Cultivar plantas en casa tiene más impacto sobre la salud mental y digestiva de lo que se creía

Médicos, nutricionistas y educadores culinarios coinciden en que el trabajo con la tierra aporta beneficios concretos sobre la ansiedad, el microbioma intestinal y el vínculo emocional con los alimentos

Guardar
Google icon
Ilustración en acuarela de una mujer rubia con suéter azul, una regadera dorada, plantas en maceta, libros y un ventanal con cortinas.
La jardinería activa rutinas repetitivas que favorecen la calma mental y reducen el estrés (Imagen Ilustrativa Infobae)

La evidencia científica acumulada en la última década señala que cultivar plantas —ya sea en un jardín, una terraza o una maceta en el alféizar— produce efectos mensurables sobre la salud física y mental.

Desde la regulación del sistema nervioso hasta cambios en la composición del microbioma intestinal, la jardinería ofrece beneficios concretos que van bastante más allá de obtener vegetales frescos. Tres especialistas —el médico Robert Davies, la nutricionista Theresa Mazza y la chef ayurvédica Ryann Morris— explican de qué manera esta actividad impacta en el bienestar cotidiano.

PUBLICIDAD

1. Reduce el estrés y la ansiedad

Las verduras que puedes plantar en interior y crecen con facilidad hasta en espacios pequeños  (VisualesIA Scribnews)
El contacto regular con plantas se asocia con mejoras medibles en el bienestar emocional (VisualesIA Scribnews)

Davies explica que la jardinería introduce rutina y ritmo, dos elementos que contribuyen a calmar la mente. Acciones repetitivas como regar, podar o plantar ayudan a interrumpir el ciclo de pensamientos ansiosos.

Un estudio en estudiantes de medicina reveló que dedicar cerca de dos horas semanales al jardín durante dos meses mejoró los síntomas físicos de la ansiedad, entre ellos la presión arterial elevada y la frecuencia cardíaca.

PUBLICIDAD

El respaldo científico es amplio. Una revisión publicada en 2024 en PubMed Central (PMC), que analizó 40 investigaciones sobre jardinería y terapia hortícola, concluyó que la actividad en el jardín produce un incremento del 55% en las medidas de bienestar (IC 95%: 0,23–0,87).

A nivel bioquímico, investigaciones recogidas por PMC demuestran que 30 minutos de jardinería al aire libre reducen los niveles de cortisol de forma más efectiva que pasar el mismo tiempo leyendo en interiores.

Harvard Health señala, además, que incluso una sola sesión eleva significativamente los niveles del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), proteína clave para la memoria y la regulación emocional.

2. Transforma la relación con la alimentación

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Sembrar y cuidar cultivos modifica el vínculo afectivo con los alimentos cotidianos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Morris sostiene que cultivar aunque sea una sola planta cambia por completo la percepción sobre los alimentos. “Dejas de ver la comida como algo que simplemente aparece en el supermercado. La alimentación saludable deja de sentirse como un conjunto de reglas y se convierte en una relación que genuinamente querés cuidar”, afirmó la educadora culinaria.

Esa transformación tiene respaldo empírico directo. Un ensayo clínico controlado y aleatorizado liderado por la Universidad de Colorado Boulder en colaboración con el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), publicado en The Lancet Planetary Health en 2023, midió durante un año los efectos de la jardinería comunitaria en 291 adultos urbanos.

Los resultados mostraron que quienes cultivaron su propio huerto consumieron 1,4 gramos más de fibra al día —un incremento del 7%— frente al grupo control.

La fibra influye sobre el metabolismo, la salud del microbioma intestinal y la susceptibilidad a enfermedades crónicas como la diabetes y ciertos tipos de cáncer.

3. Favorece la digestión y el microbioma intestinal

Dos chefs, uno recolectando hierbas de un jardín vertical y otro cortándolas en un plato sobre una mesa, contra una pared de ladrillo blanco.
Estudios recientes relacionan el cultivo doméstico con un mayor consumo de fibra diaria (Imagen Ilustrativa Infobae)

Mazza señala que los jardineros tienden a incorporar mayor variedad de frutas, verduras y hierbas frescas, lo que favorece un microbioma intestinal más diverso.

Un estudio publicado en Scientific Reports comparó la composición bacteriana fecal de familias jardineras frente a las que no lo son, y encontró que las primeras presentaron mayor diversidad microbiana, mayor diversidad filogenética y más abundancia de bacterias fermentadoras de fibra.

Los investigadores detectaron incluso microorganismos del suelo en las muestras fecales de los jardineros, lo que sugiere una transferencia directa entre el ambiente del jardín y el ecosistema intestinal.

A esto se suma el componente físico: cavar, desmalezar y cosechar son actividades de intensidad leve a moderada que estimulan la musculatura del tracto digestivo. El estudio de The Lancet Planetary Health confirmó que los jardineros aumentaron su actividad física en aproximadamente 42 minutos semanales, equivalente al 28% de la actividad recomendada por las autoridades sanitarias.

El Mayo Clinic Health System también señala que el tiempo al aire libre mejora la función digestiva e incrementa los niveles de oxígeno en sangre.

4. Construye resiliencia, propósito y sentido de pertenencia

Cuidado de plantas suculentas
La diversidad del microbioma intestinal aumenta con dietas más variadas en frutas, verduras y hierbas frescas (Freepik)

Davies describe que el trabajo en el jardín puede ofrecer una mayor sensación de pertenencia a quienes experimentan desconexión o agotamiento por la rutina. Un estudio de 2021 publicado en PMC midió la resiliencia mental de jardineros frente a una comunidad en línea y encontró que mostraron niveles significativamente más altos en regulación emocional, confianza y pensamiento positivo.

La dosis semanal más eficaz se situó entre una y cuatro horas. La Royal Horticultural Society (RHS) del Reino Unido, con datos de más de 6.000 personas, reveló que quienes jardinean a diario tienen puntajes de bienestar un 6,6% más altos y niveles de estrés un 4,2% más bajos que quienes no lo hacen.

Morris lo ilustra con su propia experiencia: hace cuatro años plantó una pequeña semilla de guanábana. “Quizás este sea el año; quizás no. Pero mientras esperaba, ese árbol ya me dio mucho”, señaló la chef.

Cómo empezar

Primer plano de manos sosteniendo una pequeña planta de jazmín con flores blancas, preparándola para plantar en tierra oscura. Una pala de jardín está en el suelo.
El trabajo de huerto suma actividad física leve a moderada que acompaña procesos digestivos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los tres especialistas coinciden en que no se requiere espacio ni experiencia previa. Davies recomienda comenzar con una maceta en el alféizar o una planta de tomate en un recipiente. Mazza propone cultivar primero lo que ya forma parte de la dieta habitual.

Morris sugiere combinar una planta de ciclo corto —como los rábanos— con otra de maduración lenta, para experimentar distintas escalas de tiempo. Davies aconseja dedicar entre 5 y 10 minutos diarios a interactuar con las plantas. “No se necesita perfección; solo una interacción constante con algo que crece y está vivo”, concluyó el médico.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD