Una terapia genética experimental logra señales alentadoras contra una forma rara de ELA

Investigadores de Mayo Clinic observaron en un único paciente una caída de hasta el 50% en un marcador de lesión neuronal tras aplicar un abordaje dirigido a una mutación poco frecuente. El hallazgo es preliminar, pero impulsa la medicina de precisión para patologías de muy baja prevalencia

Tres personas con batas blancas y guantes manipulan pipetas, tubos y recipientes sobre las mesas de trabajo de un laboratorio.
La aplicación de seis inyecciones en la médula espinal redujo hasta un 50% el biomarcador de daño neuronal en el paciente. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Investigadores de Mayo Clinic informaron resultados iniciales alentadores de una terapia experimental dirigida a la causa genética de una forma rara de esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

El estudio de un único paciente, publicado en Med, apunta a una posibilidad más amplia en la medicina de precisión: utilizar la causa genética de una enfermedad como marco para probar terapias altamente dirigidas, especialmente en pacientes con enfermedades raras que cuentan con pocas opciones de tratamiento.

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“No pensé que vería este tipo de investigación en vida: identificar una mutación causante de una enfermedad, desarrollar una terapia experimental y administrársela a un paciente,” afirma Björn Oskarsson, M.D., neurólogo de Mayo Clinic y autor principal del estudio. “Esto demuestra el poder de la ciencia y hasta dónde han llegado los tratamientos dirigidos genéticamente”.

Tratamiento dirigido a la ELA genética

Este trabajo se basa en una larga trayectoria de investigación sobre la genética de la ELA en Mayo Clinic. En 2011, la entonces neurogenetista de Mayo Clinic Rosa Rademakers, Ph.D., y sus colegas ayudaron a descubrir una mutación en el gen C9orf72, reconocida actualmente como la causa genética hereditaria más frecuente de la ELA. La Dra. Rademakers recibió el Breakthrough Prize in Life Sciences de 2026 por su papel en el descubrimiento. Los investigadores de Mayo Clinic también desarrollaron modelos iniciales que ayudaron a los científicos a investigar cómo contribuye la mutación a la ELA.

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Una mujer con bata, gafas protectoras y guantes observa una pantalla curva con modelos de ADN y neuronas dentro de un laboratorio.
La fundación n-Lorem evaluó más de 320 oligonucleótidos antisentido antes de seleccionar el fármaco para el ensayo clínico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Desde que se incorporó a Mayo Clinic, el Dr. Oskarsson ha ayudado a trasladar los avances en la genética de la ELA a la investigación de tratamientos, contribuyendo al primer tratamiento aprobado para la ELA genética.

La ELA daña progresivamente las neuronas motoras, las células nerviosas que controlan el movimiento voluntario. En este estudio, las pruebas genéticas identificaron una mutación en CHCHD10, un gen asociado a una forma rara de ELA. La mutación parece hacer que la proteína CHCHD10 resulte perjudicial para las células nerviosas y está relacionada con cambios anómalos en TDP-43, una proteína estrechamente asociada a la ELA.

Los investigadores de Mayo Clinic colaboraron con la organización sin ánimo de lucro n-Lorem Foundation, que desarrolla medicamentos basados en oligonucleótidos antisentido (ASO) para personas con enfermedades genéticas ultrarraras. Los ASO son cadenas cortas sintéticas de material genético diseñadas para unirse al ARN y reducir la producción de una proteína que contribuye a la enfermedad. La fundación desarrolló y evaluó más de 320 ASO dirigidos a CHCHD10 antes de seleccionar un candidato principal en función de su especificidad y de las primeras pruebas de seguridad.

Primeros indicios de respuesta al tratamiento

El estudio informa sobre las primeras seis dosis de ASO experimental administradas al paciente mediante inyecciones en el líquido que rodea la médula espinal. El tratamiento fue bien tolerado y los niveles de neurofilamento de cadena ligera —un biomarcador sanguíneo de lesión de las células nerviosas— disminuyeron hasta un 50%. Las mediciones de la respiración, la cognición y la función física se mantuvieron estables o mostraron una mejoría modesta.

Neurona azul con núcleo, mitocondrias, dendritas, axón y fragmentos de ARN con moléculas adheridas sobre un fondo celeste.
El Programa de Terapias N-de-1 de Mayo Clinic busca establecer marcos clínicos y regulatorios aplicables a tratamientos de enfermedades poco frecuentes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“La rápida respuesta del neurofilamento de cadena ligera fue muy alentadora”, afirma el Dr. Oskarsson. En una enfermedad progresiva como la ELA, añade, la estabilización puede ser un hallazgo significativo.

El estudio también ofrece a los investigadores la oportunidad de examinar más de cerca lo que ocurre dentro de las células durante la terapia. Utilizando muestras recogidas antes y durante la administración de los ASO, el equipo está estudiando los cambios en TDP-43, así como la función mitocondrial y la actividad genética. El objetivo es comprender cómo la supresión de CHCHD10 puede afectar al proceso de la enfermedad a nivel molecular.

La terapia continúa siendo objeto de investigación experimental y no forma parte de la atención clínica habitual. El Dr. Oskarsson estima que aproximadamente el 50% de los casos de ELA son de origen genético, pero señala que solo un subconjunto de esos casos es actualmente adecuado para un abordaje con oligonucleótidos antisentido. Algunas formas genéticas pueden requerir otras estrategias, incluida la edición genética.

Un marco para la precisión

Una médica con bata blanca y estetoscopio sostiene una tableta con gráficos junto a un paciente de espaldas vestido con una bata azul.
Las evaluaciones médicas registraron estabilidad en la capacidad respiratoria, cognitiva y motora del paciente tras recibir la terapia. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio forma parte de una iniciativa más amplia del Programa de Terapias N-de-1 de Mayo Clinic para determinar qué elementos del desarrollo de medicamentos, la evaluación clínica y el seguimiento pueden aplicarse a distintas terapias genéticas individualizadas.

“Casos como este son la manera en que comenzamos”, afirma Margot Cousin, Ph.D., directora del Programa de Terapias N-de-1 y autora principal del estudio. “Nos ayudan a desarrollar el marco científico, clínico, traslacional y regulatorio necesario para hacerlo de manera rigurosa y equitativa. A medida que aprendamos a ampliar estas estrategias, el impacto podría llegar mucho más allá de las enfermedades ultrarraras.”

La investigación sobre enfermedades ultrarraras puede ayudar a establecer parámetros de referencia de seguridad, perfeccionar las plataformas de tratamiento genético y determinar qué mecanismos de la enfermedad son más susceptibles a las terapias dirigidas. Estas lecciones podrían, en última instancia, contribuir a nuevos enfoques para enfermedades más frecuentes.

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