La salud mental en declive: un estudio en 92 países mostró que en el mundo los jóvenes se sienten peor que los adultos mayores

Un equipo de la Universidad de Columbia analizó a más de 50.000 personas y encontró señales que ayudan a entender qué está detrás de la brecha de bienestar entre generaciones

Mujer de perfil junto a una ventana con gotas de lluvia, una lámpara encendida, una taza y transeúntes con paraguas en la calle.
El 28,6 % de los jóvenes de 18 a 25 años presentó síntomas de ansiedad o depresión dentro del rango moderado o grave. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Para muchos jóvenes, el paso a la adultez transcurre con menos energía, menor estabilidad emocional y dificultades para enfrentar los problemas cotidianos, según un relevamiento de la Universidad de Columbia en 92 países.

El estudio internacional con 53.799 participantes detectó que los adultos jóvenes registran el menor bienestar mental entre los grupos etarios evaluados, con resultados especialmente bajos en vitalidad, estabilidad emocional y resiliencia.

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La investigación, publicada en la revista Social Indicators Research, advierte que el deterioro de la salud mental no se limita a los países de menores ingresos.

El trabajo, encabezado por Kai Ruggeri, profesor de Política y Gestión Sanitaria de la Universidad de Columbia, cuestiona la idea de que el bienestar sigue una curva en U: niveles más altos en la juventud y la vejez, y un descenso durante la adultez media.

Los datos relevados en 2025 muestran un patrón diferente: las personas de 18 a 25 años obtuvieron indicadores de bienestar inferiores a los de los grupos de mayor edad.

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La menor vitalidad y la resiliencia explican el retroceso entre los jóvenes

Infografía con seis ilustraciones sobre ingresos, estudios, familia y trabajo, acompañadas de títulos y descripciones explicativas.
Un estudio de la Universidad de Columbia en 92 países vincula los ingresos, la educación, el empleo y el entorno familiar con mejores niveles de bienestar mental. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La encuesta consultó por diez dimensiones de la salud mental, entre ellas optimismo, autoestima, emociones positivas, sensación de competencia, compromiso y vitalidad.

También incorporó mediciones de estrés, depresión, ansiedad y satisfacción con la vida. Los puntajes globales más bajos se concentraron en vitalidad, estabilidad emocional y resiliencia, tres aspectos que el equipo vincula con la capacidad de afrontar dificultades y sostener el bienestar cotidiano.

Entre quienes tenían de 18 a 25 años, sólo el 14,7 % no registró señales de ansiedad o depresión en la escala utilizada. A la vez, el 28,6 % quedó dentro del rango moderado o grave de síntomas. En el total de la muestra, las proporciones fueron 23,6 % y 22,6 %, respectivamente.

El estudio no afirma que todas las personas jóvenes tengan un problema de salud mental, sino que identifica una tendencia dentro de la muestra internacional. Los autores observaron que el patrón se invierte casi sin excepciones a medida que aumenta la edad: los indicadores de bienestar mejoran en los grupos mayores.

“Estos hallazgos son más que una simple señal para los responsables políticos de que se necesitan soluciones para mejorar la salud mental de los jóvenes o de aquellos que tienen dificultades para llegar a fin de mes”, sostuvo Ruggeri en un comunicado de la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia.

Hombre argentino joven con camisa azul claro apoyado en una pared, con la cabeza baja y expresión de fatiga, en un ambiente interior con luces cálidas.
Un estudio de la Universidad de Columbia determinó que las personas de 18 a 25 años registran menor bienestar mental que los adultos de mayor edad. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El artículo académico evita presentar esos resultados como una radiografía definitiva de cada país. La investigación se basó principalmente en una encuesta en línea y sus autores señalan que las muestras no representan de forma perfecta a las poblaciones nacionales.

Por ese motivo, recomiendan no usar los resultados para establecer rankings entre países, sino para identificar tendencias generales y diferencias entre grupos sociales.

El nuevo relevamiento refuerza una advertencia que ya había planteado el Global Mind Project. Su informe anual presentado a principios de 2026 reunió respuestas de más de un millón de personas en 85 países y detectó una brecha entre adultos jóvenes y mayores de 55 años.

