
Para Celeste, trabajar en comercio exterior no es tarea fácil. En contextos donde todo cambia de forma repentina, “tener una red bien aceitada marca la diferencia”. El trabajo en equipo, la comunicación, mantenerse informado y estar presente en las cadenas productivas, son factores indispensables para gestionar correctamente las operaciones de comercio exterior.
¿Qué implica gestionar el comercio exterior para diferentes unidades de negocios?
Trabajar en un grupo industrial con unidades muy diversas obliga a adaptarse a una amplia gama de artículos para importar. Cada producto tiene sus requisitos específicos, y eso demanda estar constantemente actualizado en cuanto a normativas cambiarias y de importación. Por ejemplo, una rebaja arancelaria puede beneficiar a una industria, como la del cobre, pero no a otra, como la gráfica. Por eso, estar al tanto del Boletín Oficial, intercambiar información con colegas y leer de forma constante es parte del día a día.
Es una tarea muy exigente que requiere tener una mirada amplia y flexible. Las normativas cambian permanentemente y el contexto internacional también. Desde tensiones comerciales entre grandes potencias hasta nuevos estándares técnicos, todo puede tener un impacto directo. En este escenario, la capacidad de respuesta es tan importante como el conocimiento técnico.
¿Qué factores hay que tener en cuenta al elegir insumos para cada industria?
Lo más importante es conocer en profundidad la industria que vas a abastecer. No se trata solo de precio o calidad, sino de comprender los márgenes de tiempo, la resistencia de los materiales, los procesos productivos que dependen de ese insumo. Y para eso hay que meterse de lleno.
Siempre insisto en estar en la fábrica, hablar con quienes manipulan los materiales, entender lo que sirve y lo que no. A veces, un cambio pequeño, como el espesor de un caño, puede significar una gran diferencia en la línea de producción. El rol del comercio exterior también es ese: buscar mejoras desde el origen para optimizar todo el proceso.
¿Qué lugar ocupan los proveedores dentro de tu estrategia de trabajo en comercio exterior?
El secreto está en rodearse de buenos equipos, tanto internos como externos. Siempre digo que los proveedores que contrato tienen que ser parte de mi equipo. Por eso trato de diversificar, eligiendo a los mejores en cada rubro, confiando en su especialización y experiencia. Ellos me brindan información valiosa para tomar decisiones estratégicas.
Delegar no significa desentenderse, sino nutrirse de las capacidades de otros. Armar redes sólidas de información y trabajo colaborativo es fundamental para anticipar problemas y encontrar soluciones ágiles. Cuando el contexto cambia tan rápido, tener una red bien aceitada marca la diferencia.
¿Qué impacto tiene la tecnología en la gestión de comercio exterior?
La tecnología ayuda muchísimo. Desde la coordinación de cargas hasta la trazabilidad de los productos, todo se vuelve más eficiente. En mi caso, trabajo con proveedores en distintos husos horarios. A través de plataformas compartidas, cada parte puede cargar información en el momento que le resulta conveniente y la otra parte accede en tiempo real. Todo está conectado y eso agiliza enormemente el proceso.
Además, la tecnología permite compartir documentación, hacer seguimiento de embarques y prever demoras. Hoy todo está al alcance de un clic, y eso también cambia la lógica de trabajo. La confianza, además, se construye también desde lo tecnológico: seriedad, cumplimiento y disponibilidad constante son claves en cualquier relación comercial.

¿Qué desafíos enfrentan hoy los proveedores nacionales?
Hoy los proveedores nacionales están obligados a mejorar sus costos para poder competir con productos importados. Esta apertura comercial obliga a tener mejores precios, mejores plazos y mejor calidad. Eso lleva a una transformación profunda de la oferta local, que debe “aggiornarse” para seguir siendo viable.
Sin embargo, también es necesario que haya un acompañamiento desde el ámbito público. Una revisión del esquema impositivo podría contribuir a fortalecer a la industria nacional, que muchas veces compite en desventaja frente a lo que llega del exterior.
¿Qué perspectiva tenés sobre el crecimiento del comercio exterior en Argentina?
Depende mucho de las políticas que se implementen. El gobierno actual propone una apertura que representa una gran oportunidad, pero también un desafío. Es necesario que se acompañe esa apertura con mejoras en la competitividad, en el acceso a la tecnología y en los costos logísticos. Si se aprovecha bien, podemos acceder a herramientas que antes estaban vedadas.
Pero no alcanza con mirar hacia adentro. También hay que entender que el comercio exterior está influido por factores globales. Por eso, si logramos invertir en tecnología, profesionalizar aún más al sector y construir redes colaborativas sólidas, vamos a estar mucho mejor preparados para adaptarnos a ese escenario cambiante. El comercio exterior argentino tiene mucho potencial, y si lo encaramos con inteligencia y planificación, puede tomar un rol central para motorizar el crecimiento económico del país.
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