
La bioquímica y divulgadora francesa Jessie Inchauspé sostuvo que un vaso de jugo de naranja contiene la misma cantidad de azúcar que uno de gaseosa cola: 25 gramos.
Advirtió que al exprimir la fruta se elimina la fibra que frena la absorción y, con ella, aumenta la probabilidad de un pico de glucosa.
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La especialista, conocida como “la diosa de la glucosa” precisamente por divulgar el impacto de la glucosa en el organismo, centró su argumento en una idea: una cosa es comer fruta entera y otra muy distinta es “desnaturalizarla” al convertirla en jugo.
La comparación que disparó el debate: “25 gramos” en el vaso

Inchauspé planteó en el podcast The Diary Of a CEO que el jugo de naranja suele percibirse como “más sano” que una gaseosa por sus vitaminas, pero cuestionó esa conclusión cuando se mira el azúcar total por porción: 25 gramos en ambos casos.
La bioquímica también sostuvo que, desde el punto de vista de lo que el cuerpo absorbe, no existe una diferencia cualitativa que “neutralice” el efecto del azúcar por el solo hecho de provenir de una fruta: describió esas moléculas como glucosa y fructosa y remarcó que el organismo las procesa del mismo modo.
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Qué cambia cuando la naranja deja de ser fruta y se convierte en jugo

La advertencia central de Inchauspé no se enfocó en la fruta entera, sino en lo que ocurre cuando se separa el líquido de la pulpa. Al preparar jugo, explicó, “se desecha la parte sólida, que es la fibra”, y en el vaso queda “el azúcar de una fruta muy azucarada, agua y nada de fibra”.
En su análisis, esa pérdida de fibra altera el modo en que el azúcar entra al torrente sanguíneo. Mientras una pieza de fruta entera también aporta fibra y agua, y eso reduce la rapidez de absorción, el jugo concentra azúcar y elimina el componente que amortigua el impacto metabólico. El resultado, según la especialista, es un “pico de glucosa muy, muy grande”.
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Por qué el control de la glucosa importa más allá de la diabetes

En declaraciones previas de Inchauspé recogidas por Infobae, la exerta sostuvo que el monitoreo de la glucosa no debería limitarse a quienes ya tienen un diagnóstico de diabetes. “Antes que nada, si no tienes diabetes, conocer tu glucosa te ayudará a prevenirla”, afirmó, y agregó que, incluso sin diabetes, el control de los niveles de azúcar se asocia con mejoras en variables como energía, antojos, calidad del sueño y fertilidad.
En esa explicación, definió a la glucosa como “una sustancia que actúa como fuente de energía esencial para nutrir a nuestro cerebro, el corazón y los músculos” y señaló que proviene de los alimentos y se transporta por el torrente sanguíneo hacia las células.
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Qué sucede en el cuerpo ante un pico de glucosa

Inchauspé describió que los picos de glucosa activan varios procesos. El primero, indicó, es la inflamación. El segundo es el impacto sobre las mitocondrias, que definió como la “fuerza motriz” de las células: explicó que se estresan y se “apagan”, por lo que producen energía de manera menos efectiva, lo que se traduce en cansancio.
También mencionó la glicación, a la que describió como un proceso asociado con el envejecimiento. En lo inmediato, enumeró síntomas habituales después de un pico: “hambre, cansancio y antojos”.
La bioquímica agregó que, según la historia clínica y las características de cada persona, pueden presentarse problemas vinculados con la salud física y mental, como confusión mental, acné, psoriasis, eccema y, a largo plazo, diabetes tipo 2.
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El orden de los alimentos: una herramienta para moderar la respuesta glucémica

Además de la cantidad de azúcar, Inchauspé suele hacer hincapié en que la secuencia en que se come modifica el modo en que el cuerpo procesa la glucosa. “El orden de los alimentos realmente marca la diferencia”, afirmó, y cuestionó la idea de que todo se “mezcla” igual en el estómago.
Según explicó, comenzar una comida con una entrada de verduras puede generar un efecto protector: la fibra forma una barrera que ralentiza la absorción de glucosa. En la misma línea, señaló que si los carbohidratos —almidones y azúcares— se consumen al final, llegan “menos rápido” al torrente sanguíneo porque ya hay otros alimentos presentes.
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En ese esquema de hábitos, la especialista también recomendó incorporar cambios de manera progresiva. Entre sus sugerencias, mencionó reducir el consumo de azúcar, en especial en el desayuno; tomar una cucharada de vinagre diluida en un vaso grande de agua antes de comer; empezar las comidas con vegetales y moverse 10 minutos después, para que los músculos utilicen parte de la glucosa como energía.
La fruta como “ingeniería humana”, según Inchauspé

Después de poner el foco en el jugo, Inchauspé amplió su argumento hacia el modo en que se producen y seleccionan frutas modernas. En el podcast The Diary of a CEO, comparó ese proceso con la crianza de perros: “Es como los perros. Todas las razas de perros actuales, desde los chihuahuas hasta los golden retrievers, descienden de los lobos”, afirmó, y sostuvo que los seres humanos cruzaron animales para crear razas que sirvieran a sus propósitos.
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“Y con la fruta ocurre lo mismo”, agregó. Como ejemplo, mencionó que un plátano ancestral sería pequeño, con fibra y semillas y menos dulce, mientras que el plátano moderno tendría más azúcar, menos fibra y sería más fácil de comer. “La fruta no es natural. La fruta es producto de la ingeniería humana”, afirmó.
Aun con esa caracterización, la bioquímica introdujo un matiz: sostuvo que una pieza de fruta entera contiene fibra y agua, y que esos componentes reducen la rapidez con la que el azúcar llega al torrente sanguíneo, por lo que su consumo puede ser “más o menos aceptable”.
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Inchauspé sostuvo que el objetivo de estas advertencias es corregir una idea instalada en la vida cotidiana: que un vaso de jugo de naranja en el desayuno siempre equivale a una elección saludable. También citó una recomendación de la Organización Mundial de la Salud: un consumo máximo de 25 gramos de azúcar al día, una cifra que, según su comparación, podría alcanzarse con un solo vaso de jugo.
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