
El vínculo entre el organismo humano y los microorganismos que habitan el intestino ocupa un lugar cada vez más observado en la investigación científica. En ese ecosistema, conocido como microbiota intestinal, conviven mil millones de bacterias, virus y hongos que intervienen en funciones esenciales como la digestión, la respuesta inmune y el metabolismo energético.
En ese marco, la pérdida de peso dejó de analizarse únicamente desde la dieta o el ejercicio. La información científica indica que el equilibrio de este sistema microscópico también influye en la forma en que el cuerpo procesa los alimentos y regula el apetito.
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Un informe publicado por la revista científica Science Focus reunió hallazgos recientes, la opinión de especialistas y propuso cinco estrategias concretas para mejorar la microbiota y facilitar el adelgazamiento.
1. Ajustar la alimentación según el perfil individual
Uno de los puntos principales radica en la personalización de la dieta. La profesora Sarah Berry, quien lidera investigaciones sobre nutrición y salud cardiometabólica, advirtió a Science Focus: “Nuestra biología no ha evolucionado al mismo ritmo que el panorama alimentario”.
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El ensayo PREDICT analizó cómo responden distintas personas a los mismos alimentos. Los resultados mostraron que los planes nutricionales adaptados a variables individuales, como niveles de glucosa, grasa corporal y composición del microbioma, mejoraron indicadores como el peso corporal y la circunferencia de la cintura frente a recomendaciones generales.
Además, Berry sostuvo que manipular el microbioma a través de la dieta puede tener un impacto directo en los resultados de salud. La evidencia respalda que modificar la alimentación no solo incide en la ingesta calórica, sino también en la estructura del ecosistema intestinal.
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2. Entender el rol del entorno social
La microbiota también se configura a partir del contacto con otras personas. Un estudio liderado por la biotecnóloga Mireia Valles-Colomer analizó miles de perfiles bacterianos y detectó que personas que conviven comparten una proporción significativa de sus microorganismos.
El trabajo sugiere que la transmisión de bacterias ocurre a lo largo de la vida, más allá de la herencia inicial. El microbiólogo de la Universidad de Trento, Nicola Segata, aclaró que la dieta general influye mucho más en nuestro microbioma que la exposición a organismos específicos de otros individuos.
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Desde otra perspectiva, Valles-Colomer planteó: “No deberíamos tener miedo de convivir con una persona obesa” y agregó que los contactos sociales pueden ser beneficiosos para el microbioma de quienes comparten el entorno. Estas observaciones muestran que la interacción social aporta a la diversidad bacteriana.
3. Incrementar la diversidad del microbioma
La diversidad microbiana representa un elemento destacado. Un metaanálisis que reunió datos de más de 2.000 participantes identificó una relación entre la pérdida de peso y el aumento en la variedad de bacterias intestinales.
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El nutricionista y profesor en la Universidad de Oxford, Dimitrios Koutoukidis, explicó que cuanto más peso perdían las personas, mayor era la diversidad de su microbioma intestinal. Este fenómeno se asocia con una mejor función intestinal.

En ese sentido, Koutoukidis agregó en diálogo con Science Focus que “una mayor diversidad podría reducir la permeabilidad intestinal”. De esta manera, disminuye la probabilidad de que compuestos inflamatorios atraviesen la barrera intestinal y afecten órganos como el hígado.
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Entre las bacterias más estudiadas se encuentra Akkermansia muciniphila, asociada con la protección de la mucosa intestinal y la mejora de parámetros metabólicos.
4. Influir en el apetito a través del eje intestino-cerebro
El microbioma también interactúa con el sistema nervioso mediante el eje intestino-cerebro. Algunas bacterias producen compuestos que estimulan la liberación de hormonas relacionadas con el hambre y la saciedad.
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La investigadora del University College Cork, Harriët Schellekens, señaló que estas bacterias pueden estimular la producción de hormonas intestinales que hacen sentir saciedad o hambre.

Estos mecanismos incluyen la producción de ácidos grasos de cadena corta, capaces de influir en regiones cerebrales que regulan la alimentación. La Dra. Schellekens afirmó que la microbiota modula el apetito y los centros de recompensa cerebrales para favorecer alimentos que benefician a su propia composición.
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Este sistema biológico se relaciona con tratamientos farmacológicos empleados en la obesidad, que actúan sobre hormonas vinculadas al control del apetito.
5. Considerar el impacto de hongos y virus
Más allá de las bacterias, el microbioma incluye otros organismos con funciones importantes. Distintos especialistas en microbiota consultados por la revista científica analizaron el papel del micobioma, la comunidad de hongos, y resaltaron que, aunque los hongos son menos numerosos, constituyen una proporción considerable de la biomasa.
Estudios comparativos identificaron diferencias en la composición fúngica entre personas con distintos perfiles de peso. Algunas especies mostraron efectos positivos en modelos experimentales, abriendo nuevas líneas de investigación.
En paralelo, los virus que infectan bacterias, conocidos como bacteriófagos, también forman parte de este sistema. El investigador del Centro Médico de la Universidad de Columbia, Tao Zuo, indicó que aún no hay indicios claros sobre qué virus pueden reducir el peso corporal, aunque remarcó que el equilibrio global del microbioma podría ser más relevante que la acción de una sola especie.
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