
El nacimiento de 26 pollos sanos a partir de huevos artificiales desarrollados por Colossal Biosciences en Dallas, Texas, representa un avance biotecnológico que promete modificar la historia de la conservación y la desextinción de especies.
El sistema, presentado el 19 de mayo de 2026, por la misma empresa que el año pasado presentó los ya extintos lobos terribles, utiliza una membrana semipermeable de silicona que replica la función gaseosa de un cascarón natural y permite observar el desarrollo embrionario a través de una ventana transparente.
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El anuncio reactivó el interés en la posibilidad de revivir aves extintas como el dodo o el moa gigante, aunque especialistas reclaman prudencia y piden datos verificables antes de considerar el avance como definitivo.

En 2025, la noticia recorrió el mundo en pocos minutos: tres cachorros de lobo terrible, una especie extinta hace más de 12.500 años, fueron creados utilizando ADN antiguo extraído de fósiles mediante tecnología de edición genética, en un ambicioso proyecto de “desextinción” de animales que ya no habitan el planeta.
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Una tecnología que imita la naturaleza y busca escalar
La compañía Colossal Biosciences diseñó el huevo artificial con dos componentes principales: una membrana de silicona muy fina y especializada, junto con un soporte rígido hexagonal que la resguarda. El dispositivo permite el paso pasivo del oxígeno, retiene la humedad y bloquea agentes contaminantes.
“Es una membrana muy fina y especializada que permite un intercambio gaseoso realmente eficaz, algo para lo que el cascarón de huevo está increíblemente bien diseñado”, explicó Andrew Pask, director de biología de la empresa.
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El desarrollo también incorpora una ventana transparente en la parte superior, lo que posibilita observar directamente el crecimiento del embrión sin alterar las condiciones internas.

El sistema es versátil y podría adaptarse a huevos de diferentes tamaños, desde los diminutos de colibrí hasta los de aves extintas como el moa gigante, cuyas dimensiones pueden alcanzar el tamaño de una pelota de fútbol.
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Uno de los logros técnicos del proyecto radica en la capacidad de la membrana para permitir la difusión pasiva de oxígeno, en lugar de requerir su adición activa, lo que solía provocar daños celulares en intentos previos con otras tecnologías.
El embriólogo Mike McGrew, del Instituto Roslin, subrayó que los métodos anteriores lograban pocas eclosiones exitosas y exigían grandes volúmenes de oxígeno concentrado, con resultados biológicos poco consistentes.
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El procedimiento de Colossal Biosciences no reemplaza las fases iniciales de la biología aviar. Los científicos extraen los huevos puestos por gallinas reales en las primeras 24 a 48 horas tras la postura, seleccionan los más viables y trasladan el contenido al huevo artificial. Todo el proceso anterior, desde la fecundación hasta la postura, ocurre de manera natural en aves vivas.
Un punto relevante para la aplicación futura del dispositivo es su potencial para especies extintas o amenazadas. El sistema puede escalarse y ajustarse al tamaño de huevos de aves desaparecidas, como el dodo de Mauricio o el moa gigante de Nueva Zelanda.
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Según el comunicado de la empresa, la tecnología “abre una nueva vía para proyectos tan ambiciosos como devolver a la vida al dodo de Mauricio o al moa gigante de la Isla Sur de Nueva Zelanda”.
El rol del huevo sintético en la desextinción y la conservación

