
Un estudio reciente de la Universidad Ben-Gurion del Néguev, en Israel, cuestiona la creencia tradicional sobre el efecto yo-yo en las dietas, considerado hasta ahora un indicador de fracaso. Según los investigadores, los ciclos repetidos de pérdida y recuperación de peso pueden proporcionar beneficios metabólicos duraderos, especialmente mediante la reducción de la grasa visceral.
La evidencia demuestra que los sucesivos periodos de pérdida y recuperación de peso, no solo permite reducir la grasa visceral —una reserva asociada a enfermedades cardiometabólicas—, sino que deja mejoras persistentes en la salud metabólica. Según los datos de la investigación, quienes participan en repetidas ocasiones en programas estructurados de reducción de peso mantienen una mayor sensibilidad a la insulina y un perfil lipídico más favorable, incluso tras recuperar peso. Estos beneficios se sostienen a largo plazo.
Los ciclos de pérdida y recuperación de peso, conocidos como efecto yo-yo, consisten en adelgazar y posteriormente recuperar el peso perdido, un patrón frecuente entre quienes siguen distintos programas dietéticos.
Y si bien históricamente los especialistas consideraron este fenómeno como un signo negativo, bajo la premisa de que la variación de peso es perjudicial o anula los avances conseguidos con la dieta, el interrogante actual es si los intentos repetidos de bajar de peso pueden aportar ventajas o riesgos para la salud en el largo plazo.
Hallazgos científicos sobre el efecto yo-yo y la grasa visceral

Los principales resultados, detallados en BMC Medicine, provienen de ensayos dietéticos clínicos aleatorizados que involucraron a cerca de 500 participantes y seguimientos de hasta 10 años.
Se estudió la evolución fisiológica de los voluntarios en los ensayos CENTRAL y DIRECT-PLUS, cada uno con una duración de 18 meses, realizando resonancias magnéticas antes y después de las intervenciones para cuantificar la grasa abdominal.
El análisis muestra que varios participantes completaron ambos ensayos, lo que permitió evaluar el impacto de incorporarse más de una vez a programas de estilo de vida saludable. Aunque quienes se reincorporaron a ambos ensayos comenzaron el segundo ciclo con un índice de masa corporal similar al inicial, presentaron marcadores metabólicos mejorados y menores depósitos de grasa visceral respecto a antes de la primera intervención.
Las mejoras comprendieron una reducción de la grasa visceral y de biomarcadores de riesgo, como la sensibilidad a la insulina y el perfil lipídico, del 15 al 25%. Aunque la cantidad de peso perdido fue menor en la segunda intervención, los efectos positivos se prolongaron a largo plazo. Cinco años después de la última intervención, quienes participaron en ambos programas experimentaron una recuperación menor de peso y de grasa abdominal que aquellos que solo completaron un intento.
Este fenómeno, denominado memoria cardiometabólica, implica que el cuerpo conserva respuestas favorables tras varios intentos de seguir una dieta, más allá del efecto inmediato en la balanza.
La memoria epigenética y el efecto rebote: nuevos mecanismos moleculares

Después de meses o años de descenso de peso, los kilos pueden volver a acumularse, dejando a las personas nuevamente en el punto de partida. Este efecto, conocido como efecto rebote o yo-yo, está vinculado a la memoria metabólica que dificulta el mantenimiento del peso perdido y no se debe a una falta de voluntad.
Otro estudio internacional publicado en la revista Nature ya había revelado los mecanismos moleculares detrás de este fenómeno, mostrando cómo la grasa “recuerda” el sobrepeso previo y se resiste a los intentos de adelgazar. La investigación, liderada por el Laboratorio de Epigenética Metabólica y Nutrición de la universidad pública ETH Zurich, demostró que la obesidad provoca cambios epigenéticos en el núcleo de las células adiposas, los cuales persisten incluso después de una dieta.
En una entrevista a Infobae, uno de los líderes del equipo, el doctor Ferdinand von Meyenn, del Laboratorio de Epigenética Metabólica y Nutrición de la universidad pública ETH Zurich, de Suiza explicó: “Nuestro estudio subraya la importancia de la prevención, es decir, una alimentación más sana, la actividad física y el enfoque general en no volverse obeso en primer lugar”. Von Meyenn destacó que el acceso a espacios para la actividad física es una medida eficaz y que “las bebidas azucaradas son claramente un problema importante y un posible impulsor de la obesidad”.
Y agregó: “Si una persona es obesa, sigue siendo muy importante que reduzca el sobrepeso. Puede ser de ayuda saber que la reducción no es difícil porque sean “débiles” o no tengan fuerza de voluntad”. Está relacionado con que el mismo cuerpo lucha contra eso.

