
Tanto la Argentina como Brasil podrían estar ingresando en un ciclo de menor producción, aunque no necesariamente de menores exportaciones. En un contexto de sólida demanda internacional combinada con una oferta escasa, los técnicos del Rosgan entienden que ambos países intentarían equilibrar la distribución entre la demanda interna y la exportación, con el fin de aprovechar el buen momento que atraviesa el mercado global de carnes y avanzar en la reconstrucción de sus respectivas ganaderías.
Por lo pronto los dos esperan la decisión de China respecto de la investigación sobre las importaciones de carne vacuna que Beijing inició hace meses, y cuya resolución fue postergada para enero próximo. La Argentina y Brasil tienen una alta dependencia de este mercado asiático y la larga espera en cuanto a la definición de las autoridades chinas mantiene un clima de tensión entre sus proveedores de carne vacuna.
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Lo cierto es que ante la notable demanda externa, es probable que —con o sin crecimiento productivo— los volúmenes embarcados por nuestro país registren un aumento moderado en 2026, en detrimento del consumo interno, según indican desde el Rosgan. De hecho, el USDA proyecta un incremento del saldo exportable argentino del 6,5% anual, alcanzando las 810 mil toneladas equivalentes, que llevado a nuestros números implicarían una exportación cercana a las 960 mil toneladas. Algo similar podría ocurrir en Brasil, principal productor mundial de carne vacuna y fuerte competidor de Argentina como proveedor regional.

De acuerdo con datos oficiales, entre enero y noviembre de este año la Argentina faenó un total de 12,4 millones de cabezas, un 2% menos que en 2024, obteniendo 2,880 millones de toneladas de carne, lo que representa una caída del 0,5% respecto del mismo período del año anterior. Se indica que faltando los datos de solo un mes para completar el ciclo anual, es muy probable que nuestro país cierre 2025 con una faena total cercana a 13,6 millones de cabezas y una producción estimada en torno a los 3,150 millones de toneladas, apenas un 1% menos que en 2024, gracias a una mejora significativa en los pesos medios de res.
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De este total, se estima que la exportación termine utilizando entre 880 y 900 mil toneladas equivalentes, alrededor de un 5% menos que un año atrás, frente a la caída del 10% proyectada por el USDA. Para el próximo ciclo, es probable que el nivel de faena continúe restringido, pudiendo incluso registrar disminuciones superiores a las observadas este año si gana terreno la retención de hacienda. Pero, aun manteniendo un nivel de faena similar, es factible que la producción total de carne aumente levemente debido al sacrificio de animales más pesados, una tendencia que ya comenzó a observarse durante este año.
Precisamente, en el marco del Congreso Ganadero del Rosgan, Miguel Schiariti, presidente de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), llamó a recomponer el stock de madres, y llevar a los animales terminados a pesos de faena superiores a los actuales, lo cual podría ofrecer unas 600 mil toneladas de carne adicionales. “Hacen falta créditos accesibles para ir por este cometido, pero no puede dejar de destacarse la vocación de este gobierno por evitar las prohibiciones, que tanto ha sufrido la ganadería en otras épocas”.
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En cuanto a Brasil, este año estaría alcanzando un nuevo récord de exportación. Según cifras oficiales, hasta fines de noviembre el país había exportado un total de 2,8 millones de toneladas de carne vacuna, un 19% más que en 2024. Respecto de 2026, la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab) anticipó una caída en la producción bovina, proyectando alrededor de 10,89 millones de toneladas, lo que representa una disminución del 4,6% respecto del año anterior. Esta reducción se atribuye principalmente a la mayor retención de hembras destinada a la reconstrucción del stock.
El punto es que incluso con esta reducción, el informe de la Conab sostiene que las exportaciones de carne bovina podrían mantenerse en niveles elevados, en torno de los 4,3 millones de toneladas, lo que representaría un nuevo récord para el país. Como es habitual, esta estimación no concuerda con los números del USDA. Si bien ambos organismos coinciden en proyectar una caída anual del 5% en la producción —ubicándola en 11,7 millones de toneladas, fundamentalmente debido a una menor faena de hembras—, sus cálculos difieren en materia de exportaciones.
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Mientras la entidad brasileña anticipa un nuevo récord, el USDA prevé que los envíos externos disminuirán levemente, pasando de 4,25 a 4 millones de toneladas anuales como consecuencia de la menor oferta disponible. Por cierto, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos debió corregir su estimación de exportaciones para 2025 en nada menos que 500 mil toneladas, por lo que no resulta extraño pensar en una posible subestimación de la capacidad de respuesta que mantiene este gigante del comercio mundial.
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