“Casi la mitad de los jóvenes adultos sufre problemas de salud mental de importancia clínica que afectan sustancialmente su capacidad para desenvolverse en la vida diaria”, afirmó Tara Thiagarajan, científica en jefe del proyecto, al presentar el reporte, según detalló Infobae.

Figura humana traslúcida que expone órganos internos con el cerebro y el corazón iluminados en tonos cálidos y unidos por filamentos.
Las dimensiones de salud mental con mayor puntuación fueron las relaciones, el sentido de la vida, la competencia, el compromiso y la autoestima (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aquella investigación señaló como factores asociados el debilitamiento de los vínculos familiares, la menor espiritualidad, el uso temprano de teléfonos inteligentes y el consumo de alimentos ultraprocesados. Ambos trabajos no son comparables de forma directa, pero coinciden en que la brecha por edad requiere atención.

Desde una mirada clínica, la licenciada Sonia Almada, psicóloga especializada en infancias y juventudes, advirtió en una columna publicada por Infobae que “cuando el futuro deja de funcionar como promesa, puede producirse una suspensión del trabajo adolescente”. Almada vinculó esa dificultad con la incertidumbre, la precariedad y la falta de referencias estables, variables que no fueron evaluadas por el estudio de Columbia.

La especialista condensó esa idea en otra frase: “Antes de pedirles que encuentren su lugar en el mundo, hay que hacerles lugar”. Su reflexión pone el foco en los vínculos y las redes de apoyo como parte del contexto en el que transitan el malestar las nuevas generaciones.

El estudio separa la salud mental de la ausencia de trastornos

Ilustración en acuarela de una joven de perfil con la mano en la barbilla frente a un espejo roto con un reflejo cabizbajo.
La convivencia en el hogar y las modalidades laborales presenciales o híbridas se vincularon con mejores índices frente al trabajo remoto y la vida en soledad. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El enfoque del trabajo no se limita a detectar síntomas de ansiedad o depresión. Sus autores distinguen entre la presencia de trastornos mentales y el bienestar mental positivo: una persona puede no registrar signos de enfermedad y, aun así, tener niveles bajos de energía, estabilidad emocional o sentido de propósito.

Con una regla exploratoria que combinó altos puntajes de bienestar y bajos indicadores de ansiedad y depresión, el 6,5 % de los participantes fue clasificado como “floreciente”. Los investigadores aclaran que se trata de una estimación de contexto y que futuras investigaciones deberán profundizar su validación.

Las relaciones positivas, el sentido de la vida, la competencia, el compromiso y la autoestima fueron las dimensiones con mejores resultados. Esa diferencia puede expresar una brecha entre la valoración que las personas hacen de su vida personal y su percepción de las condiciones externas. El informe menciona la inestabilidad económica y política, el miedo, el estrés y el agotamiento como factores que pueden erosionar el bienestar.

“Poblaciones enteras ya están sufriendo y sienten que su capacidad de adaptación se ve mermada aquí y ahora, no solo por un futuro incierto”, afirmó Ruggeri.

Hombre con sudadera sentado en un sofá. Hay ropa, un cojín y un control remoto en el sofá. Cortinas marrones en el fondo.
El incremento en el nivel educativo y la percepción de mayores ingresos mostraron una relación directa con el bienestar de los participantes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los ingresos, la educación y la convivencia se asociaron con mejores puntajes

El relevamiento encontró asociaciones entre bienestar y condiciones materiales. Las personas empleadas y quienes tenían mayores ingresos tendieron a registrar mejores resultados, sin que apareciera un punto a partir del cual esa relación se detuviera. Cada nivel adicional de educación también se vinculó con puntajes más altos de bienestar mental.

Vivir acompañado se asoció con mejores resultados que vivir solo, y los hogares de mayor tamaño reportaron puntajes superiores. En el caso de las personas ocupadas, los esquemas híbridos y los trabajos mayormente presenciales tuvieron valores de bienestar más altos que el empleo completamente remoto, aunque los autores precisaron que esos vínculos no permiten establecer causas.

La investigación reunió a 261 coautores y se realizó entre junio y agosto de 2025, con versiones del cuestionario en 50 idiomas. Sus conclusiones proponen que las políticas públicas miren más allá de las mediciones de felicidad o satisfacción con la vida y atiendan las dimensiones concretas que muestran mayor fragilidad entre los jóvenes.

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