
Un aumento en el consumo de alimentos ultraprocesados se asocia con un deterioro medible de la capacidad de concentración, incluso entre adultos que mantienen una dieta en apariencia saludable, y con un incremento en el riesgo de desarrollar demencia.
Así lo revela una investigación realizada por la Universidad de Monash, la Universidad de São Paulo y Deakin University, cuyos resultados fueron publicados en la revista Alzheimer’s & Dementia: Diagnosis, Assessment & Disease Monitoring y que coloca la atención en el grado de procesamiento de los alimentos como una variable independiente en la salud cognitiva.
PUBLICIDAD
La investigación, liderada por Barbara Cardoso, del departamento de nutrición y el Victorian Heart Institute en la Universidad de Monash, analizó la dieta y salud cognitiva de 2.192 adultos australianos de entre 40 y 70 años, libres de demencia. En este estudio, una cifra que no suele figurar en las coberturas generales destaca: los participantes consumían en promedio 41% de su energía diaria a partir de alimentos ultraprocesados, valor casi idéntico al promedio nacional australiano, que es de 42%.

Para cada aumento del 10% en el consumo de ultraprocesados, los investigadores detectaron una caída de 0,05 puntos en la calificación de atención en pruebas cognitivas estandarizadas.
PUBLICIDAD
Este aumento es, en términos prácticos, el equivalente a agregar una bolsa de patatas fritas a la dieta diaria. La relación se mantuvo después de ajustar factores como edad, sexo, índice de masa corporal, educación, nivel socioeconómico y, de forma notable, la adherencia a la dieta mediterránea—considerada tradicionalmente protectora para la función cerebral.
El bloque dietético identificado como ultraprocesados incluye refrescos, snacks salados envasados, embutidos reconstituidos y comidas listas para consumir, categorías alimentarias todas caracterizadas por su baja proporción de ingredientes frescos y la presencia de aditivos y sustancias químicas derivadas del procesamiento industrial.
PUBLICIDAD

Un aspecto central de la investigación—y poco explorado en trabajos previos—es que los efectos perjudiciales de los ultraprocesados sobre la atención y el riesgo de demencia ocurrieron independientemente de la calidad general de la dieta.
Según los resultados publicados por Cardoso y equipo, incluso aquellas personas con alta puntuación en dieta mediterránea mostraron deterioro atencional correlacionado con la fracción de ultraprocesados ingeridos. La autora detalla: “El procesamiento ultraindustrial suele destruir la estructura natural de los alimentos e introduce sustancias potencialmente dañinas como aditivos artificiales o químicos del proceso de producción. Estos aditivos sugieren que el vínculo entre dieta y función cognitiva va más allá de la mera ausencia de ingredientes saludables, y apunta a mecanismos relacionados con el grado de procesamiento en sí”, dijo Cardoso.
PUBLICIDAD
El artículo responde directamente a la pregunta clave sobre los efectos de estos alimentos: un mayor consumo de ultraprocesados se relaciona con una menor capacidad de concentración y un aumento en factores de riesgo modulables para demencia, como hipertensión y obesidad, independientemente de si la persona sigue una alimentación considerada saludable en términos tradicionales.

Modificadores de riesgo de demencia y pruebas específicas
El estudio utilizó pruebas cognitivas automatizadas (Cogstate Brief Battery) para cuantificar la atención, la memoria y la velocidad de procesamiento, empleando mediciones estandarizadas y transformadas en z-scores.
PUBLICIDAD
Las evaluaciones del riesgo de demencia recurrieron a la herramienta CAIDE, que estima un riesgo a 20 años en base a la edad, sexo, educación, índice de masa corporal, antecedentes de hipertensión e hipercolesterolemia, nivel de actividad física y tabaquismo.
Los resultados sostienen que, por cada aumento del 10% en la proporción de ultraprocesados ingeridos, el riesgo de demencia, según la versión modificada del CAIDE (centrada en factores modificables), se incrementa en 0,24 puntos. La relación se mantuvo incluso después de ajustar para la calidad global de la dieta. Aunque no se detectó una relación significativa entre el consumo de ultraprocesados y la memoria, los autores destacan que la atención es la base operacional para procesos más complejos como el aprendizaje y la resolución de problemas.
PUBLICIDAD

La muestra incluyó mayoritariamente a mujeres (75,4%), con edad promedio de 56,6 años. Quienes presentaban dietas más ricas en ultraprocesados tendían a ser más jóvenes, varones, con menor nivel educativo y mayor prevalencia de obesidad.
Proporción y tipo de ultraprocesados más consumidos
En la dieta de la población estudiada, los ultraprocesados representaron en promedio 21% del peso total diario de los alimentos y bebidas consumidos, aportando el 41% de la energía. Los subgrupos más relevantes fueron postres y bebidas lácteas (2,9% del total), refrescos y otras bebidas azucaradas (2,6%), snacks salados y productos derivados de la patata (2,5%), carnes procesadas (2,4%) y comidas listas para consumir (2,4%).
PUBLICIDAD
Un dato estructurante: la proporción de ultraprocesados en la dieta se correlacionó con un mayor nivel calórico total, menor calidad alimentaria y mayor frecuencia de obesidad. Esta tendencia permaneció evidente al estratificar por quintiles de consumo: quienes más ultraprocesados consumían presentaron mayor peso, menor adherencia a la dieta mediterránea y menor nivel educativo.

La literatura científica sobre los riesgos asociados a los ultraprocesados es extensa respecto a enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad y mortalidad, pero solo en años recientes las evidencias sobre deterioro neurocognitivo han empezado a consolidarse.
PUBLICIDAD
El análisis publicado por Cardoso y colaboradores sostiene que el procesamiento industrial actúa como un determinante independiente, más allá de la composición nutricional o de patrones dietéticos como el mediterráneo. Esta distinción refuta la noción tradicional de que basta con aumentar el consumo de alimentos “saludables” para contrarrestar el daño, subrayando la necesidad de considerar la estructura y los aditivos de los productos en la prevención cognitiva.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
El cuerpo y la mente cambian en invierno: cómo es la neurobiología del agotamiento
El organismo se adapta al frío y falta de luz solar con un repliegue defensivo, pero la vorágine diaria y el entorno digital cargado de estímulos elevan el estrés sistémico

Hígado graso: 7 recomendaciones para evitar el malestar y mejorar la digestión
Cuál es el abordaje más consistente para los síntomas y cómo reducir el riesgo de progresión de la enfermedad, según especialistas

Cómo los edulcorantes podrían acelerar el declive cognitivo, según un nuevo estudio
La investigación, realizada con más de 12.000 adultos brasileños durante ocho años, detectó que el deterioro mental fue más marcado en personas menores de 60 años y en quienes padecen diabetes

Estudian un fármaco que podría desacelerar el desarrollo del Alzheimer: los datos de un experimento
Un equipo de la ETH Zúrich evaluó en ratones una molécula llamada Compuesto 10 y observó que disminuyó la muerte de neuronas. Los próximos pasos

Realizan la primera cirugía experimental para el Alzheimer en fases tempranas: en qué consiste
La técnica, ya consolidada en cirugías oncológicas, se efectúa de forma inédita en Europa a personas con deterioro cognitivo leve para mejorar el drenaje cerebral y reducir la acumulación de proteínas tóxicas. Se realizará a un total de 10 pacientes


