
Este Día Mundial Sin Tabaco nos da una gran oportunidad para visibilizar, concientizar y, en caso de necesidad, pedir ayuda: nunca es tarde para dejar de fumar y nunca es temprano para protegernos del humo. Cuando alguien fuma en un espacio compartido, la decisión es individual, pero las consecuencias son colectivas.
El tabaco consume nuestra salud, se lleva años de nuestras vidas y un millón de oportunidades que la vida misma nos concede. Hablemos entonces de esta epidemia silenciosa que se cobra millones de vidas y que comienza de manera invisible.
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Tomar conciencia significa entender que fumar no es una decisión que afecta únicamente al fumador: estas acciones comprometen a las personas y al medio ambiente. El compromiso se debe asumir de manera individual y, a partir de ahí, llevar protección a todos.
El humo del tabaco no reconoce límites y, a pesar de que cada vez hay más espacios libres de humo, todavía es frecuente ver personas fumando en sus vehículos particulares junto a otros individuos, también en las paradas de colectivos o en accesos a hospitales. Quienes están cerca, de manera involuntaria, quedan expuestos a sustancias tóxicas y contaminantes totalmente perjudiciales, especialmente para niños, embarazadas, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias.
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El humo contiene:
- Nicotina: sustancia altamente adictiva que afecta el cerebro y el sistema cardiovascular.
- Alquitrán: residuo pegajoso que daña los pulmones.
- Monóxido de carbono: gas altamente tóxico, inodoro, incoloro e insípido, que reduce el oxígeno en sangre.
Por todo esto, debemos construir ambientes sustentables, para lo que son necesarios la empatía, el respeto y el pleno compromiso. Respirar aire limpio no es un privilegio: es un derecho que tenemos todas las personas que formamos parte de la sociedad.
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Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tabaco se cobra más de 8 millones de personas al año en todo el mundo. Esta cifra se divide en:
Más de 7 millones de estas muertes se deben al consumo directo de tabaco. Alrededor de 1,3 millones corresponden a personas no fumadoras expuestas al humo (fumadores pasivos).
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Cada cigarrillo deja una huella que el cuerpo no olvida
A pesar de toda la difusión de la información, de la prueba y de los trabajos científicos totalmente actualizados, millones de personas no alcanzan a comprender lo dañino que es fumar. Por eso, recordemos lo siguiente.

El tabaquismo afecta la salud en tres categorías distintas (de acuerdo con la exposición al humo y a los residuos tóxicos):
- Fumadores de primera mano: se trata de las personas que fuman directamente el cigarrillo, inhalan el humo de manera voluntaria y reciben en sus pulmones el mayor impacto de las sustancias tóxicas.
- Fumadores de segunda mano (fumadores pasivos): es la persona que no fuma, pero aspira el humo que queda en el ambiente, proveniente del fumador activo.
- Fumadores de tercera mano: se refiere a la exposición a residuos tóxicos que quedan, por ejemplo, en la ropa, alfombras, muebles, paredes y piel, mucho tiempo después de que el cigarrillo se haya apagado. Estos componentes reaccionan con el ambiente y son nocivos para niños (que gatean) o mascotas que lamen las superficies.

Fumar no solo daña los pulmones: también se producen lesiones en la laringe y la persona puede comenzar a tener voz ronca. En ese caso, hay que biopsiar, tomar una muestra de esa lesión y luego, de acuerdo con el resultado, tomar decisiones para el tratamiento adecuado. Lesiones en los labios, quemaduras directas o manchas oscuras también deben ser estudiadas. También puede haber manchas y presencia de material pegajoso en los dientes.
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Refiriéndonos específicamente al humo del tabaco, afecta prácticamente todos los órganos del cuerpo e incrementa el riesgo de cáncer, enfermedades cardiovasculares, accidente cerebrovascular, Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) y muchísimos trastornos respiratorios.
Afecta también el sentido del olfato y el gusto: se trata de dos sentidos esenciales para disfrutar de la vida, oler y comer, detectar peligros y lograr tener buena calidad de vida.
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Cada inhalación introduce miles de sustancias químicas que generan inflamación y estrés oxidativo, lo que produce envejecimiento prematuro de los tejidos. Esto comienza temprano, mucho antes de que aparezcan la tos, la falta de aire u otros síntomas.
Tampoco es inocuo el humo del medio ambiente, que surge de la combustión incompleta del petróleo y sale de los escapes de colectivos, autos y camiones, y también del humo de las quemas de pastizales. Esto aumenta los síntomas en personas con enfermedades respiratorias, como el asma, e incrementa los síntomas en personas alérgicas, ya que el humo es altamente irritante. Contiene material particulado PM 2.5 y PM 10, micropartículas de hollín y cenizas que quedan suspendidas en el aire y son altamente nocivas para el aparato respiratorio; también penetran en los pulmones.
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En el caso de los vehículos, el humo también contiene sustancias químicas y metales, como arsénico, formaldehído, plomo e hidrocarburos no quemados o parcialmente quemados, formando el smog. Por eso, debemos pensar que el aire que compartimos forma parte de nuestra responsabilidad dentro de la sociedad.
Más allá de todo, también hay buenas noticias: al dejar de fumar aparecen rápidamente los beneficios:
- Disminuye la frecuencia cardíaca.
- Mejora la oxigenación de la sangre.
- Mejora el olfato y el gusto.
- Con el paso de los años se reduce significativamente el riesgo de enfermedades graves.
Dejar de fumar es pensar en tu salud: no es perder un hábito, es ganar libertad y mejorar la calidad de vida. Cada día sin humo mejora nuestras vidas y también la del planeta.
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Dra. Stella Maris Cuevas
MN: 81701
Médica otorrinolaringóloga - Experta en olfato – Alergista
Ex-presidenta de la Asociación de Otorrinolaringología de la Ciudad de Buenos Aires
(AOCBA)
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