En 1996, la oveja Dolly nació como el primer mamífero clon a partir de una célula adulta. Poco después, la clonación de ratones mostró que también era posible reproducir a otras especies de mamíferos a través de la técnica de transferencia nuclear
Después de más de tres décadas de investigaciónes, quedaba la duda de si esa técnica permitiría mantener una especie sin reproducción sexual. Científicos de Japón publicaron un estudio en la revista Nature Communications y revelaron que la clonación serial de ratones tiene un límite.
Aunque los clones parecían sanos, las mutaciones dañinas se acumularon con cada generación y, tras 58 rondas, la técnica dejó de funcionar.

Así, los resultados sugieren que la reproducción sexual aparece como esencial para la supervivencia genética de los mamíferos.
El trabajo lo realizaron Sayaka Wakayama, Daiyu Ito, Rei Inoue, Masatoshi Ooga, Masaaki Toshishige, Yasunari Satoh, Hirosuke Shiura, Takashi Kohda, Arikuni Uchimura y Teruhiko Wakayama, con participación de la Universidad de Yamanashi, la Universidad Azabu, la Fundación para la Investigación de los Efectos de la Radiación en Hiroshima y la Universidad de Osaka, en Japón.
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Copias que encuentran su techo

La clonación consiste en tomar el núcleo de una célula de un animal y colocarlo en un óvulo al que se le extrajo su propio núcleo.
El óvulo, ahora con el ADN del animal donante, se desarrolla hasta formar un nuevo individuo genéticamente idéntico.
Esta técnica se usó para estudiar enfermedades, rescatar especies en peligro y mejorar animales de granja.
En el experimento en Japón, los científicos usaron una hembra de ratón de tres meses como donante original. A partir de ahí, clonaron sucesivas generaciones. Siempre usaron células de la hembra más reciente para obtener la siguiente.

El proceso se repitió durante veinte años y alcanzó la generación 58. Sumó más de 30.000 transferencias nucleares.
En las primeras 25 generaciones, los clones nacían con tasas de éxito estables. A partir de la generación 27, la tasa de nacimientos bajó y después de la generación 40, el descenso fue abrupto.
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Según los científicos, “la tasa de mutaciones llegó a ser casi tres veces mayor que en los ratones mantenidos por reproducción sexual”.
Un ciclo con final anunciado

Los análisis genéticos mostraron que, con cada generación, aumentaban las mutaciones en el ADN. En la generación 58, todos los clones murieron poco después de nacer.
Los científicos observaron grandes alteraciones cromosómicas, como la pérdida de un cromosoma X y translocaciones entre cromosomas.
También detectaron que las placentas de los clones eran anómalas, aunque esto no impidió su desarrollo hasta etapas avanzadas.

Para saber si el daño era reversible, cruzaron clones de generaciones finales con ratones normales. Los descendientes tuvieron placentas normales y recuperaron la fertilidad.
En el laboratorio, los técnicos usaron óvulos de hembras jóvenes para reducir el daño en el ADN y lograron mantener la salud de los clones durante muchas generaciones.
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Sin embargo, la acumulación de mutaciones dañinas fue inevitable. El trabajo comprobó que el colapso genético ocurre, tal como anticipa la teoría del trinquete de Muller.

El estudio también explica que los problemas de la clonación en mamíferos no aparecen en plantas o animales simples porque ellos pueden reproducirse asexualmente sin acumular tantas mutaciones.
En cambio, los mamíferos dependen de la reproducción sexual para “barajar” el ADN y limpiar errores.
Un destino para cada copia

El experimento mostró que los clones podían vivir hasta dos años y conservar su fertilidad, pero la línea se extinguió por las mutaciones.
“Nuestro estudio aporta la primera demostración empírica de que el colapso mutacional, como predice el trinquete de Muller, realmente puede ocurrir en mamíferos”, afirmaron los investigadores.
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Admitieron que solo pudieron analizar a los clones que nacieron vivos y no a los embriones que murieron antes. Además, todo el trabajo se realizó bajo condiciones de laboratorio muy controladas, sin presión ambiental ni patógenos.
Así, la clonación permite comprender mejor los límites biológicos de los mamíferos, pero reafirma que la reproducción sexual es indispensable para la supervivencia a largo plazo.

En diálogo con Infobae, Adrián Mutto, investigador en clonación y director del Laboratorio de Biotecnologías Aplicadas a la Reproducción y Mejoramiento Genético Animal de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), comentó: “Los resultados son interesantes, pero que hay considerar que se trata de un experimento en el que se clonaron ratones durante 58 generaciones en el laboratorio. Eso no es lo más frecuente en clonación. Por supuesto, coincido con que la reproducción sexual resulta indispensable para eliminar mutaciones y mantener la viabilidad genética de los mamíferos”.
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