
Los tratamientos contra el cáncer de mama pueden debilitar los huesos y aumentar el riesgo de osteoporosis y fracturas. Por eso, médicos consultados por la Cleveland Clinic recomiendan incorporar el cuidado óseo desde el comienzo del plan terapéutico, con controles programados y medidas preventivas ajustadas al perfil de cada paciente.
La advertencia adquiere dimensión sanitaria por la magnitud del diagnóstico a escala global. En 2022, el cáncer de mama registró 2.296.840 nuevos casos y 666.103 muertes en el mundo, según estimaciones de GLOBOCAN, el observatorio estadístico de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer. Esa carga vuelve relevante el manejo de efectos tardíos asociados a la atención oncológica, entre ellos la pérdida de densidad mineral ósea.
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El cáncer de mama, en sí mismo, no deteriora el esqueleto de manera directa. El impacto aparece cuando algunas terapias reducen los niveles de estrógeno, una hormona clave para conservar la masa ósea.

Esa disminución puede deberse al mecanismo de acción de ciertos fármacos o a una menopausia inducida durante el tratamiento. De acuerdo con la Cleveland Clinic, en ambos casos el organismo acelera la pérdida de densidad mineral y crece el riesgo de fragilidad y fracturas.
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La doctora Megan Kruse, oncóloga médica especialista en mama de la Cleveland Clinic, lo planteó así: “Estos tratamientos son sumamente efectivos, pero debemos atender los efectos colaterales y minimizar el riesgo”. Y agregó: “El objetivo es hacer que el tratamiento sea lo más llevadero y seguro posible a largo plazo”, según declaraciones difundidas por la institución.
Terapia hormonal: por qué el impacto varía según el fármaco
La terapia hormonal se usa sobre todo en el cáncer de mama con receptores hormonales positivos, un tipo de tumor que puede crecer estimulado por el estrógeno. Por eso, el tratamiento busca disminuir la cantidad de esa hormona en el cuerpo o impedir que actúe sobre las células del tumor para controlar la enfermedad, según especialistas de la Cleveland Clinic.
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Entre las opciones más utilizadas se encuentran los inhibidores de la aromatasa, como el anastrozol. Estos fármacos bajan el nivel de estrógeno en el organismo y suelen indicarse en mujeres posmenopáusicas o en pacientes con supresión de la función ovárica. Ese descenso hormonal puede acelerar la pérdida de densidad mineral ósea, advirtieron los especialistas.

No todas las alternativas impactan igual. El tamoxifeno, otro medicamento frecuente, bloquea el estrógeno principalmente en el tejido mamario y, en otras partes del cuerpo, puede tener un efecto similar al de un reemplazo hormonal. Kruse señaló que “en algunas personas, el tamoxifeno puede incluso ayudar a proteger la densidad ósea”, de acuerdo con lo citado por la Cleveland Clinic.
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La elección del esquema exige evaluar beneficios y riesgos caso por caso, según edad, estado menopáusico, antecedentes personales y riesgo basal de osteoporosis.
Quimioterapia y menopausia precoz: el vínculo indirecto
La quimioterapia no debilita los huesos de manera directa, pero puede afectar la salud ósea por una vía indirecta, especialmente en mujeres jóvenes: la menopausia precoz inducida. Ese cambio hormonal implica una caída anticipada del estrógeno, lo que incrementa la probabilidad de pérdida de densidad mineral, según la Cleveland Clinic.
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En ese sentido, Kruse explicó que “la quimioterapia puede desencadenar menopausia precoz”. Eso hace que “los niveles de estrógeno disminuyan antes de lo esperado, lo cual incrementa el riesgo de pérdida ósea”, afirmó, en declaraciones difundidas por la institución.
Densitometría DXA y prevención: quiénes requieren más vigilancia
Para detectar cambios a tiempo, la Cleveland Clinic señaló que suele indicarse una densitometría ósea por DXA antes de iniciar el tratamiento y repetirla cada uno o dos años, según el riesgo. El estudio —también llamado DEXA— mide la densidad mineral ósea, por lo general en columna y cadera, y ayuda a estimar la probabilidad de fracturas, según la guía clínica de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica (ASCO).
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“Este tipo de monitoreo es preventivo”, puntualizó Kruse. “Nos ayuda a determinar la situación de partida y los posibles cambios a lo largo del tratamiento, para así proteger la salud en el futuro”, agregó.

Además del control basal, ASCO recomienda prestar atención especial a pacientes con factores que elevan el riesgo de fragilidad, como antecedentes de fractura previa, bajo peso, tabaquismo, sedentarismo, historia familiar de fractura de cadera o uso prolongado de corticoides.
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En mujeres que reciben inhibidores de la aromatasa, la International Osteoporosis Foundation (IOF) difundió una guía actualizada en 2025 que recomienda evaluar el riesgo de fractura al iniciar la terapia endocrina y definir medidas preventivas y, cuando corresponde, tratamiento para proteger la densidad mineral ósea.
Hábitos, suplementos y tratamientos: medidas para reducir complicaciones
Las recomendaciones preventivas incluyen una alimentación equilibrada, con frutas, verduras y proteínas magras, y actividad física con carga. Caminar, hacer ejercicios de fuerza, practicar yoga o realizar rutinas aeróbicas son alternativas que pueden adaptarse a la etapa del tratamiento y a la condición clínica de cada persona.
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También se aconseja no fumar, limitar el consumo de alcohol y mantener una hidratación adecuada. El uso de suplementos de calcio y vitamina D puede indicarse según necesidades individuales. En casos de osteoporosis confirmada o de alto riesgo de fractura, ASCO menciona opciones farmacológicas destinadas a proteger el hueso, como bisfosfonatos o denosumab, siempre bajo indicación y control del equipo tratante.
La pérdida de densidad mineral suele no causar síntomas en sus etapas iniciales. Por eso, los especialistas recomiendan consultar si aparece dolor óseo persistente, si se registra pérdida de estatura, encorvamiento progresivo o si ocurre una fractura tras una caída de bajo impacto. Esos signos pueden indicar fragilidad y requieren evaluación médica para ajustar el plan de prevención y tratamiento.
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