Los investigadores analizaron células adiposas de ratones y de humanos, comprobando que quienes experimentaron obesidad y posterior pérdida de peso mantienen patrones de actividad genética alterados. Este mecanismo fue corroborado en biopsias de tejido adiposo de pacientes que se habían sometido a cirugía bariátrica en instituciones como el Instituto Karolinska de Estocolmo y hospitales de Leipzig, Dresde y Karlsruhe.
Por ahora no se conoce cuánto tiempo pueden recordar las células grasas, aunque se estima que viven una media de diez años antes de ser reemplazadas. Según la investigadora Laura Hinte, modificar esta memoria epigenética aún no es posible con fármacos, pero representa una vía prometedora para el futuro.
Especialistas como la médica Virginia Busnelli destacaron que “la pérdida de peso no solo depende de la alimentación y el ejercicio, sino también de los cambios celulares y moleculares que ocurren durante el proceso”, por lo que los tratamientos deberían enfocarse en estrategias integrales de largo plazo que apunten a evitar el efecto yo-yo.
Visión de los investigadores sobre los beneficios de los ciclos de dieta

La profesora Iris Shai, autora principal del último estudio y decana de la Escuela de Sostenibilidad en la Universidad Reichman, sostiene que estos resultados desafían la percepción dominante que limita la pérdida de peso a una cuestión meramente numérica. “El compromiso persistente con un cambio de dieta saludable crea memoria cardiometabólica en el cuerpo”, declaró Shai.
Por su parte, Hadar Klein, estudiante de doctorado y coautor de la investigación en la Universidad Ben-Gurion del Néguev, aclaró: “El peso corporal por sí solo no refleja los cambios en la grasa visceral ni en los biomarcadores metabólicos. Incluso recuperando peso, la salud cardiometabólica puede seguir mejorando, y el éxito no debe evaluarse solo por la balanza”.
Ambos especialistas insisten en que la repetición de programas puede generar beneficios metabólicos acumulativos, incluso si se produce una recuperación del peso. Para Klein, aunque la magnitud de la pérdida sea menor en un segundo ciclo, este proceso favorece el bienestar cardiometabólico global. Por este motivo, sugieren modificar la forma de valorar el éxito de las dietas, dando mayor importancia a la reducción de grasa visceral y a los biomarcadores metabólicos que al simple número del peso corporal.
Metodología de los ensayos y fiabilidad de los resultados

La solidez de los hallazgos se respalda en la metodología rigurosa empleada. Los ensayos clínicos controlados y aleatorizados, centrados principalmente en la dieta mediterránea y complementados con actividad física, se compararon con estrategias convencionales de control.
Los seguimientos extensos —de cinco y diez años— incluyeron resonancias magnéticas para medir la grasa abdominal y análisis repetidos de biomarcadores metabólicos. La muestra, compuesta por aproximadamente 500 personas, fue analizada en la Universidad Ben-Gurion del Néguev en colaboración con instituciones de Israel, Alemania, Suiza, España, Suecia y Estados Unidos.
Los autores subrayan que la investigación recibió una subvención de la Deutsche Forschungsgemeinschaft (DFG), la Fundación Alemana de Investigación, y que los financiadores no participaron en el diseño, análisis, interpretación ni difusión de los resultados, lo que garantiza la independencia del estudio.
El elevado número de observaciones por participante, junto al control y la aleatorización de los ensayos, asegura la solidez y validez de los resultados obtenidos.
La evidencia actual muestra que repetir la participación en programas estructurados de pérdida de peso puede conducir a mejoras objetivas en la composición corporal y la salud metabólica. Estos beneficios se mantienen incluso cuando la recuperación de peso da la falsa impresión de que no ha habido cambios.
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