
Según la Academia Americana de Neurología, la salud cerebral es un estado continuo de logro y mantenimiento de la función neurológica óptima que mejor favorezca el bienestar físico, mental y social en cada etapa de la vida.
Sin embargo, muchas falsas creencias sobre la salud cerebral circulan en las conversaciones cotidianas y redes sociales. Aunque algunas no inciden en las decisiones de las personas, otras pueden llevar a postergar una consulta médica y minimizar síntomas de alarma.
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Existen mitos frecuentes vinculados con la memoria, las conmociones cerebrales, el accidente cerebrovascular y el desarrollo del cerebro. Saber cuál es la verdad científica y diferenciar los cambios esperables de las señales que requieren atención profesional permite tomar decisiones informadas en cada etapa de la vida.
Mito 1: si los síntomas de un ACV desaparecen, no hay peligro

Los síntomas que remiten en pocos minutos no deben interpretarse como una recuperación definitiva. Cerca de una de cada cinco personas que sufre un ataque isquémico transitorio padecerá un accidente cerebrovascular (ACV) completo dentro de los 90 días siguientes.
Un ataque isquémico transitorio se produce cuando el flujo sanguíneo hacia el cerebro queda bloqueado de forma breve y el coágulo se disuelve por sí solo. Esto se conoce como un “ictus de advertencia”.
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“Si una persona desarrolla síntomas similares a los de un derrame cerebral, como dificultad repentina para hablar o debilidad en un lado del cuerpo, estos síntomas podrían representar un ataque isquémico transitorio”, explicó en BrainHealth.com David L. Pérez, jefe de la división de neurología conductual de Mass General Brigham y profesor asociado de neurología y psiquiatría de Harvard Medical School.
Y completó: “Los síntomas similares a los de un ictus o ACV justifican una evaluación neurológica urgente”. La causa por la que persiste este mito es que un ACV a menudo no causa dolor. Sin dolor, muchas personas creen que pueden posponer ir a la guardia. Incluso si aparecen síntomas de ACV y luego desaparecen, es crucial buscar atención médica de inmediato, recomendó.
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Los accidentes cerebrovasculares se agrupan en dos grandes tipos:
- ACV isquémico: ocurre cuando se bloquea el paso de sangre hacia una parte del cerebro.
- ACV hemorrágico: se produce cuando se rompe un vaso sanguíneo y provoca un sangrado dentro o alrededor del cerebro.
El ACV se manifiesta por un déficit neurológico repentino (falta de fuerza o sensibilidad en una mitad del cuerpo, trastornos en el habla, asimetría en la cara) y/o cefalea intensa, instalado en el curso de minutos u horas. La localización del déficit en el cuerpo indica la zona del cerebro afectada y la magnitud de los síntomas refleja el tamaño de la lesión.
Ante la aparición de un ACV, lo primero y más importante es contactar de inmediato a los servicios de emergencia. Es fundamental no dudar en mencionar la sospecha de este episodio al llamar, ya que puede acelerar la atención adecuada.
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Mito 2: toda pérdida de memoria es una consecuencia normal de la edad

Olvidar dónde quedaron las llaves o tardar en recordar el nombre de un actor puede ser más frecuente con el paso de los años. Perderse en trayectos conocidos, repetir preguntas, tener problemas con tareas habituales o no poder administrar facturas y medicamentos, en cambio, no debe atribuirse de forma automática al paso de los años.
Eric Dinnerstein, neurólogo conductual de la Universidad de Texas en Tyler, señaló: “No es algo que deba descartarse como ‘simple envejecimiento’”.
“Las investigaciones sugieren que un porcentaje considerable de los diagnósticos de demencia tienen en realidad una causa subyacente tratable, como una deficiencia vitamínica, un trastorno tiroideo, un efecto secundario de la medicación, depresión o apnea del sueño”, afirmó el doctor Dinnerstein en BrainHealth.com.
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La velocidad de procesamiento y la memoria de trabajo suelen disminuir con los años, indicó Dinnerstein. El vocabulario, los conocimientos acumulados y el juicio formado durante décadas pueden mantenerse estables. “Respete el envejecimiento. Cuestione el deterioro. Proteja los años venideros”, resumió el especialista.
Mito 3: los antecedentes familiares determinan el futuro cognitivo

