
Durante el sueño, el cerebro procesa y consolida la información adquirida durante el día, reorganiza conexiones neuronales y participa en procesos fundamentales para el aprendizaje y la memoria.
Diversas investigaciones han demostrado que los niños que duermen adecuadamente presentan mejor rendimiento cognitivo, mayor capacidad de atención y una mejor regulación emocional.
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Por el contrario, la falta crónica de sueño puede afectar el desempeño escolar, la conducta y el bienestar general.

“Muchas veces se piensa que dormir es simplemente descansar, pero en realidad durante la noche ocurren procesos esenciales para el desarrollo cerebral. Incluso pequeñas reducciones sostenidas en el tiempo pueden generar consecuencias acumulativas”, señala la doctora Andrea Abadi, Directora del Departamento Infanto Juvenil de INECO.
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Uno de los factores que más interfiere actualmente con el descanso es el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse, ya que la luz emitida por las pantallas puede alterar los mecanismos biológicos que regulan el sueño.
Movimiento y actividad física: beneficios que también llegan al cerebro

La actividad física no solo favorece la salud cardiovascular y muscular. También estimula procesos biológicos que contribuyen al desarrollo cerebral y al fortalecimiento de funciones ejecutivas como la planificación, la atención y el control de impulsos.
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En particular, los deportes y actividades grupales aportan beneficios adicionales al combinar movimiento, interacción social, cooperación y cumplimiento de reglas.
“El juego y la actividad física representan oportunidades de aprendizaje permanentes. Cuando los niños se mueven, exploran y participan de actividades compartidas, también están desarrollando habilidades cognitivas y socioemocionales”, destaca la especialista.
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Alimentación y desarrollo cerebral

La nutrición cumple un rol fundamental durante la infancia y la adolescencia. El cerebro necesita nutrientes específicos para sostener su crecimiento y funcionamiento adecuado, entre ellos ácidos grasos esenciales, hierro, vitaminas y proteínas de calidad.
Los especialistas señalan que una alimentación basada principalmente en alimentos frescos y poco procesados favorece el desarrollo saludable, mientras que los patrones alimentarios con exceso de ultraprocesados y azúcares pueden asociarse a peores indicadores de salud.
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Pantallas: cuánto y cómo utilizarlas

El uso de dispositivos electrónicos es uno de los temas que más preocupa a las familias. Si bien forman parte de la vida cotidiana, la evidencia científica muestra que la exposición excesiva durante los primeros años puede interferir con aspectos importantes del desarrollo.
Las interacciones cara a cara continúan siendo fundamentales para la adquisición del lenguaje, el aprendizaje social y el desarrollo emocional.
“El cerebro de los niños aprende a partir de la interacción con otras personas. Las conversaciones, el juego compartido, las miradas y las respuestas del entorno son experiencias que ninguna pantalla puede reemplazar completamente”, afirma Abadi.
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Por este motivo, los organismos internacionales recomiendan evitar el uso de pantallas en menores de dos años y establecer límites adecuados durante la infancia, priorizando siempre actividades de juego, movimiento e interacción social.
Recomendaciones para favorecer el desarrollo saludable del cerebro







Si bien no existe una única estrategia para favorecer el desarrollo infantil, la evidencia científica coincide en que los hábitos cotidianos tienen un impacto significativo sobre la salud cerebral. Dormir bien, moverse, alimentarse adecuadamente y sostener vínculos de calidad son algunas de las herramientas más accesibles y efectivas para acompañar el crecimiento de niños y adolescentes.
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