
Las investigaciones recientes han descubierto una, para algunos, sorprendente conexión entre el sueño y el microbioma intestinal, que abre la puerta a estrategias innovadoras para mejorar la calidad del descanso nocturno.
Es que comer mejor durante el día podría ser una de las claves para dormir mejor, según nuevos estudios citados por New Scientist, que destacan cómo estos dos sistemas interactúan de manera bidireccional. Qué dicen otras investigaciones científicas.
El microbioma como regulador del sueño
Desde hace tiempo se sabe que el microbioma intestinal tiene un impacto profundo en la salud humana, pero la relación con el sueño apenas comienza a comprenderse. Elizabeth Holzhausen, investigadora de la Universidad de Colorado Boulder, señala que el microbioma no solo influye en el sueño, sino que también es afectado por él, creando una interacción dinámica.

En tanto, un estudio realizado a 720 participantes y publicado en la revista Sleep 2023, indicó que adultos con menor variabilidad en la duración del sueño nocturno presentaban una microbiota intestinal más diversa, lo que se asoció con una mejor calidad de descanso.
Por otro lado, investigadores del King’s College de Londres y la empresa Zoe observaron que los patrones de sueño irregulares, como dormir más los fines de semana, estaban relacionados con un incremento en bacterias “desfavorables” que afectan negativamente la salud.
Es más, de acuerdo con un trabajo divulgado en el European Journal of Nutrition, personas con diferencias de al menos 90 minutos en sus horarios de sueño entre semana y fines de semana mostraron alteraciones en la composición del microbioma y un aumento de marcadores inflamatorios.
Trastornos del sueño y cambios microbianos

Algunas alteraciones del sueño, como el trastorno de conducta REM, ofrecen un ejemplo claro de cómo el microbioma podría jugar un rol crucial. Este trastorno, caracterizado por movimientos físicos durante los sueños, se asocia con una disminución de bacterias productoras de butirato, un compuesto con propiedades antiinflamatorias, y con un aumento de bacterias que favorecen la inflamación.
Un estudio experimental publicado en Molecular Psychiatry (2024) demostró que el trasplante de microbiota fecal de ratones privados de oxígeno —modelo de apnea del sueño— a ratones sanos produjo patrones de sueño fragmentado, junto con una reducción del butirato intestinal.
Sin embargo, identificar con precisión las especies microbianas implicadas en la salud del sueño sigue siendo un desafío. Además, es complicado determinar si es el microbioma el que afecta el sueño o si el estilo de vida, incluido el tipo de dieta, influye en ambos factores.
El círculo vicioso entre dieta, sueño y microbiota

Sarah Berry, del King’s College, explica que el mal sueño puede llevar a tomar decisiones dietéticas poco saludables, lo que impacta negativamente en el microbioma. Estas decisiones, a su vez, reducen la diversidad microbiana y fomentan una composición intestinal menos saludable, cerrando un ciclo negativo que afecta la calidad del sueño.
Estudios en ratones arrojaron luz sobre esta relación. Experimentos mostraron que la eliminación de microbiota intestinal mediante antibióticos afecta los ciclos de sueño y vigilia. Además, cuando se trasplantan microbios fecales de ratones privados de oxígeno (imitando síntomas de apnea del sueño) a otros ratones, estos últimos también desarrollan patrones de sueño fragmentado, como surge del estudio publicado en Molecular Psychiatry.
En humanos, la apnea obstructiva del sueño no solo altera el microbioma, sino que este cambio podría a su vez exacerbar los síntomas de la apnea, creando un círculo vicioso.
Hacia una intervención efectiva

La comunicación entre el microbioma y el cerebro ocurre a través de varias vías: el nervio vago, sustancias químicas inflamatorias y hormonas que regulan los ritmos circadianos. Esto plantea la posibilidad de influir en el sueño mejorando la salud del microbioma.
Según un ensayo clínico, el uso de un suplemento probiótico con la bacteria Bifidobacterium longum 1714 redujo significativamente los puntajes en el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh (PSQI) en la cuarta semana de intervención, con efectos positivos percibidos en el descanso nocturno. Es más, mejoró la calidad del sueño en participantes con trastornos del descanso tras ocho semanas de uso.
Por otro lado, de acuerdo con una revisión sistemática publicada en Frontiers in Neurology, los probióticos —y en menor medida los paraprobióticos— mostraron una mejoría moderada en la calidad del sueño en adultos con trastornos del descanso.
En tanto, Katherine Maki, investigadora de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU., sugiere consumir alimentos ricos en fibra, grasas insaturadas y polifenoles, evitando comer muy temprano o muy tarde, para optimizar la producción de compuestos beneficiosos por parte del microbioma.
Con todas sus interacciones con el sistema inmunológico y las hormonas, el microbioma tiene el potencial de convertirse en un objetivo clave para mejorar el sueño. Estos avances podrían marcar un antes y un después en cómo abordamos los problemas de insomnio y otras alteraciones del sueño, subrayando la importancia de cuidar nuestra alimentación y, en consecuencia, nuestra salud intestinal.
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