
Despertarse cansado después de haber dormido varias horas, quedarse dormido involuntariamente durante el día o pasar noches enteras dando vueltas en la cama son situaciones que muchas personas consideran parte normal de la rutina.
Sin embargo, especialistas en medicina del sueño advirtieron que estos síntomas pueden ser señales de trastornos que afectan la calidad del descanso y que, en numerosos casos, permanecen sin diagnóstico.
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La psicóloga especializada en sueño Sarah Silverman abordó este fenómeno en una columna publicada por The Washington Post, donde señaló que millones de personas conviven con problemas relacionados con el descanso sin recibir tratamiento.
Según explicó, afecciones como el insomnio, la apnea obstructiva del sueño, el síndrome de piernas inquietas y los trastornos del ritmo circadiano del sueño-vigilia suelen confundirse con estrés, agotamiento cotidiano u otros problemas de salud, lo que retrasa su identificación.
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De acuerdo con Silverman, los trastornos del sueño requieren atención médica porque pueden afectar el funcionamiento diario, el estado de ánimo, la memoria y la capacidad de concentración. La especialista señaló que muchas personas normalizan síntomas que podrían indicar la presencia de una afección clínica.
Insomnio: dificultades persistentes para dormir
El trastorno de insomnio se caracteriza por la dificultad para conciliar el sueño, permanecer dormido o despertarse demasiado temprano. Para ser considerado crónico, debe presentarse al menos tres noches por semana durante tres meses o más y generar consecuencias en la vida cotidiana.
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Según explicó Silverman, el insomnio puede manifestarse de distintas formas. Algunas personas tardan más de 30 minutos en quedarse dormidas, mientras que otras se despiertan durante la noche y no logran volver a conciliar el sueño durante largos períodos.

Entre las señales más habituales figuran el agotamiento pese a haber permanecido suficientes horas en la cama, la irritabilidad, los cambios de humor, los problemas de atención y memoria, así como la ansiedad relacionada con la hora de acostarse.
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La especialista indicó que el tratamiento de referencia para esta condición es la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I), aunque en determinados casos también pueden utilizarse otras intervenciones terapéuticas o medicamentos.
Apnea obstructiva del sueño: interrupciones repetidas de la respiración
La apnea obstructiva del sueño ocurre cuando los músculos de la garganta se relajan durante el descanso y provocan un estrechamiento o bloqueo de las vías respiratorias. Como consecuencia, la respiración se detiene temporalmente hasta que el cerebro activa un despertar parcial para restablecer el flujo de aire.
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Este proceso puede repetirse numerosas veces durante una misma noche, fragmentando el descanso y favoreciendo una sensación persistente de cansancio.

Los ronquidos intensos constituyen uno de los signos más conocidos, aunque Silverman aclaró que no todas las personas con apnea roncan. También pueden aparecer sequedad bucal al despertar, dolor de garganta, cefaleas matutinas, somnolencia diurna, dificultades cognitivas, irritabilidad y problemas cardiovasculares.
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La psicóloga destacó que las mujeres suelen presentar síntomas diferentes a los observados con mayor frecuencia en los hombres, lo que contribuye a que muchos casos pasen inadvertidos.
El tratamiento más utilizado es la terapia de presión positiva continua en las vías respiratorias (CPAP), complementada en algunos pacientes con cambios en el estilo de vida u otras alternativas terapéuticas.
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Síndrome de piernas inquietas: una necesidad irresistible de moverse
También conocido como enfermedad de Willis-Ekbom, el síndrome de piernas inquietas provoca una fuerte necesidad de mover las piernas y, en ocasiones, los brazos. El trastorno suele acompañarse de sensaciones molestas como hormigueo, ardor, picazón, dolor o una sensación interna difícil de describir.

Los síntomas aparecen principalmente durante los períodos de reposo y suelen aliviarse temporalmente con el movimiento, los estiramientos o las caminatas.
Esta condición puede dificultar considerablemente el inicio del sueño y provocar somnolencia durante el día, alteraciones del estado de ánimo y problemas de concentración.
Entre las opciones terapéuticas mencionadas por Silverman figuran determinados medicamentos, suplementos de hierro bajo prescripción médica y diversas medidas relacionadas con el estilo de vida, como el ejercicio regular y la reducción de ciertos estimulantes.
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Cuando el reloj biológico no coincide con los horarios sociales
Los trastornos del ritmo circadiano del sueño-vigilia se producen cuando el reloj biológico interno no coincide con el entorno o con los horarios que una persona necesita cumplir.

En estos casos, el problema no radica necesariamente en la calidad del sueño, sino en el momento en que aparece la necesidad fisiológica de dormir. Algunas personas solo logran conciliar el sueño a altas horas de la noche, mientras que otras sienten sueño muy temprano y se despiertan antes del amanecer.
Silverman señaló que estos trastornos suelen confundirse con otras alteraciones del descanso. Entre las señales más frecuentes figuran identificarse como una persona extremadamente nocturna o madrugadora, modificar drásticamente los horarios de sueño durante vacaciones y experimentar dificultades para descansar después de jornadas laborales con turnos rotativos.
Cuando las condiciones lo permiten, la principal estrategia consiste en adaptar las rutinas al ciclo natural de sueño y vigilia. También pueden emplearse tratamientos dirigidos a regular los ritmos circadianos, como la terapia de luz o el uso controlado de melatonina.
La especialista recomendó consultar con un médico cuando los problemas de sueño persisten durante semanas o meses, especialmente si afectan el rendimiento diario. Según indicó en The Washington Post, resulta importante describir con precisión cuándo aparecen los síntomas, cuánto tiempo llevan presentes y de qué manera interfieren con las actividades cotidianas para facilitar una evaluación adecuada.
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