Los antecedentes familiares influyen en el riesgo de demencia, pero no determinan por sí solos el futuro de la mayoría de las personas. Pérez sostuvo que “los genes no son el destino” y que el riesgo genético es uno entre numerosos factores biológicos y vinculados con el modo de vida.
En 2024, investigadores estimaron que alrededor del 45 % de los casos de demencia en el mundo podrían prevenirse o demorarse si se abordaran 14 factores modificables. Entre ellos se encuentran la pérdida auditiva y visual, la hipertensión, el colesterol alto, la diabetes, la depresión y el aislamiento social.
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Un audífono, una operación de cataratas o el control de la presión arterial pueden contribuir al cuidado cerebral. Pérez también mencionó la actividad física regular, la dieta mediterránea, la actividad cognitiva, la reducción del estrés y la limitación del consumo excesivo de alcohol como hábitos asociados con beneficios protectores.
Mito 4: los suplementos y las “desintoxicaciones” protegen la memoria

El mercado de productos para la salud cerebral ofrece suplementos para preservar la memoria, fórmulas de “desintoxicación” y aplicaciones de entrenamiento que prometen elevar el coeficiente intelectual. Muchas de esas afirmaciones carecen de respaldo científico, aunque los suplementos no necesitan demostrar su eficacia antes de llegar a las tiendas.
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Pérez recomendó analizar la información antes de gastar dinero en productos con pruebas limitadas o inexistentes.
El riesgo no se limita al gasto: también puede instalar la falsa idea de que una compra resolvió un problema de salud que requiere evaluación profesional.
Mito 5: sin pérdida de conciencia no puede haber conmoción cerebral

La pérdida de conciencia ocurre en menos del 10 % de las conmociones cerebrales, según Johnathon Patrick Shaffer, director de neurociencias de IU Health South Region y médico del equipo de fútbol americano de la Universidad de Indiana. Por eso, su ausencia no descarta una lesión.
El dolor de cabeza, los mareos, las náuseas, la sensibilidad a la luz o al ruido, la confusión, los problemas de equilibrio y los cambios en el sueño o el estado de ánimo también pueden ser signos de conmoción. Ignorarlos y retomar demasiado pronto la escuela, el trabajo o el deporte puede prolongar la recuperación y elevar el riesgo de un nuevo traumatismo antes de que el cerebro se recupere.
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La indicación ya no es permanecer en una habitación oscura hasta que desaparezcan los síntomas. Shaffer precisó que las pautas actuales aconsejan reposo relativo y evitar pantallas durante las primeras 24 a 48 horas; después, se recomienda una vuelta gradual a las actividades cotidianas bajo supervisión clínica.
Mito 6: el cerebro termina de desarrollarse a los 25 años

La idea de que el desarrollo cerebral concluye a los 25 años simplifica en exceso un proceso que varía entre las personas y continúa con posterioridad. Esa edad funciona como un promedio aproximado, derivado de estudios de neuroimagen sobre cambios graduales, y no como una fecha límite.
Jessica Solomon Sanders, especialista en discapacidades del neurodesarrollo y profesora asistente de la Universidad de Colorado Anschutz School of Medicine, afirmó en el medio citado: “Construimos constantemente experiencias de vida de las que nuestro cerebro puede extraer conexiones”. El desarrollo de capacidades puede continuar después de los 25 años, en particular entre las personas con discapacidad intelectual.
Cómo cuidar la salud cerebral

La Academia Americana de Neurología promueve el cuidado cerebral durante toda la vida y brinda estas recomendaciones:
- Actividad física. Buscar una actividad que se disfrute —un deporte, bailar, la jardinería o cualquier otra cosa que mantenga activo— y hacerlo con otras personas.
- Calidad del sueño. Dormir ayuda al cerebro a eliminar toxinas y consolidar recuerdos.
- Alimentación. Es importante controlar la ingesta de calorías, limitar el consumo de sal y asegurar el acceso a frutas y verduras. Algunas buenas opciones son la dieta mediterránea o la dieta MIND, que incluyen alimentos ricos en antioxidantes como las verduras de hoja verde y las bayas.
- Prevención. Consultar al médico de cabecera y hacerse chequeos anuales. Esto puede ayudar a detectar problemas a tiempo.
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