
La salmonella es una bacteria que puede poner en riesgo la salud de toda la familia a través de alimentos de consumo cotidiano. Desde carnes y huevos hasta frutas, verduras y productos procesados, la presencia de este microorganismo obliga a extremar cuidados en la cocina.
Identificar las fuentes más frecuentes de contaminación y aplicar medidas preventivas resulta clave para evitar una intoxicación que puede ser especialmente peligrosa en niños pequeños, personas mayores y quienes presentan un sistema inmunitario debilitado, advirtió la doctora Jessica Lum, especialista en enfermedades infecciosas de Cleveland Clinic.
Alimentos de mayor riesgo y vías de transmisión
La salmonella puede estar presente en una amplia variedad de productos alimenticios. Identificar los alimentos de mayor riesgo y conocer las recomendaciones para su correcta manipulación es fundamental para prevenir la intoxicación.
1. Huevos
Los huevos constituyen otro alimento de alto riesgo. La salmonella puede encontrarse en la cáscara sin lavar o en el interior. La doctora Jessica Lum, especialista en enfermedades infecciosas de Cleveland Clinic, señala: “Cocine el huevo hasta que la clara y la yema estén firmes”. También advierte que los platos con huevo no deben permanecer a temperatura ambiente más de dos horas, o más de una hora si la temperatura supera los 32 ℃ (90 ℉).

2. Carnes rojas y aves
Las carnes rojas y aves representan los grupos de mayor riesgo. Animales como vacas, cerdos y pollos pueden ser portadores naturales de la bacteria, que se transfiere a la carne durante el sacrificio o por una manipulación inadecuada. Los especialistas de Cleveland Clinic recomiendan:
- Sellar y almacenar la carne cruda por separado.
- Refrigerar a 4 ℃ (40 ℉).
- Utilizar utensilios distintos para cada tipo de alimento y así evitar la contaminación cruzada.
- Cocinar las carnes molidas a 71 ℃ (160 ℉) y las aves a 74 ℃ (165 ℉).
3. Mariscos
Los mariscos, incluidos crustáceos como cangrejos, langostas y camarones, pueden contaminarse por contacto con aguas inseguras o durante la manipulación. Según Lum, la opción más segura es consumir mariscos completamente cocidos y evitar los productos crudos, como el ceviche. Además, destaca: “Por razones similares, siempre recomendamos no beber agua cruda para evitar infecciones bacterianas”.

4. Lácteos sin pasteurizar
El riesgo de contaminación permanece elevado en los productos lácteos sin pasteurizar —quesos, yogures y helados elaborados con leche no pasteurizada—. La pasteurización elimina bacterias peligrosas como la salmonella, por lo que consumir productos pasteurizados es esencial, remarcan los expertos de Cleveland Clinic.
5. Frutas, verduras y brotes frescos
Frutas, verduras y brotes frescos pueden ser foco de contaminación si se cultivan en suelos contaminados o se riegan con agua de baja calidad. Los especialistas aconsejan: “Leer las etiquetas, comprar frutas y verduras en fuentes confiables y lavarlas a mano antes de consumirlas”.
6. Harina y productos procesados
La harina también es vulnerable, ya que puede contaminarse durante el procesamiento; comer masa cruda implica un riesgo. Otros alimentos procesados, como nuggets de pollo, salchichas, cereales, sopas y productos congelados, pueden albergar la bacteria si han estado expuestos a fuentes contaminadas.

Cleveland Clinic advierte que cualquier alimento puede convertirse en vehículo de transmisión si entra en contacto con superficies, utensilios o manos no limpias. Mantener una higiene estricta en la manipulación y preparación es clave para reducir el riesgo de intoxicación.
Cómo se transmite la salmonella
Las formas más habituales de contagio incluyen el contacto con heces de animales, la contaminación cruzada, el consumo de alimentos poco cocidos y el uso de utensilios o superficies sucias. Extremar la limpieza de manos antes y después de manipular alimentos y mantener las superficies limpias es fundamental para la prevención.
Los niños menores de cinco años, las personas con sistemas inmunitarios debilitados y los adultos mayores de 50 años conforman los grupos más propensos a enfermar. “Los niños menores de cinco años, especialmente los recién nacidos, las personas con sistemas inmunitarios debilitados y los adultos mayores de 50 años son más susceptibles a la intoxicación por Salmonella”, advierte la doctora Lum.

Entre las principales medidas preventivas figuran separar y almacenar correctamente los alimentos, lavar frutas y verduras a mano, y cocinar todos los productos de origen animal a las temperaturas adecuadas. No debe lavarse el pollo crudo para evitar que la bacteria se disperse en la cocina.
Como precaución adicional, los especialistas sugieren evitar el consumo de agua no potable y observar medidas de seguridad al viajar, incluidas las recomendaciones sobre la vacunación contra la fiebre tifoidea en zonas de alto riesgo.
Una higiene estricta en la preparación y conservación de los alimentos constituye la mejor defensa frente a la salmonella y permite reducir de manera notable el riesgo de intoxicación, concluyen los expertos de Cleveland Clinic.
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