
La edad cronológica marcada por el paso de los años, no siempre refleja el estado real del cuerpo. El concepto de edad biológica, que evalúa el desgaste interno adaptándose a parámetros de salud y vitalidad, capturó la atención pública en escenarios mediáticos. Así ocurrió cuando Khloé Kardashian celebró en televisión que un test epigenético reveló una edad biológica de 28 años, frente a sus 40 cronológicos. Este interés refleja una creciente curiosidad por métodos que permitan medir con mayor certeza los procesos del envejecimiento, y fue tratado por Science Focus con la participación de de un especialista.
La edad biológica no es solo un número, sino un indicador del estado funcional de nuestro organismo en comparación con personas de distintas edades. De acuerdo con Andrew Steele, científico, escritor y autor del libro Ageless: The New Science of Getting Older Without Getting Old, este enfoque ofrece una visión más precisa de la salud y el envejecimiento que los años vividos.
Este concepto evolucionó desde lo intuitivo hasta lo científico. Por ejemplo, investigaciones demostraron que la apariencia puede ser un indicador sorprendentemente fiable de la edad biológica. Un estudio realizado sobre gemelos mayores de 70 años reveló que quienes aparentaban menos edad tenían una probabilidad significativamente mayor de sobrevivir más tiempo que sus pares. A través del hallazgo se explica porque los procesos biológicos están relacionados con el deterioro general del organismo.
El desarrollo de herramientas para medir la edad biológica avanzó en diversas direcciones. Métodos como los relojes epigenéticos, análisis funcionales o pruebas físicas buscan ofrecer a las personas una perspectiva más clara sobre la salud actual y su esperanza de vida. Pero como destaca Steele, estas mediciones son una curiosidad científica y también una oportunidad para adoptar decisiones que promuevan un envejecimiento saludable.

Métodos para medir la edad biológica
El interés por determinar la edad biológica impulsó el desarrollo de diversos métodos que van desde observaciones físicas simples hasta avanzados análisis epigenéticos. Mediante estas herramientas buscan ofrecer una evaluación más detallada del estado del cuerpo y su envejecimiento. A continuación, se presentan los cinco enfoques más destacados:
1. Percepción de la edad facial
Un reflejo significativo de la edad biológica puede ser la apariencia. Debido a que los procesos que degradan el colágeno en la piel también afectan arterias, huesos y otros tejidos internos. Sin embargo, los métodos para medir la edad facial deben ser objetivos, dado que la autopercepción puede ser imprecisa. Paneles de evaluación y aplicaciones basadas en inteligencia artificial ofrecen alternativas, aunque estas últimas también presentan riesgos en cuanto al manejo de datos personales. En términos preventivos, proteger la piel del sol es fundamental para preservar el colágeno y reducir el impacto del envejecimiento externo.
2. Prueba de equilibrio en una pierna
La capacidad de mantenerse en una pierna, conocida como prueba de equilibrio unipodal, es un indicador funcional de la edad biológica. Este ejercicio sencillo evalúa la coordinación neuromuscular, la fuerza muscular y el equilibrio, factores cruciales para evitar caídas (una de las principales causas de discapacidad en adultos mayores). Para realizarla, se mide el tiempo que una persona puede sostenerse en equilibrio con un pie levantado, brazos cruzados y si es necesario, con los ojos cerrados. Estudios demostraron que los resultados tienden a disminuir con la edad.

3. Edad de la aptitud física
El VO2 max mide la capacidad máxima de consumo de oxígeno durante el ejercicio y es uno de los indicadores más utilizados para estimar la edad biológica. Esta medición que requiere pruebas de laboratorio o dispositivos portátiles, está directamente relacionada con la salud cardiovascular y la longevidad. El ejercicio regular puede mejorar el VO2 max, ayudando a mantener una edad biológica más baja. Como señaló Andrew Steele en el artículo, es más relevante observar la tendencia a largo plazo de este indicador para centrarse en un resultado.
4. Prueba de audición a altas frecuencias
La capacidad de oír sonidos de alta frecuencia disminuye con la edad debido a la pérdida progresiva de células sensoriales en el oído interno. Aquellos que no detectan frecuencias superiores a 11.000 Hz suelen tener una edad auditiva superior a los 50 años. Además, la pérdida auditiva está asociada a riesgos de aislamiento social y deterioro cognitivo, lo que refuerza la importancia de su detección temprana.

5. Análisis epigenéticos y de sangre
Los métodos más avanzados para medir la edad biológica incluyen relojes epigenéticos como el de Horvath, que analiza modificaciones en el ADN para determinar la velocidad del envejecimiento. Estos análisis pueden predecir riesgos de enfermedad y muerte prematura, pero todavía enfrentan desafíos en cuanto a su utilidad práctica. Mientras que los análisis de sangre permiten estimar la edad biológica mediante marcadores comunes.
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