
Comer fruta forma parte de los hábitos recomendados para una alimentación saludable, pero persiste una pregunta habitual: ¿conviene consumirla antes o después de la comida?
Esta duda puede provocar elecciones equivocadas al planear la dieta diaria. Abordar los mitos y aclarar los efectos reales del consumo de fruta en distintos momentos del día ayuda a tomar mejores decisiones para la salud y el bienestar.
¿En qué momento del día se debe consumir la fruta?
“No existe ninguna evidencia que comer fruta en un momento del día o en otro va a tener un distinto efecto en el organismo. En el contexto de una alimentación saludable y de la población general, se puede comer en cualquier momento del día: en desayuno, almuerzo, merienda o cena o como una colación.”, aseguró a Infobae la Licenciada en Nutrición y miembro de la subcomision científica de la Sociedad Argentina de Nutrición, Silvina Tasat.
Y agregó una advertencia: “Si hablamos de personas que pueden tener algún tipo de patología, como puede ser una insulinorresistencia o una diabetes, hay que cuidar el consumo en cantidad de fruta para no se superen las tres frutas al día por la cantidad de fructosa, que es un azúcar que tiene una absorción más rápida. Quizás en esos casos se debería no comerla aislada en un momento del día donde no haya ningún otro alimento, porque sino ingresa a la sangre más rápidamente”.

Por su parte, expertos de la Clínica Universidad de Navarra subrayan que el momento en que se consuma la fruta no cambia su aporte de nutrientes. La experta aclara: “La fruta aporta la misma energía, cantidad de agua, fibra, vitaminas, minerales, antioxidantes e hidratos de carbono por la mañana, por la noche, antes de comer o como postre. Por lo que, se trataría más de un tema cultural”.
Además, destaca que la decisión de comer fruta antes o después puede estar guiada por costumbres y preferencias, y que lo importante es no dejar de consumirla a diario para mantener una dieta saludable.
Impacto de la fruta en la digestión y el azúcar en sangre
Tasat desmitificó la creencia sobre posibles dificultades digestivas al comer frutas junto con otros nutrientes: “¿Influye en la digestión? Absolutamente no. Tenemos un aparato digestivo que está preparado y adaptado para consumir los tres macronutrientes principales que consumimos, que son los hidratos de carbono, las proteínas y las grasas, y poder metabolizarlos sin ningún tipo de problema”.
La experta sostuvo que comer fruta tras una comida puede aportar saciedad y concluir el momento alimentario: “Las frutas son las golosinas de la naturaleza. Sentimos que se cerró el momento de la alimentación y no estamos después buscando otra cosa dulce como puede ser un chocolate, una golosina o un snack para terminar de cerrar ese sabor dulce en la boca”.

En cuanto al impacto sobre la glucosa, explicó que “tiene distinto impacto en la glucosa en sangre consumir una fruta de forma aislada que comerlo junto con otros alimentos que pueden tener proteínas o grasas”.
Según detalló, las frutas con mayor contenido de agua, como la sandía y el melón, “tienen poca cantidad de hidratos de carbono, pero al estar dispersos en muchísima agua, su absorción es muy rápida y el impacto en la glucosa en sangre es mucho más elevado”.
Por eso, Tasat recomienda “comer las frutas enteras, y las que se puedan, con cáscara”, ya que esto mejora tanto el impacto glucémico como los beneficios sobre la salud digestiva debido a la cantidad de fibra. En este sentido, coincide con recomendaciones de la Clínica Universidad de Navarra, que subraya la importancia de priorizar la pieza entera para aprovechar mejor sus nutrientes.
Recomendaciones clave para el consumo de fruta
La inclusión diaria de fruta es considerada clave en guías alimentarias nacionales e internacionales. La recomendación son tres frutas por día o el equivalente, que son 450 gramos de frutas variadas, de estación y regionales, según Tasat.
La nutricionista aclaró que la estacionalidad tiene importancia, ya que “en invierno prevalecen los cítricos porque lo que más necesitamos es reforzar nuestro sistema inmune”, mientras que en verano “tenemos frutas con mucho más contenido de agua” que ayudan a mantener la hidratación. Esta variedad responde, según la experta, a “la sabiduría de la naturaleza”.

Las evidencias científicas acompañan estas pautas. The Nutrition Source de Harvard indica que “una dieta rica en frutas y verduras puede bajar la presión arterial, reducir el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares y prevenir algunos tipos de cáncer”. La Cleveland Clinic agrega que frutas como arándanos, manzanas y naranjas sobresalen por su fibra y antioxidantes.
Por lo tanto, lo fundamental es incorporar la fruta de manera diaria y variada, priorizando las de estación, las formas enteras y eligiendo diferentes tipos y colores para asegurar una cobertura completa de nutrientes y beneficios.
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