propia biología”.
Cortisol: la hormona del estrés, pero indispensable

Respecto al cortisol, Brecka lo llama “la hormona del estrés”, pero aclara: “El cortisol tiene mala fama, pero los picos agudos son necesarios para la supervivencia”. Precisa que el problema no es experimentarlo, sino mantenerlo elevado: “El problema surge cuando la respuesta al estrés, que debería ser puntual, se vuelve crónica y los niveles de cortisol permanecen elevados de forma constante”.
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La liberación de cortisol sigue un ritmo diario. Según el experto, “tus niveles de cortisol siguen un ritmo circadiano diario. Alcanzan su punto máximo poco después de despertar, dándote energía para empezar el día, y luego disminuyen gradualmente hasta llegar a su nivel más bajo por la noche, permitiendo un sueño reparador. Cuando este patrón se altera, todo el sistema hormonal sufre”.

Brecka respalda sus afirmaciones con estudios recientes: “Una revisión sistemática analizó decenas de ensayos clínicos sobre intervenciones para reducir el estrés. Se evaluaron prácticas de mindfulness, cambios de mentalidad y ejercicio aeróbico, midiendo su efecto en la reducción del cortisol basal. El hallazgo más relevante fue que combinar varias de estas técnicas produce el mayor beneficio a largo plazo”.
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Aporta técnicas concretas para bajar el estrés: “Un artículo único presentó el concepto de ‘pastillas de naturaleza’. Los científicos comprobaron que la sensación de calma al estar en el bosque o la playa tiene una base química y biológica. Incluso exposiciones breves de 20 a 30 minutos a espacios verdes pueden reducir significativamente el cortisol”.
Además, enfatiza el poder de la respiración profunda: “Los ejercicios de respiración profunda estimulan el nervio vago y promueven el equilibrio autonómico, lo que reduce la formación de cortisol. Practicar al menos cinco minutos varias veces al día ha demostrado disminuir la ansiedad y la activación de lucha o huida”.
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Leptina y grelina: el ciclo hambre-saciedad

La leptina y la grelina funcionan como un sistema dual para el control del hambre y la energía. “Trabajan en oposición, creando una dinámica interconectada para gestionar el hambre y el almacenamiento de energía”, explica Brecka.
La leptina es clave para la saciedad: “La leptina se produce en las células grasas y, a medida que aumentan las reservas de grasa, los niveles de leptina suben, enviando señales al cerebro para suprimir el apetito y aumentar el gasto energético”.
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Por el contrario, “la grelina, generada principalmente en el estómago, estimula el hambre y favorece el almacenamiento de grasa, especialmente cuando el estómago está vacío”.

Sobre la complejidad de su acción, Brecka señala: “Un estudio de 2024 detalló cómo estas vías influyen en el hambre y la saciedad a través de la interacción con diferentes sistemas cerebrales. El hipotálamo regula el apetito básico, mientras que el sistema límbico añade componentes emocionales y de recompensa a la alimentación”.
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El impacto de las dietas restrictivas no pasa inadvertido para Brecka: “Cuando consumes menos calorías, la grelina aumenta y la leptina disminuye. Aunque podría parecer positivo comer menos, muchas personas desconocen que esto puede dificultar el control del peso. El cuerpo interpreta la restricción calórica como una señal de inanición y responde intensificando las señales de hambre y reduciendo la sensación de saciedad”.
Y va más allá: “La leptina hace mucho más que suprimir el apetito. Interviene en la salud reproductiva y la función inmunitaria. Cuando los niveles bajan demasiado, las mujeres pueden dejar de ovular y cualquier persona puede experimentar problemas inmunológicos”.
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Hormonas y entorno: retos actuales

Brecka advierte sobre la complejidad ambiental: “La alimentación ultraprocesada, los horarios irregulares, el estrés crónico y el sueño insuficiente contribuyen a la disfunción hormonal, dificultando el mantenimiento de un peso saludable y la gestión del estrés. Algunas personas luchan con el peso incluso comiendo menos, porque la resistencia a la leptina impide que el cerebro reciba las señales adecuadas, lo que genera hambre persistente pese a tener reservas energéticas suficientes”.
Además, “la elevación crónica del cortisol afecta la sensibilidad a la leptina y puede aumentar la producción de grelina. El mal sueño altera las tres, elevando el cortisol y desajustando la leptina y la grelina. Los patrones irregulares de alimentación estresan el sistema del cortisol y confunden la regulación del apetito”.
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Qué hacer: recomendaciones prácticas

Concretamente, Brecka recomienda: “El mantenimiento de patrones saludables de cortisol depende de la gestión del estrés, la higiene del sueño y la exposición a la naturaleza. El equilibrio del apetito responde a horarios de sueño regulares, comidas a intervalos constantes, ingesta adecuada de proteínas y la reducción de alimentos procesados”.
Sobre el ejercicio y la importancia de perseverar en los hábitos, concluye: “El ejercicio regular mejora la sensibilidad a la leptina, haciendo que el cerebro responda mejor a su efecto supresor del apetito.
Además, la gestión del estrés es fundamental, ya que el cortisol elevado puede alterar tanto la leptina como la grelina, favoreciendo el consumo emocional y los antojos de alimentos calóricos”. Y concluye: “Estas intervenciones no son complicadas, pero requieren consistencia para lograr cambios duraderos”.
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