El uso del huevo artificial como herramienta para la desextinción tiene limitaciones. El dispositivo es un recipiente de incubación para etapas avanzadas del desarrollo del embrión, pero no soluciona el desafío de introducir modificaciones genéticas en especies extintas.
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“Una vez que un huevo fecundado fue puesto, el embrión ya contiene alrededor de 50.000 células, un número demasiado elevado para intervenir con las técnicas actuales de edición genética”, explicó Hans Cheng, genetista molecular de la Universidad Estatal de Michigan.
La estrategia de Colossal Biosciences se enfoca en manipular células germinales primordiales, precursoras de óvulos y espermatozoides, mucho antes de la postura del huevo.
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El otoño pasado, la empresa anunció que consiguió cultivar este tipo de células a partir de una paloma doméstica, especie cercana a la paloma de Nicobar, que podría servir como sustituta para el proyecto del dodo. Para el moa gigante, la selección de un ave productora de huevos todavía está en estudio, pero se barajan opciones como el emú y el tinamú, ya que el tamaño final del huevo requeriría transferir el embrión a un sistema artificial durante el desarrollo.
El dispositivo también podría tener aplicaciones para la conservación de especies en peligro. Christopher Preston, experto en vida silvestre de la Universidad de Montana, consideró que el sistema “podría tener aplicaciones en conservación —como adaptar aves amenazadas al cambio climático o a nuevas enfermedades—, pero que eso también requeriría edición genética aviar, no solo un sistema de incubación”.
Por su parte, Stuart Pimm, ecólogo de la Universidad Duke, subrayó que la protección del hábitat y la reducción de amenazas como las colisiones con edificios y la depredación por gatos domésticos siguen siendo prioritarias para las aves en riesgo.

El huevo artificial de Colossal Biosciences difiere de otros sistemas previos en la industria. Los primeros casos de éxito en incubación de polluelos con huevos artificiales datan de 1988, cuando la genetista Margaret Perry logró hacer eclosionar pollos usando embriones cultivados y transferidos a cascarones donantes. Posteriormente, investigadores en Japón y otros países experimentaron con recipientes plásticos y películas, aunque siempre enfrentaron dificultades para mantener los niveles adecuados de oxígeno y evitar daños celulares.
Paul Mozdziak, biólogo especializado en células madre de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, expresó su entusiasmo ante el avance, pero también advirtió sobre la falta de datos concluyentes: “Podría ser realmente importante, podría ser fabuloso. Sin datos, es realmente imposible juzgar cuál es su verdadero impacto”.
El debate científico y el futuro de la tecnología

El anuncio de Colossal Biosciences generó repercusiones en la comunidad investigadora. Aunque el resultado parece prometedor, varios especialistas apuntaron a la falta de transparencia y validación externa. La empresa no publicó aún un estudio revisado por pares ni reveló la tasa de éxito sobre los 26 pollos nacidos, lo que dificulta la evaluación independiente de la metodología.
“No desarrollaron todas las demás partes”, sostuvo Vincent Lynch, biólogo evolutivo de la Universidad de Buffalo, en referencia a los elementos adicionales que componen un huevo natural.
El huevo artificial consta de una estructura reticular impresa en 3D que protege la membrana de silicona, la cual reproduce la capacidad de transferencia de oxígeno de un cascarón auténtico. Según el comunicado, la tecnología fue puesta a disposición de iniciativas de conservación y podría comercializarse en el futuro. El director ejecutivo de la empresa, Ben Lamm, indicó que “existe un grupo específico de personas en zoológicos e instalaciones de cría para la conservación que podrían utilizar esta tecnología”.

El diseño incluye una ventana transparente que permite monitorear el desarrollo embrionario y observar en tiempo real los posibles efectos de modificaciones genéticas. “Todos estos elementos se tuvieron en cuenta en el diseño para llevar el huevo artificial a un nivel completamente nuevo”, destacó Andrew Pask en un video institucional.
El huevo artificial representa solo una parte de la hoja de ruta de Colossal Biosciences, que también trabaja en edición genética, biología reproductiva y otras tecnologías para la desextinción de especies.

Además del dodo y el moa gigante, la empresa tiene proyectos con el mamut lanudo, el tilacino y el lobo terrible, del que ya nacieron tres cachorros en 2024 y fueron presentados al mundo en 2025.
La comunidad científica observa la evolución de este desarrollo con interés y cautela. El huevo sintético abre la puerta a nuevas estrategias de conservación y resurrección de especies, pero todavía enfrenta interrogantes técnicos y éticos.
El verdadero alcance del avance dependerá de la validación independiente y de la integración con otras tecnologías, sobre todo en el ámbito de la edición genética y la protección del entorno natural de las especies.
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