
Los accidentes cerebrovasculares (ACV) continúan entre las principales causas de discapacidad y muerte en el mundo. Aunque tradicionalmente se los asoció con edades avanzadas, especialistas advirtieron que una proporción creciente de casos afecta a personas que atraviesan la mediana edad, una etapa en la que numerosos factores de riesgo comienzan a acumularse.
Frente a esta tendencia, la prevención adquiere un papel central. Expertos consultados por The Telegraph señalaron que alrededor del 90% de los accidentes cerebrovasculares son prevenibles, siempre que se identifiquen a tiempo condiciones como la hipertensión arterial, la fibrilación auricular, el colesterol elevado y otros hábitos vinculados con el estilo de vida.
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Por ese motivo, los años comprendidos entre los 40 y los 60 representan un período decisivo para adoptar medidas destinadas a reducir el riesgo de sufrir esta emergencia neurológica.
Una etapa decisiva para reducir riesgos
Durante décadas, el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular se relacionó principalmente con el paso de los años. Sin embargo, los especialistas observan un aumento de casos en personas que aún no alcanzan la vejez.
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De acuerdo con el Dr. Arvind Chandratheva, factores como la obesidad, el consumo habitual de alimentos ultraprocesados, el sedentarismo y la falta de descanso adecuado contribuyen a esta tendencia.
El especialista también señaló la creciente preocupación por el consumo de drogas recreativas, especialmente la cocaína, debido a sus efectos sobre el sistema cardiovascular.
“La gente teme morir de cáncer. Temen vivir después de un derrame cerebral”, afirmó Chandratheva a The Telegraph, al referirse al impacto que pueden tener las secuelas neurológicas a largo plazo.
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La fibrilación auricular, una amenaza silenciosa
Uno de los aspectos que más preocupa a los médicos es la presencia de factores de riesgo que pueden desarrollarse sin generar síntomas evidentes. Entre ellos figura la fibrilación auricular, el trastorno del ritmo cardíaco más frecuente a nivel mundial.
El cardiólogo Nikhil Ahluwalia explicó al medio británico que “las personas con fibrilación auricular tienen cinco veces más probabilidades de sufrir un accidente cerebrovascular, y la fibrilación auricular causa uno de cada cuatro accidentes cerebrovasculares”.
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La afección puede provocar palpitaciones, mareos, cansancio o falta de aire, aunque muchas veces permanece oculta durante años. Cuando esto ocurre, la sangre puede acumularse dentro del corazón y favorecer la formación de coágulos capaces de desplazarse hacia el cerebro.
Presión arterial y colesterol: los indicadores que no deben ignorarse
La hipertensión arterial continúa siendo el principal factor de riesgo modificable para sufrir un ACV. El problema es que una gran cantidad de personas desconoce que tiene la presión elevada.
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“A partir de los 40 años, conviene controlar la presión arterial al menos dos veces al año, o con mayor frecuencia si parece inestable”, indicó el Dr. Chandratheva a The Telegraph.
El especialista señaló que las lecturas ideales deberían mantenerse por debajo de 120/80 mmHg y advirtió que valores superiores a 140/90 registrados en una consulta médica requieren atención.
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Los controles periódicos también incluyen la evaluación del colesterol, los niveles de azúcar en sangre y el índice de masa corporal. Para los médicos, estos parámetros funcionan como señales tempranas que permiten detectar problemas antes de que se produzcan complicaciones graves.
Alimentación, tabaco y consumo de alcohol
La alimentación ocupa un lugar central dentro de las estrategias preventivas. Los expertos recomendaron reducir el consumo de productos industriales con alto contenido de sal, ya que el exceso de sodio favorece el aumento de la presión arterial.
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En este contexto, la dieta mediterránea aparece como uno de los modelos nutricionales más estudiados. Ahluwalia explicó a The Telegraph que “se ha demostrado que la dieta mediterránea reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares hasta en un 30%”.
El tabaquismo representa otro factor de riesgo ampliamente documentado. El Dr. Chandratheva recordó que los cigarrillos contienen numerosas sustancias capaces de dañar los vasos sanguíneos y favorecer la formación de coágulos.
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Sobre los dispositivos electrónicos para fumar, advirtió que deben considerarse una herramienta para abandonar el tabaco, aunque no están libres de riesgos. Respecto al alcohol, los especialistas aconsejaron limitar el consumo y evitar episodios de ingesta excesiva.
Actividad física y sueño
La práctica regular de ejercicio constituye otro elemento fundamental para disminuir el riesgo cardiovascular. Según Ahluwalia, la clave no radica en una disciplina específica, sino en la constancia. “No existe un único ‘ejercicio’ para prevenir un derrame cerebral; el mejor es el que más disfrutas y que seguirás practicando”, señaló.
Las recomendaciones actuales sugieren acumular al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, incluyendo ejercicios aeróbicos, de fuerza y de flexibilidad.

El descanso también ocupa un lugar cada vez más relevante en la prevención. La falta de sueño se relaciona con aumentos de la presión arterial, alteraciones hormonales y mayores niveles de estrés fisiológico.
Según los especialistas, dormir menos de seis horas por noche de forma habitual se asocia con un incremento del riesgo cardiovascular, por lo que mantener una rutina de descanso adecuada forma parte de las medidas recomendadas para reducir la probabilidad de sufrir un accidente cerebrovascular.
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