
“El deporte es parecido a la guardia del hospital: sabés que algo va a pasar, pero muchas veces no sabés exactamente qué ni cuándo.”. Con esa imagen, Bruno explica cómo una operación que combina transmisiones en vivo, canales de televisión, plataformas digitales y de streaming y cobertura regional exige una planificación permanente que convive, sin contradicción, con la incertidumbre absoluta del resultado deportivo.
El negocio del entretenimiento deportivo cambió mucho en los últimos años. ¿Qué tan diferente es operar hoy?
Muchísimo más complejo y sofisticado. Antes comprabas derechos, producías contenido, se lo vendías a una industria de televisión paga que crecía, y el valor lo ponían las señales. Hoy un suscriptor en una plataforma de streaming premium está a un clic de irse o de entrar. Antes darte de baja de un servicio de televisión paga requería llamar por teléfono. Hoy es un botón.
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Pero esa misma sofisticación trajo información que antes no existía. El rating era prácticamente todo lo que teníamos. Hoy hay datos sobre qué mira cada usuario, qué no mira, cuándo abandona, qué le gusta y qué no. La curiosidad que tengas como operador marca el límite de lo que podés conocer de tu audiencia.
¿Cómo definís hoy el éxito de un evento o producción deportiva?
No hay una respuesta única. Depende del tipo de contenido que estés evaluando. En formatos cortos para digital, los KPIs son los propios de esa plataforma. En televisión, el rating sigue siendo la vara. En streaming, lo que importa es la cantidad de cuentas activas y el tiempo que una persona pasa mirando lo que estás haciendo.
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Cuando se trata de inversiones en derechos deportivos, el desafío es otro: cualquiera que conozca el sector sabe que una propiedad importante te va a traer relevancia. El verdadero trabajo es cómo construir un negocio alrededor de esa adquisición: qué valor le da a los afiliados, cuánta adquisición genera en la plataforma de streaming, si ayuda a retener suscriptores o si atrae a un público que todavía no tenés.
¿Cómo es la logística de coordinar una operación de esta escala en simultáneo?
Es todo. Hay una operación regional de aproximadamente mil personas dedicadas al deporte. Y en una ventana de dos meses podés tener la final de la FA Cup en Londres, la final de la Europa League en Estambul, las finales de la Champions femenina y masculina en distintas ciudades, más el arranque de un Mundial, más las ligas locales que siguen su temporada normal.
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Eso significa mover equipos técnicos, personal operativo, productores y talentos —los periodistas, conductores y comentaristas que aparecen frente a cámara— a través de distintos países. Y al mismo tiempo tomar decisiones sobre si conviene llevar el propio equipamiento o alquilarlo en cada destino. No hay una fórmula fija: es un rompecabezas que se arma de nuevo para cada evento.

El próximo Mundial se juega en tres países. ¿Qué implica eso en términos operativos?
Es mucho más complejo que un Mundial concentrado en una sola sede. El anterior se jugó en una ciudad donde todos los estadios estaban a 30 o 40 minutos de distancia. Planificar eso es completamente diferente a coordinar operaciones en tres países con miles de kilómetros de distancia entre sí.
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En la cobertura regional hay que seguir a varias selecciones al mismo tiempo: Argentina, Brasil, México, Ecuador, Colombia, Uruguay. Eso requiere un equipo planificando con más de un año de anticipación dónde se va a estar, qué base se va a montar, cómo se aprovecha la infraestructura ya disponible en países donde hay operación propia. Y encima de eso, está la necesidad de localización: un periodista de otro país hablando de Argentina no le es relevante al hincha argentino.
¿Cómo se planifica algo que por naturaleza es impredecible?
El deporte es parecido a la guardia del hospital: sabés que algo va a pasar, pero muchas veces no sabés exactamente qué ni cuándo. Entonces construís una operación preparada para cualquier escenario. Necesitás tener plan A, Plan B y Plan C. Si esto empieza a subir, ya tenés pensado qué hacer.
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Para quienes no están en el ADN del deporte, eso puede parecer un caos. Pero no lo es. Está pensado el plan A, el plan B y el plan C según quién gana, qué pasa en el partido, si llueve y se suspende, si un juego llega a 50 games porque no termina. El Mundial se planifica con más de un año de anticipación. Pero hasta el día anterior no sabés quién juega contra quién. Esa es la naturaleza del vivo.
¿Por qué el deporte sigue siendo tan central como contenido, más allá de toda la fragmentación de plataformas?
Porque tatúa momentos. Hay pocas cosas que generen eso. El fútbol, la música en cierta medida, pero el deporte tiene algo que te marca recuerdos muy concretos: con quién estabas, dónde lo viste, el abrazo que te dieron. Eso no lo da cualquier contenido.
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En América Latina eso se exagera. No existe un fanático latinoamericano genérico. Hay fanáticos argentinos, mexicanos, brasileños, colombianos. Cada uno vive el deporte distinto. Y nuestra misión es estar ahí, en cualquier plataforma, con la relevancia local correcta.
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