
La migraña, uno de los trastornos neurológicos más frecuentes a nivel global, afecta de manera crónica a millones de personas y representa un desafío tanto para quienes la padecen como para los sistemas de salud pública. La incapacidad que provoca supera en muchos casos a otras enfermedades neurológicas y, según datos internacionales, se posiciona como la segunda causa más habitual de discapacidad en todo el mundo.
En la actualidad, los estudios más avanzados han permitido observar episodios de migraña en tiempo real a través del registro de las señales eléctricas cerebrales, acercando así a los científicos a comprender los mecanismos biológicos subyacentes.
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Esta patología muestra una prevalencia notablemente mayor entre las mujeres jóvenes, particularmente en la franja de los 25 a los 50 años, una etapa considerada la más productiva a nivel laboral y social.
La migraña no solo se caracteriza por episodios de dolor de cabeza intenso. A menudo aparece acompañada de síntomas como hipersensibilidad a la luz y el sonido, náuseas, vómitos y alteraciones visuales conocidas como aura.
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Investigaciones recientes revelan que el estigma social, especialmente vinculado a interpretaciones de género históricas, ha contribuido a que la investigación y la financiación destinadas a la migraña sean crónicamente insuficientes.
Datos aportados desde el Reino Unido estiman que el coste anual de atender y acompañar a quienes sufren migraña supera los USD 17.000 millones, contemplando no sólo los gastos sanitarios directos, sino también el impacto económico asociado al ausentismo laboral y la reducción en la productividad.
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Por su parte, el Ministerio de Salud Pública de Tucumán advierte que muchas personas no logran identificar la migraña como una enfermedad, perpetuando así el subdiagnóstico y las dificultades en el acceso al tratamiento adecuado.

Un desorden de difícil diagnóstico y enorme variabilidad
El diagnóstico diferencial de la migraña es complejo, en parte porque sus síntomas pueden confundirse con otras cefaleas o enfermedades orgánicas. De acuerdo con el neurólogo Jerónimo Cossio del hospital Ángel C. Padilla, sólo una minoría de pacientes presenta cefaleas secundarias identificables mediante estudios específicos; en cambio, el 98 % de los cuadros ingresan en la categoría de cefaleas primarias, donde la migraña domina como síntoma incapacitante.
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Las características del dolor y los síntomas asociados varían considerablemente: algunos pacientes identifican un solo lado de la cabeza como fuente del malestar, mientras otros experimentan síntomas neurológicos previos como percepción alterada de los olores, congelamiento de una extremidad, fatiga extrema o incluso deseo de consumir determinados alimentos. El aura migrañosa, presente en aproximadamente el 25 % de los casos, incluye visiones de destellos y alteraciones visuales.
Los desencadenantes de la migraña también son diversos. El estrés, la falta de sueño, el ayuno, ciertos alimentos como el chocolate, el queso curado, el café o el vino blanco, e incluso cambios hormonales durante el ciclo menstrual han sido identificados como posibles precipitantes.
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Investigaciones recientes sugieren que muchos de estos factores podrían ser síntomas prodrómicos del ataque y no causas directas, como señala la farmacóloga Debbie Hay de la Universidad de Otago.
La biología detrás de un dolor que atraviesa todo el cuerpo
Desde la perspectiva genética, estudios masivos han demostrado que entre el 30 % y el 60 % de quienes padecen migrañas presentan antecedentes directos en su árbol familiar.
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El genetista Dale Nyholt, de la Universidad Tecnológica de Queensland, identificó 123 marcadores genéticos asociados a mayor riesgo de migraña en un análisis con más de 100.000 pacientes, cifra que podría multiplicarse en investigaciones actuales con hasta 300.000 casos. Parte de estos genes se relacionan también con enfermedades como la depresión y la diabetes, lo que sugiere una constelación de manifestaciones clínicas con origen compartido.
Tradicionalmente, se consideró que los vasos sanguíneos desempeñaban un papel central en el desencadenamiento de la migraña, debido a la naturaleza pulsátil del dolor. La evidencia acumulada revela que ni la dilatación ni el flujo sanguíneo explican por sí solos el fenómeno. Algunos genes implicados en la regulación de las venas muestran actividad anormal durante los episodios, pero la relación sigue en estudio.
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La teoría dominante sostiene que la migraña se origina por una onda eléctrica lenta y anómala, conocida como depresión cortical propagada, que recorre la corteza cerebral, suprimiendo su funcionamiento y activando nervios que generan inflamación y dolor.
Científicos lograron captar esta onda en tiempo real mediante 95 electrodos intracraneales en una paciente, observando cómo se expandía durante 80 minutos desde la corteza visual hacia el resto del cerebro. Este patrón permite comprender la variabilidad de síntomas e incluso la presencia o ausencia de aura.
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Las meninges, capas que rodean el cerebro, emergen como otro foco de investigación. Ricas en células inmunitarias, pueden desencadenar inflamación tras estímulos ambientales como alérgenos, lo que explicaría su mayor incidencia entre personas con alergias estacionales. El control de la acidez, la sensibilidad al calor o al frío y la interacción hormonal durante el ciclo menstrual son otros moduladores del dolor migrañoso.

Abordajes terapéuticos y nuevos horizontes en el tratamiento
Reconocer la migraña como enfermedad crónica y no sólo como un malestar pasajero es el primer paso para su abordaje efectivo. El doctor Cossio insiste en la importancia de un diagnóstico neurológico preciso, que excluya causas secundarias antes de diseñar una estrategia terapéutica individualizada.
Asimismo, subraya que la migraña “no tiene cura, pero sí puede tratarse”, tanto con medicación preventiva como para el manejo de las crisis.
Se ha constatado que identificar los factores desencadenantes y mantener una rutina de ejercicio aeróbico y dieta saludable pueden mejorar la frecuencia y la intensidad de los episodios. El estrés, aunque no es un causante primario, intensifica la tasa y la severidad de las crisis en quienes ya presentan predisposición.
En el campo farmacológico, avances recientes dieron lugar a tratamientos innovadores. La identificación de niveles elevados de péptidos relacionados con el gen de la calcitonina (CGRP) en personas con migraña, incluso en períodos asintomáticos, permitió desarrollar fármacos específicos.
Un estudio en 2025 sobre 570 pacientes tratados durante un año con CGRP mostró que el 70 % logró reducir en un 75 % la frecuencia de los ataques y el 23 % los eliminó por completo.
A pesar de estos progresos, sigue pendiente hallar un marcador biológico universal para personalizar al máximo las terapias y anticipar las respuestas a los tratamientos. Los especialistas advierten que todavía se exploran múltiples vías y combinaciones de factores, y reconocen la necesidad de ampliar las investigaciones para encontrar soluciones que se ajusten a la multiplicidad de manifestaciones clínicas de la migraña.
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